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Para los floricultores de Tenancingo, en el Estado de México, el éxito o fracaso de la producción depende de su creatividad y sacrificio, no de la política o de las ayudas gubernamentales, como lo evidencian ellos mismos. Y es que ya no reciben diversos apoyos desde el inicio de la actual administración de Delfina Gómez.
El Edomex es el mayor productor nacional de flores, con 78.7 por ciento; seguido de Puebla, con 673 mil gruesas –equivalente a 12 docenas de flores–; y Morelos, con una producción de 616 mil. El resto es principalmente aportado por Jalisco, Ciudad de México, Guerrero, Hidalgo y Oaxaca.
A decir de Javier Jesús Ramírez Hernández y Jéssica Alejandra Avitia Rodríguez. investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), “es posible delimitar la región productora de flores a 10 municipios de la región sur del Edomex; aunque en realidad son tres municipios (Villa Guerrero, Tenancingo y Coatepec de Harinas), los que representan al 85.74 por ciento de la actividad florícola según la superficie cultivada y el 94.25 por ciento de dicha actividad según el valor de la producción; comúnmente se le ha denominado como el corredor florícola”.
Del total de producción de flores, 9.5 millones de gruesas corresponden únicamente a los diversos colores de rosas; en palabras de don Jerónimo Martínez, productor de flores en el municipio mexiquense de Tenancingo, entre el 70 y 80 por ciento, aproximadamente, son rojas.
Los tres municipios señalados como los mayores productores de flores se encuentran bajo la supervisión de la VI Delegación Regional de Desarrollo Agropecuario, dependiente de la Secretaría del Campo (Secampo) del Estado de México, con sede en Tenancingo; es la encargada de canalizar los apoyos gubernamentales para la producción agropecuaria.
Sin embargo, desde la perspectiva de los floricultores, el apoyo que presumen tanto la gobernadora mexiquense como la Presidenta de la República son pura propaganda, no existen.
Los dirigentes campesinos Saúl Alva y Jerónimo Martínez coincidieron en señalar que no existe algún programa que apoye a los productores, sentir que también manifestaron vendedores al por menor en el mercado de flores de Tenancingo. La Secampo y la Secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) son las instituciones encargadas del desarrollo agropecuario mexiquense.
Por la parte federal, el trabajo se realiza a través de 14 oficinas, ocho Distritos de Desarrollo Rural y seis Centros de Apoyo al Desarrollo Rural (CADER); por la parte estatal, la Secretaría del Campo en este estado posee 11 delegaciones regionales de Desarrollo Agropecuario.
Un “enjambre” de funcionarios que comprobamos, en compañía del líder social Saúl Alva, en la oficina de un directivo de la Secretaría del Campo, cuyo nombre omitimos por razones de seguridad, presume la entrega de maquinaria, fertilizantes y asesoría; “nada de eso hay”, lamentó el líder campesino, “el poco fertilizante que conseguimos proviene de algunas autoridades municipales”, denunció; y las asesorías que nos dan son de ingenieros que vienen directamente de Chapingo; de los funcionarios no obtenemos gran cosa.
Sembrando Vida, Producción para el Bienestar, Precios de Garantía, y el nuevo programa Cosechando Soberanía, son algunos de los programas que el gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) promociona y celebra como éxitos de su gestión; la realidad desmiente las optimistas cuentas de los funcionarios de la Sader, como de la Secampo.
Apoyo económico para la compra de tractores, fertilizante subsidiado, apoyo con sistemas de riego, construcción y mantenimiento de los caminos “sacacosechas”, programas de empleo temporal para limpieza de caminos, desazolve de presas, precios de garantía y Procampo son únicamente algunos de los programas de los que eran beneficiados los campesinos antes de la llegada de Morena al Gobierno Federal, que fueron cancelados con el pretexto de corrupción, como lo documentó la organización de la sociedad civil ETHOS, desde abril de 2024.
La floricultura en Tenancingo
Ubicado en el sur del Edomex, éste es un municipio con una importante actividad económica, de las que destacan tres, con signo distintivo: en primer lugar, la floricultura; en segundo lugar, al municipio se le conoce como “la cuna del rebozo” y la producción de esta tradicional prenda femenina compite con Santa María del Río, en el norteño estado de San Luis Potosí; y en tercer lugar, por el “obispo”, un embutido altamente valorado por la gastronomía mexiquense, del que se consideran los creadores.
La floricultura llegó primero a Villa Guerrero: “fue en este municipio, entre 1950 y 1960, donde el cultivo de flores comenzó a crecer; esta actividad resultó muy atractiva para varias familias japonesas, como los Matsumoto, Muriyama, Simishu, Nagamini, Yamagushi, Yukota, Kawabata, Sato, Hito y Ushio, entre otras… el cultivo de flores se estableció como una de las tareas básicas y fundamentales de los municipios vecinos alrededor de Villa Guerrero, como fue el caso del pueblo de Santa Anita, en el municipio de Tenancingo”, se lee en El origen y conformación de una región florícola en el Edomex, escrito por Jesús Castillo Nonato, Alan Noé Jim Carrillo Arteaga y David Iglesias Piña.
Los primeros cultivos sólo abarcaban rosas, gladiolas y claveles; hoy es común encontrar una gran variedad de flores.
