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Reportaje
Una política laboral negativa para las mujeres mexicanas
Las mujeres mexicanas dedican en promedio casi 40 horas semanales extras en labores del hogar y cuidado de los hijos, trabajo por el que no reciben salario.


Las mujeres mexicanas dedican en promedio casi 40 horas semanales extras en labores del hogar y cuidado de los hijos, trabajo por el que no reciben salario. En la economía actual, es el precio que están obligadas a pagar, pues de no hacerlo, su ingreso familiar disminuiría drásticamente. El Estado, por su parte, ha sido condescendiente y se ha limitado a promover la “igualdad laboral”, “apoyos para las mujeres” y “reformas constitucionales para reducir la brecha salarial”.

Sobre las espaldas de miles de mujeres mexicanas recae el cuidado de los hijos, de adultos mayores y tareas del hogar. La desigualdad laboral se evidencia en el hecho de que ellas tienen que realizar estas actividades y trabajar para ayudar a la economía familiar. La desventaja se acentúa, pues sus ingresos económicos son menores comparados con los de los hombres.

Además, un alto porcentaje de mujeres se inserta en la economía informal debido a que les brinda una mayor flexibilidad para el cuidado de los hijos y las labores del hogar; sin embargo, esta situación las coloca en un mayor riesgo y vulnerabilidad frente a un despido injustificado, sin acceso a la seguridad social en caso de enfermar, y en promedio carecen de un sistema de guarderías y ingresos menores.

“A lo largo de la vida laboral es menos probable que una mujer acceda a posiciones de mando. Esto se debe a que no existe un sistema de cuidados universal, por lo que el desarrollo profesional de las mujeres no ocurre en igualdad de circunstancias como el de los hombres. Por lo tanto, la brecha salarial se va ampliando con el tiempo, sobre todo en el mercado laboral informal –donde más mujeres trabajan– cuando hay niños en casa”, destacó el informe Mercado laboral y género, elaborado por la organización México, ¿Cómo Vamos?.

La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) presentada en agosto del año pasado, reveló que las mujeres mexicanas dedican en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico y a los cuidados no remunerados. Estas cifras “equivalen a casi una jornada laboral y duplican el tiempo que dedican los hombres –de apenas 18.2 horas–. Esta brecha de género de 21.5 horas impacta en su participación sobre el mercado laboral remunerado”.

Otro dato identificado por la encuesta consistió en que la población general de 12 años y dedicó en promedio 59.6 horas semanales al trabajo doméstico, de las cuales las mujeres trabajaron 61.1 horas y los hombres 58. En este caso, la brecha de género corresponde a 3.1 horas a la semana; en otras palabras, las mujeres dedican más tiempo al trabajo doméstico respecto a los hombres. Las entidades federativas con mayores diferencias en el tiempo total de trabajo entre mujeres y hombres fueron Oaxaca –con 8.4–, Guerrero y Nayarit –con 7.1, en ambos casos–. En el opuesto, la brecha fue menor en Quintana Roo –con 0.4 horas– y Yucatán –0.2 horas–. “Estas brechas indican que el tiempo promedio fue mayor para los hombres que para las mujeres. Tabasco tuvo una brecha de género de 0.1 horas”, según el Inegi.

María de los Ángeles Bejarano Cervantes, de 45 años, es un ejemplo de la mujer trabajadora en México: de lunes a sábado es encargada de un negocio de materiales para la construcción en el municipio de Chimalhuacán, en el Estado de México; tiene la ventaja de vivir cerca de su lugar de trabajo, por lo que ni el tráfico vehicular ni el mal servicio del transporte público le afectan para llegar a tiempo. Es divorciada y madre de dos adolescentes, uno de 17 años y una pequeña de 12, por lo que, además del “sueldo seguro semanal” recibido por su trabajo en la casa de materiales, debe realizar otros “trabajos”: elabora piñatas “personalizadas” cada que alguien le solicita, cose vestidos de 15 años, bautizos, bodas, primera comunión, etc., ya que aprendió el oficio de la costura desde muy pequeña, lo que le ayuda a obtener ingresos extra para el sostenimiento de su familia.

