ESCAFANDRA

Hitler ganó la guerra: Walter Graziano

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En Hitler ganó la guerra (Editorial Sudamericana, Buenos Aires 2004) el economista argentino Walter Gustavo Graziano plantea una hipótesis histórica: que al finalizar la II Guerra Mundial (1939-1945) los grandes empresarios de Gran Bretaña, Estados Unidos (EE.UU.), Holanda y Alemania que financiaron a Adolfo Hitler fueron quienes realmente obtuvieron el triunfo político, económico y científico-tecnológico al final de esa contienda. Integrado con 35 ensayos, el libro de Graziano denuncia la existencia de un grupo oligárquico multinacional que desde finales del siglo XIX y la I Guerra Mundial (1914-1918) ha perseguido la globalización de la economía mediante el dominio de negocios estratégicos dedicados a la explotación de combustibles (petróleo, electricidad, carbón, energía atómica), banca y finanzas, laboratorios farmacéuticos, armamentos, educación (universidades) y medios de comunicación.

El grupo está formado por las familias reales de Inglaterra y Holanda y los herederos de los clanes empresariales Rothschild, Rhodes (Inglaterra), Krupp (Alemania) y los Rockefeller, Harriman, Morgan, Loeb, Lehman, Warbeg, Bush, Carnegie y Caryle (Estados Unidos), que se dedican a los rubros estratégicos arriba citados. Cuando esta mafia descubrió a Hitler se abocó a apoyarlo, cultivarlo, llevarlo al poder y lanzarlo contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), a fin de frenar el avance del socialismo.

La relación entre nazis alemanes y estadounidenses se detectó públicamente en 1930, cuando la oligarquía de EE. UU. organizó en Nueva York un Congreso de Higiene Mental, cuyo objetivo fue replicar la Conferencia de Aberraciones Mentales e Higiene Racial que los nazis alemanes habían realizado en 1928.

En esa ocasión los ideólogos y científicos nazis viajaron a EE. UU. en la Hamburg American Line, propiedad de los Walker Bush. La inteligencia gringa se enteró además que Henrick Himmler, el jefe de la SS

(Gestapo) recibía fondos de la Standard Oil (Rockefeller); que en 1933 Averel Harriman y Prescott Bush (padre y abuelo de George W.H. y George W. Bush, futuros presidentes de EE. UU.) enviaron fondos a los nazis través de Wall Street y que la petrolera Standard Oil y la empresa alemana I. G. Farben tenían una fábrica química que elaboraba gas letal Cyclon-B, el cual se usó en el campo de concentración de Auschwitz.

En octubre de 1942, poco después de que EE. UU. entró a la II Guerra Mundial, el expresidente Franklin Delano Roosevelt, al tanto de los grandes apoyos en dinero, petróleo, armas y acero que los nazis recibían de los principales empresarios de su país, se vio precisado a aplicar Ley sobre los que comercian con el enemigo a fin de incautar las acciones del Unión Banking Corporation (UBC), propiedad de Prescott Bush y W. Everel Harriman; las fábricas de armas Holland American Trading Co. y Seampless Equiptmen Co. (dirigidas por el UBC) y las acciones de la acerera Silesian American Co. (encabezada  P. Bush y su suegro George Walker).

Una vez derrotado el ejército alemán, desaparecido el máximo bufón nazi y sepultados los más de 50 millones de soldados que murieron en la II Guerra Mundial –concluye Graziano– los únicos ganadores fueron los Rockefeller, Rothschild, Morgan, Krupp, Harriman, etcétera, cuyos herederos  continúan hoy en el poder global gracias a la más reciente de sus promociones (años 80): el modelo económico neoliberal.