Cargando, por favor espere...

Reportaje
Invasión o mayor injerencia: escenarios México-EE. UU.
México aparece como suculento botín estratégico.


México lucha por preservar su margen de soberanía ante la escalada multidimensional estadounidense que presiona por el control de recursos. Tan agresiva es la intromisión, que algunos temen la invasión o mayor intrusión.

En 204 años, la relación México-Estados Unidos (EE. UU.) se ha sostenido en un andamiaje que oscila entre la presión y la diplomacia de contención. EE. UU. nos invadió en dos ocasiones (1846-48 y 1914); fuimos sus aliados en la Segunda Guerra Mundial, en la Guerra Fría y, desde 1994, ambos protagonizamos una profunda interdependencia comercial.

Ese delicado balance pasó de la responsabilidad compartida a la política de fricción-amenaza de Donald Trump, quien desplegó contra México una presión multidimensional político-económica y mediático-judicial, que agudizó la percepción de una invasión inminente.

Esa política de abierta confrontación se explica por el desafío a la geopolítica de la declinante potencia representada por la emergencia de actores globales de gran peso y un nuevo orden multipolar.

Ese contexto adverso permea en la celebración de 250 años de que EE. UU. dejó de ser colonia británica. Paradójicamente, la aún potencia bélica llega a ese hito histórico como actor global que somete a varios países a una lógica neocolonial. Por esa visión, que va con despliegue de fuerza, declinó su prestigio global.

Además, EE. UU. conmemora su independencia con la economía en dificultades y un presidente que roza el 65 por ciento de rechazo entre su población. A seis meses de la elección legislativa, Donald Trump no tiene un logro qué exhibir a su base MAGA (Make America Great Again).

Por ello, México aparece como suculento botín estratégico. Los sucesos de los próximos seis meses determinarán el futuro de la relación bilateral, admiten mexicanólogos en EE. UU. y americanólogos en México.

Tentación e injerencia

En su segundo mandato, el empresario desplegó implacable presión contra el gobierno de Claudia Sheinbaum: exigió más seguridad fronteriza, mayor control migratorio y desarticular a las mafias de la droga, incluso con su Ejército actuando en nuestro país.

La fricción aumentó el seis de mayo cuando, en alusión a nexos del narcotráfico con políticos, Trump amagó: “¡Los vamos a encontrar y los vamos a matar!”. Se vivía el efecto de la acción de la Agencia Central de Inteligencia, contraria a la Constitución, bajo amparo del gobierno de Chihuahua.

El punto de inflexión surgió el 31 de mayo, cuando la Presidenta llamó a defender la soberanía nacional, a no tolerar la injerencia extranjera que la convierta en el gran elector de México y a rechazar que la derecha opte por el fracaso del país.

Desde el Monumento a la Revolución, Sheinbaum Pardo atribuyó esa fricción a “ciertos sectores” de la derecha de EE. UU. que impiden una relación de respeto entre ambos países. Denunció esto tras informar las cifras récord en inversión extranjera, la semana laboral de cuarenta horas y avances en programas del Bienestar.

Aguijones y abrazos

Resulta proverbial la tentación estadounidense de mostrar su poderío militar sobre México y el mundo. Tanto así que, en enero de 2025, The Economist creó el “Índice de Riesgo Trump” con varios niveles de peligro; a México le asignó el negro –con 71 puntos de 100–, pues sufriría más el impacto de la nueva gestión del magnate.

La revista Rolling Stone publicó el artículo El equipo de Trump debate: ¿Cuándo deberíamos invadir México?, con charlas en Mar-A-Lago sobre esa amenaza. Y por esos días, el académico Carlos Pérez Ricart preveía tal posibilidad.

El Ejecutivo de EE. UU. reiteró su opción de fuerza sobre México en dos principios: su Estrategia de Seguridad Nacional “Estados Unidos Primero” y la llamada Doctrina Donroeque reinterpretó el ideario “América para los americanos”, de James Monroe (1823).