“Hoy tenemos que buscar diferentes entradas de dinero; de otra manera no alcanza y menos teniendo hijos. Entonces, en mi caso, tengo el trabajo fijo, pero también me dedico a estos trabajos por mi cuenta. Una como madre tiene esta responsabilidad; es difícil porque, de buenas a primeras, toda la carga es para una, pero, al final del día, creo que nuestros hijos son el motor de todos los días”, sentenció ante buzos.

El hecho de que la mujer disponga de un trabajo estable no garantiza percibir un buen sueldo. Durante 2025, las mujeres mexicanas ganaron en promedio 20 por ciento menos que los hombres, según reporta el informe Desigualdades laborales entre hombres y mujeres en México, de BBVA Research; las mujeres trabajaron, además, siete horas menos debido a la “carga de cuidados y tareas domésticas”.

El 63 por ciento de las mujeres inactivas reconoció los quehaceres domésticos como causa de exclusión laboral. “La maternidad reduce ingresos y horas trabajadas. Las brechas salariales disminuyen a mayor nivel educativo”, añade el informe que, además, estima que las mujeres en México dedican un promedio de 331 minutos diarios –casi seis horas– al trabajo no remunerado, comparado con los 131 minutos de los hombres; lo que representa una diferencia de más de 200 minutos. Esta brecha supera significativamente el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), para la que las mujeres dedican 256 minutos y los hombres 135.

“Respecto al tiempo usado en trabajo no remunerado, que incluye las labores domésticas, las compras, el cuidado de niños y adultos, los desplazamientos relacionados con las actividades del hogar y otras formas de trabajo no remunerado, México se ubicó como el país con la mayor carga para las mujeres”, añade el documento. En países como Suecia, Dinamarca o Noruega, los hombres participan más activamente en estas tareas, lo que contribuye a reducir el abismo de género; en contraste con países como Turquía, Portugal, México e Italia, que presentan las mayores brechas.

Desigualdad, un problema estructural 

En el municipio de Nezahualcóyotl vive María de los Ángeles Hernández, de 25 años, es divorciada y tiene un hijo de cinco años, dejó su trabajo de enfermera particular que tenía fuera del municipio y optó por abrir un local de jugos y desayunos en un mercado cercano a su casa para “estar más tiempo” con su hijo. Gracias a ese empleo dispone de más tiempo para dedicarlo a su hijo: llevarlo al kínder y realizar las labores de su casa, reportó a buzos. Como ella, muchas mujeres son conscientes de que deben trabajar para llevar un ingreso extra a sus hogares y apoyar a sus familias.

Por otro lado, en México se arraigó durante años la idea de que la mujer es quien debe realizar las labores del hogar y el cuidado de los hijos; lo que ha repercutido, según las estadísticas, en que la carga de las labores domésticas no sea remunerada para las mujeres. Aunque se ha justificado como un “asunto cultural”, tiene repercusiones en la economía de las familias, sobre todo en las labores efectuadas por las mujeres.

Sin embargo, aunque las generaciones actuales se integran más al trabajo doméstico, todavía representa un obstáculo para el desarrollo femenino.

Mónica Orozco, fundadora y directora de la asociación civil GENDERS e investigadora externa del Centro de Estudios Espinoza Yglesias, advirtió que cada vez más hombres jóvenes participan en las labores del hogar, pero, desafortunadamente, prevalece la idea de que las mujeres deben cuidar a los hijos y efectuar los quehaceres del hogar.

El más reciente informe de movilidad y cuidados reflejó que la participación de las mujeres en el mercado laboral es de alrededor del 45 por ciento, comparado con los hombres, que corresponde al 75 por ciento: una brecha del 30 por ciento, subrayó la especialista.

“Esto en parte se está transformando; los hombres empiezan a cuidar a sus hijos, también le están entrando al cuidado de sus propios padres, es decir, tienen cada vez más responsabilidad; pero esto requiere una estrategia liderada desde el Estado, en la que deben participar empresas y la sociedad civil para reducir estas desigualdades en el cuidado de los familiares; es necesario para abatir estas desigualdades y promover estos cambios que deben ir más allá de la legislación; se requieren políticas públicas”, refirió Mónica Orozco en entrevista con buzos.