Así perfiló su política exterior al dominio absoluto del continente. Y aguijoneó a México cuando exigió mayor seguridad fronteriza, combate total –incluso armado– contra mafias mexicanas con énfasis en frenar al fentanilo. Para allanar la vía militar, el jefe adjunto de la Casa Blanca, Stephen Miller, las llamó “narco-terroristas”, con una caracterización semejante a la de Al Qaeda.

En su enfoque agresivo, Trump usa al Departamento de Justicia para activar el lawfare.El vicefiscal adjunto Akaash Singh instó a usar leyes antiterrorismo para procesar a funcionarios mexicanos, como el gobernador con licencia Rubén Rocha y otros más.

Y la prensa corporativa trabaja lateralmente desinformando sobre falsos retiros de visa a funcionarios del partido del Gobierno Federal. Entretanto se aplicaron aranceles progresivos a México que, a su vez, debió aplicar gravámenes –de entre el cinco y 100 por ciento– a mil 400 productos de China, India, Vietnam y Surcorea.

Pese a esa coerción, autoridades estadounidenses admiten que prospera la cooperación en temas clave. Avanzó sin crispación la primera ronda del Tratado México-EE. UU.-Canadá (T-MEC), liderada por el embajador Jeff Goettman, con 60 empresarios y congresistas bipartidistas. La segunda ronda será en Washington, el 16 de junio.

También progresa la relación de seguridad, gestionada entre otros, con el Acuerdo Entendimiento Bicentenario, que reemplazó a la Iniciativa Mérida. También fluye con el Comité Ejecutivo Bilateral México-EE. UU., incluso con el Comité Empresarial Bilateral.

La sorpresa llegó el tres de junio, en voz del secretario de Seguridad Nacional de EE. UU. Markwayne Mullin, quien declaró ante la Cámara de Representantes estar “muy impresionado” por la cooperación con México; y afirmó: “hemos visto cifras récord en captura de capos” y 90 por ciento menos en cruces ilegales.

Mullin remató: “México cree en defender su soberanía, debemos respetar eso”. Parecía responder al secretario de Estado, Marco Rubio, quien el dos de junio advirtió, ante el Senado, que los drones en manos de las mafias de México son un peligro para EE. UU.

También rebatía a Hegseth quien, el 27 de mayo, exigió a México combatir frontalmente al narcotráfico “para evitar una intervención directa”. Aun así, el excomentarista de televisión reconoció los esfuerzos de las Secretarías de Defensa y Marina de México.

El gran reconocimiento al gobierno mexicano provino del embajador Ronald (Ron) D. Johnson, quien celebró los avances en su comunicado: Un año de resultados a través de la fuerte cooperación US-México, donde estima: “Nuestra cooperación está dando resultados concretos para la seguridad, la prosperidad y el bienestar de ambas naciones”, si bien, queda mucho por hacer.

Refiere que las detenciones en la frontera binacional alcanzan mínimos históricos en 55 años, con 95 por ciento menos detenciones diarias que en el gobierno anterior; y agregó que México aumentó las incautaciones, mientras que en EE. UU. se redujeron en 50 por ciento, por lo que hubo 35 por ciento menos muertes debido al fentanilo.

Johnson cita otros éxitos: México extraditó a 96 personas y 92 están en custodia de EE. UU., como cuatro de los 10 fugitivos más buscados por la Oficina Federal de Investigación. Ese trabajo de alto nivel “sigue dando resultados tangibles, evitando finanzas ilícitas y desmantelando estructuras del narcotráfico”.

Concluye que, en un año, aumentó 125 por ciento la incautación de armas (36 mil), incluidas cuatro mil 359 que habrían armado a organizaciones criminales en México. “Se avanzó más en el Tratado de Aguas de 1944 que en una década”, además del esfuerzo conjunto contra la mosca barrenadora. En resumen, un abrazo diplomático.

 

 

Entrevista a Jair Aguilar, experto en América del Norte y Cooperación Internacional de la UNAM.

 

buzos (b).-¿Ve, en el corto plazo, un escenario más agresivo hacia México desde EE. UU.?