La especialista comentó que la desigualdad laboral se reflejó, durante 2025, en que el 76 por ciento de las mujeres dedicó más tiempo al cuidado de los hijos y el trabajo doméstico, lo que evidencia que el porcentaje resulta elevado comparado con los hombres.

La investigación Movilidad social y cuidados, un vínculo inseparable, publicada a principios de este año y de la que Mónica Orozco es coautora, señala que las tareas del cuidado tienen “consecuencias y costos económicos y sociales; además, reproducen las desigualdades socioeconómicas y de género con efectos negativos para las personas… particularmente, las restricciones económicas de los hogares y la falta de un sistema de cuidados provocan que quienes enfrentan condiciones especiales experimenten mayores necesidades insatisfechas”.

Sin embargo, la desigualdad de ingresos entre hombres y mujeres tiene su explicación en la política económica imperante en México, donde la mujer se encarga del trabajo doméstico, la informalidad y salarios menores, más que en el ámbito cultural, como lo han presentado los gobiernos en turno y los empresarios

Políticas insuficientes vs la desigualdad laboral

El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha destacado su política a favor de la mujer en una frase: “llegamos todas”; pero en los hechos, no se ha cumplido. Diversos colectivos, entre ellos de madres buscadoras y voces de especialistas, han evidenciado el abandono de la mujer.

Para sumar apoyos femeninos, el actual gobierno creó la Secretaría de la Mujer, área enfocada en el “empoderamiento” de éstas y en garantizar la “igualdad de género”. Sin embargo, la instancia se ha utilizado políticamente en vez de cumplir sus objetivos.

Durante el primer año del gobierno actual, entre otras “políticas” aplicadas para apoyar a las mujeres, se desarrollan “reformas” constitucionales para una “vida sin violencia de la mujer” y para garantizar la paridad de género. En varios foros públicos se ha anunciado la entrega de pensiones para mujeres mayores de 60 años, a madres de familia, recursos disponibles para “mujeres emprendedoras” y becas para niñas que cursan la educación básica. Sin embargo, en palabras de especialistas, estas políticas en poco han ayudado para resolver el problema de la desigualdad laboral entre hombres y mujeres. Al respecto, Axel Eduardo González, coordinador de datos de la organización México, ¿Cómo Vamos?, explicó que indicadores como ingreso salarial de las mujeres, falta de seguridad social, menos horas laboradas en trabajos estables y una mayor informalidad, muestran que las políticas públicas no funcionan.

“Se han articulado ciertas políticas al respecto, pero no tienen la profundidad necesaria que se requiere; para que tengan algún impacto, ya sea en la participación laboral de las mujeres o en la reducción de la informalidad, que es uno de los grandes pendientes, se necesita un criterio en términos presupuestales y articular un sistema de cuidados para que las mujeres puedan insertarse en el campo laboral; porque ahora están en un sistema de labores no remuneradas y deben incorporarse con la finalidad de incrementar sus ingresos”, explicó a buzos.

Desde su perspectiva, para reducir la brecha laboral entre hombres y mujeres debe aplicarse una política enfocada en reducir la preponderancia de las mujeres sobre tareas concretas, en labores no remuneradas y que las limitan para incorporarse al mercado laboral. Sumado a la implementación de un sistema de cuidados intensivos que permita a las madres encargar a sus hijos mientras trabajan y reducir la informalidad laboral.

Sobre este punto, Mónica Orozco argumentó que la falta de servicios para la mujer, es decir, espacios como instancias infantiles, centros de cuidados intensivos para hijos o adultos mayores, ha ocasionado que el gobierno ya no invierta unos 250 mil millones de pesos anuales que “al no tener la inversión del gobierno, estamos haciendo como sociedad que las mujeres deban invertir un equivalente a este monto; y además, es importante porque normalmente son las mujeres con percepciones más bajas”.

María de los Ángeles Hernández no sabe mucho de políticas públicas, apoyos para las mujeres y otros “beneficios”; tampoco millones de mujeres mexicanas que se encuentran en esa misma situación; pero lo que sí tienen claro es que deben trabajar y educar a sus hijos. 

 


Escrito por Trinidad González Torres

Maestro en Periodismo Político por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García.


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