Jair Aguilar (J. A.).- En el corto plazo no es una posibilidad. Por la relación que ambos sostienen en este momento. México continúa siendo un socio estratégico para EE. UU. en un año que ha sido complicado para ellos, como se vio en la audiencia del Secretario de Estado Marco Rubio, donde debía justificar la intervención en Irán.

La vista está puesta en ese conflicto: cómo no ha dado resultado en los tiempos previstos y cuando se aproximan las elecciones de medio tiempo.

Por eso, particularmente en el corto plazo, México no es la prioridad, aunque sí es una vía para salvar la imagen del gobierno, no en una agresión a gran escala como en Venezuela o Irán, que implicaría pérdidas económicas y la interconexión entre los gobiernos.

b.- Si gana la línea dura, ¿qué formas adoptaría: invasión, lawfare o mayor injerencia?

J. A.- No es el mejor momento; y aunque habría más presión política para el Partido Republicano, no están dadas las condiciones para una intervención abierta. La relación entre ambos gobiernos se mantiene con mucho nivel y tacto.

Sí vemos el lawfare con la empresa Vulcan Materials Company, que se explica con ataques hacia gobiernos locales y subnacionales, con denuncias de no respetar los derechos humanos o de romper acuerdos con empresas al “frenar”; es una manera de ir atacando.

Algunos gobiernos subnacionales justifican su cooperación con el exterior para obtener ventajas y ganar ante la visión estadounidense de política estratégica, pragmática y siempre geopolítica, como indicó Marco Rubio.

Previo a ver una intervención a nivel militar, observaríamos un amplio ataque mediático –hacia América Latina, no a México– como fue la expresión de Trump de “los aliens”. Cuando cambia el discurso mediático y se dirige al gobierno mexicano, a la Presidencia, empezaríamos a medir otro pulso más concreto en ese contexto.

b.- ¿Es un escenario esquizoide? En un día, Hegseth amenaza por el narcotráfico, Trump afirma que el T-MEC va y Ron Johnson celebra la cooperación.

J. A.- La forma esquizoide se evidencia con un personaje muy fácil de analizar como Trump y cada miembro de su gabinete. Vi un estudio del Centro para la Democracia de Bulgaria, que ve a América Latina como el punto de interconexión entre los “ejes del mal” (Rusia y China).

Eso se utiliza para difundir que cada Estado sería una vía de entrada para la producción de estupefacientes provenientes de China o el traslado de armas que Rusia financia; pero EE. UU. no reconoce que el 68 por ciento del arsenal de las mafias en México viene de su país.

Justifican eso con estudios “científicos” y “académicos” que influyen en la toma de decisiones llevadas al Senado y Congreso estadounidenses, que asignan presupuesto para responder a tales acciones.

He escuchado que la preocupación no radica en que la Presidenta haga algo mal, sino que los drones que lanzan entre sí las mafias “pueden afectar a los drones estadounidenses”. Eso evidencia que sus drones están en nuestro territorio.

Sobre cooperación recordemos que, en México, cada proyecto de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) atendía las necesidades estadounidenses y se convertía en una herramienta de control político, social y económico donde operaban. Busca el financiamiento a industrias y sectores estratégicos para obtener recursos, materias primas y cierto control geopolítico y estratégico.

b.- ¿El freno a la USAID aumentó la presión hacia México? Con la Fundación Nacional para la Democracia (NED, en inglés), fue expulsada de Cuba, Rusia, Bolivia y Venezuela por su injerencia.

J. A.- Con el corte de la USAID se eliminó el softpower (poder suave), que funcionó con alto grado de eficacia, pues se aplica con la construcción del “sueño americano”. Ahora, EE. UU. refuerza el hardpower a través de sanciones económicas, o condiciona su ayuda en momentos de crisis hacia algunos países.

Ya no es la cooperación que mantenía la visión y política de EE. UU. en otros países; se redireccionan presupuestos con medidas más eficaces y reducción de costos; Elon Musk hizo eso.

Por eso, hasta el momento, las acciones de EE. UU. no se ven de manera frontal, sino que buscan intermediaciones para actuar y va con gobiernos estatales. El riesgo es que alguno que tenga algún conflicto con la Federación busque el apoyo estadounidense sin consultar y que ingresen sus tropas, armamento o financiamiento local. La probabilidad es reducida. Todo dependerá de la coordinación entre los gobernadores y el Gobierno Federal.

b.- ¿EE. UU. insistirá en que sus agentes actúen en México e incluso comanden operaciones en nuestro territorio?

J. A.- ¿Es factible? Sí. ¿En que probabilidad? Por el desgaste económico de EE. UU., la probabilidad se reduce en el corto y mediano plazo. En este momento, toda la cooperación pasa por el Comité de Seguridad Binacional, por la cooperación estratégica bilateral.

Sin embargo, será importante el resultado de las elecciones intermedias y que el próximo año nos acercaremos a otro nivel federal, donde puede reactivarse esa condición en EE. UU. donde se busque mayor colaboración o un proceso de intervención justificada en México.

b.- ¿Cómo se presentarán el tres de noviembre los republicanos y MAGA, si no tienen logros qué mostrar a sus electores? 

J. A.- Por supuesto que se dimensionará en términos de números: en cómo se combate el narcotráfico por las 200 lanchas eliminadas, cuánta droga dejó de entrar y se relacionará con el tema migratorio para justificar que se desarrollan acciones.

Necesitan tomar decisiones distintas para justificar ese proceso, porque, en la narrativa, se verá lo sucedido en Venezuela; ahí hay muchos elementos que aún no salen a la luz y que saldrán; también se observará la relación de Trump con China y Rusia, así como la migración ilegal, a la que se destina mucho presupuesto y que se redujo de abril de 2025 a 2026.

b.- Ante esa presión, ¿México ha usado o no sus fortalezas estratégicas?

J. A.- Es muy importante entender cómo funcionan los dos países. Si en EE. UU. se piensa en forma pragmática y geoestratégica, en México se toman los valores del Humanismo Mexicano con la normatividad en la Constitución –que ha sido una base sólida para tomar decisiones– y, a la vez, un pragmatismo mexicano.

Considero que gran parte de las decisiones respecto de EE. UU. se han tomado muy adecuadamente y cómo se han llevado y sostenido las relaciones políticas con el exterior, incluso diversificando las fuentes de ingresos y financiamiento.

Así como la forma en que se mantienen los vínculos con América Latina para consolidar los principios y que, por el contrario, en ocasiones, en EE. UU. se contradicen. México, en cambio, no se contradice, es bastante claro y sostiene tales principios ante países, instancias y organismos internacionales y los lleva a la mesa.

Esos grandes elementos de contraste permiten ese nivel de seguridad. México está usando todas las de la ley, todas las del libro y esos elementos lo dejan en una posición de bastante seguridad.

Entrevista A Miguel A. Jaimes, geopolitólogo Venezolano

EE. UU. siempre se ha sentido con derecho de agredir, amenazar a México y manejarse sin respetar las relaciones internacionales. Por ello, los escenarios pueden variar, la mayoría son delicados y podrían ir hacia caminos extremos.

Desde el principio, Donald Trump mostró expresiones de machismo contra la Mandataria mexicana. En el mismo tono fueron sus declaciones contra Venezuela, al punto del enfrentamiento personal contra Nicolás Maduro, que causó un asalto armado, asesinó a civiles y destruyó objetivos militares.

 

 

Tras lo ocurrido en Venezuela y sus consecuencias que ha enfrentado todo el mundo, sentimos que la agresión contra México, muy directa, se comparaba a la de Colombia, con la narrativa del narcotráfico.

Pese a ello, el Estado mexicano ha actuado de forma muy prudente; sobre todo con la captura de algunos capos en la zona de Yucatán. Esta narrativa le sirve para armar cualquier escenario de penetración en México.

Ya lo ha hecho, algunos aviones han sobrevolado su espacio aéreo y hay una gran presencia de militares y organismos de seguridad encubiertos, porque a EE. UU. le interesa el país por su cercanía.

Recuérdese que hace más de un siglo, toda la línea de Centroamérica que comunica y une al Atlántico y al Pacífico por Panamá fue la justificación para que EE. UU. desarrollara ‒bajo presión y amenazas‒ un gran control sobre la región que le permitió adueñarse de áreas que eran de México.

Esto tiene peso geopolítico y geoestratégico porque es su vecino y no nos sorprendería verlo invadido por el Ejército estadounidense. Recuérdese que en el Golfo de México descansan más de 500 mil barriles de crudo; Obama y Biden lo sabían y querían explotarlos.

Recordando la historia, fue el contraalmirante Alfred Thayer Mahan quien creó la doctrina de la Armada moderna estadounidense y justificó la toma del Caribe con un gran cuerpo militar para controlar el Golfo de México. Ahí nació su perspectiva sobre el Canal de Panamá, años antes de su construcción.

Por eso Trump retoma la idea del Golfo de América, con el Caribe y la diatriba contra Cuba, Barbados y Venezuela, donde asesinó a más de 130 personas y secuestró al presidente. La estrategia norteamericana en la región significa que los dos océanos les deben pertenecer, y de ahí su especial atención.

Eso justifica la narrativa de EE. UU. sobre agresiones, movilización de tropas y bombardeos. Hoy le incomoda no tener el movimiento de tropas como en Medio Oriente; ahí están sus bases, desde donde desplaza su fuerza y se abastece; son muchas las que ha destruido Irán.

También está la base de Stuttgart, la más armada; el Africom y la de Afganistán, que movió para presionar a China. Lo hace para dominar militarmente regiones, así es como actúa la Organización del Tratado del Atlántico Norte con gobiernos serviles a sus intereses, pues no tienen intención de gobernanza seria.

Eso quieren hacer en América Latina, porque no conciben otro camino deseable que no sea el de la guerra, que es un big negocio.

Volviendo al caso de México, no debemos olvidar que, para EE. UU., Petróleos Mexicanos es muy importante. Hace más de un siglo se hizo la toma y captura del petróleo bajo violencia extrema, como reseñó Bruno Traven en su novela La Rosa Blanca. Y cuando EE. UU. desarrolla la guerra del petróleo, con actitudes y formas violentas, en 1938, por presión del pueblo, se nacionalizó la industria petrolera. 


Escrito por Nydia Egremy

Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.


Notas relacionadas

A la fecha, seis de cada 10 trabajadores en activo no alcanzan una pensión laboral digna al jubilarse después de un cuarto de siglo de trabajo.

Lo que hoy atestiguamos en los campos de futbol no es más que una manera de sacar rédito, de multiplicar inversiones y de acumular capital.

Para hacer frente a los peligros que se ciernen sobre México no basta con hacer llamados abstractos a la unidad nacional para la defensa de la patria, sino verdaderamente trabajar en la educación y organización del pueblo.

La violencia, la inseguridad, las protestas de las madres buscadoras, de la CNTE, de estudiantes, agricultores, etc., seguirán durante 2026 mostrando que en México no hay un gobierno diferente.

La experiencia mexicana muestra que la IED no ha sido motor del crecimiento económico ni de la productividad.

¡Gianni Infantino, Donald Trump: el futbol no les pertenece!

El gasto promedio de los visitantes internacionales cayó a niveles no vistos desde 2021.

El 30 por ciento se ve obligado a abandonar la escuela y 57 por ciento se desempeña en actividades peligrosas.

En el marco del Mundial 2026, colectivos denunciaron presuntos actos de hostigamiento, cercos policiales y estigmatización contra colectivos de búsqueda; exigen al Gobierno garantizar el derecho a la protesta.

Se espera que el consumo de este producto disminuya en 14 por ciento este año.

El costo de la Canasta Básica Alimentaria aumentó por encima de la inflación general.

El Gobierno Federal ha destinado más de cuatro mil 500 millones de pesos para obras y preparativos relacionados con el torneo

El próximo jueves los mexicanos enfrentarán a Corea del Sur.

El indicador se ubicó en niveles similares a los observados durante la pandemia de COVID-19.

El organismo ajustó sus expectativas ante señales de desaceleración e incertidumbre comercial.