Villa Guerrero es un municipio que colinda al poniente con Tenancingo; ahí, don Vicente Martínez, un productor de flores al mayoreo que, en medio del empaque de las gerberas, su principal producto, cuenta a este semanario que “fue en la década de los cuarenta cuando emigrantes japoneses llegaron a este municipio e iniciaron la floricultura. La rosa fue la primera flor que empezaron a cultivar y comercializar, le siguieron el clavel y la gladiola; es a finales de los años ochenta del siglo pasado, cuando aparecieron en Tenancingo los primeros floricultores que iniciaron con la comercialización y, posteriormente, el cultivo y cosecha de muchas variedades”.
Originario de Michoacán, don Vicente narra que fue por los años sesenta cuando empezó el cultivo de flores, en San Jerónimo, alcaldía Magdalena Contreras, en la CDMX, antes Distrito Federal, cuando esa zona era famosa por sus cultivos frutales y florales, “fue ahí donde aprendí el cultivo de la zarzamora y de las flores”.
Al llegar a Tenancingo, sólo había tres floricultores, de los que sólo recuerda que una señora de Villa Guerrero llegó a comercializar la flor en este municipio, “ella no era productora, sólo la vendía, su hermano cultivaba las flores”.
El rebozo todavía se produce ahí, aunque en cantidades cada vez menores, dado el desuso de esta popular prenda; El obispo aún satisface el gusto de comensales que aprecian ese platillo, pero los millonarios ingresos obedecen a la producción de flor.
Según el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), de la Secampo, en su reporte con cierre a 2023, los ingresos municipales por la producción florícola, ascendieron a mil 247 millones de pesos, entre las flores cultivadas destacan las rosas y los crisantemos, seguidos de gerberas y gladiolas; aunque la producción abarca muchas más.
Los productores de flores percibieron importantes ingresos; en 2024, las ventas de rosas alcanzaron 507 millones de pesos (mdp); crisantemos, 400 mdp y por la comercialización de gerberas obtuvieron 117 mdp. En el extranjero, sus principales clientes se encuentran en Estados Unidos (EE. UU.) y Canadá.
En cuanto a los mercados nacionales, los primeros son el Mercado de Flores Xochiquetzal y el de Mercado de la Flor Santa Ana Ixtlahuatzingo. En la CDMX, sus principales clientes se encuentran el Mercado de Jamaica y en la Central de Abasto (Ceda).
Rosas, crisantemos y gerberas les dan vida a los pobladores
No todos los productores poseen recursos para la edificación de los invernaderos. El costo de un invernadero de mil metros cuadrados oscila entre los 450 y 500 mil pesos, de acuerdo a las cotizaciones de la empresa especializada en la construcción de invernaderos “Al Natural, agricultura en México”, el precio se incrementa considerablemente por la introducción de sistemas de aireación y riego, además de la compra del fertilizante y los insumos necesarios para la germinación de las plantas y su comercialización.
Jerónimo Martínez, además de representar a sus vecinos, debe levantarse a las dos de la mañana, cargar su camioneta, llevar las gruesas de rosas al mercado municipal, el Xochiquetzal, y esperar a los compradores. Para el corte y empacado de las rosas cuenta con unos cinco trabajadores y el apoyo de familiares. Su vecino, Vicente Martínez, también tiene que empacar, en este caso gerberas, su principal producto, en compañía de unos diez trabajadores, además del apoyo que le brinda su familia; levantarse en las primeras horas de la madrugada también es parte de su vida.
Los productores más modestos sólo construyen túneles de unos cien metros cuadrados con materiales de la región y pequeñas extensiones de siembra. El costo de estos pequeños invernaderos alcanza los dos mil pesos; la cosecha es bastante modesta, sus plantas no poseen los insumos que les garanticen una buena cosecha. En estos invernaderos, el trabajo es totalmente familiar, no hay recursos para invertir en invernaderos más grandes y contratar trabajadores; no poseen recurso ni cuentan con el apoyo institucional, aquí se siente más la injusticia en el campo mexicano.
Luis Fernando Millán Fuentes y Marina Vázquez son pequeños vendedores. A diferencia de los que exportan o venden su producción en contenedores o en camionetas, el primero apenas cuenta con poco más de media hectárea, donde siembra rosas; mientras él vende, su familia se encarga de la siembra y cosecha.
En cambio, Marina sólo comercializa las flores que le surten sus consignatarios. No hay un compromiso económico fijo, les paga conforme las va vendiendo; y si no salen, se las regresa. Tiene muchos años trabajando de esa forma; así que sus “proveedores” le encomiendan su mercancía y la base del compromiso es la confianza.
Los cuatro entrevistados de esta historia coincidieron en destacar que no hay apoyos gubernamentales; ninguno de ellos ha recibido o ha sido testigo de la entrega de algún apoyo que los actuales gobiernos estatal y Federal han anunciado. Extrañan los programas desaparecidos, como Procampo, Empleo Temporal o el fertilizante subsidiado.
Marina, ya entrada en años, revela: “no pido nada regalado, pero un crédito con pocos intereses nos ayudaría a invertir, a mejorar nuestro local, a comprar más flores”, también denunció la falta de apoyo del gobierno municipal para mejorar la infraestructura del mercado Xochiquetzal: “dicen que no tienen recursos; pero si ellos cobran lo de los baños, ¿dónde está ese dinero?”.
Este reportero fue testigo de las dificultades del directivo de la oficina del VI Distrito de Desarrollo Agropecuario, con asiento en Tenancingo, para reportar el paradero de 200 apoyos, que aumentaron cuando uno de sus subordinados le informó que eran 400; luego, un tercer empleado, coordinador de la entrega, declaró con desparpajo que los recursos entregados habían beneficiado a mil 200 ciudadanos. Cuando se cuestionó los nombres de los beneficiarios, ninguno atinó en algún nombre.
Ésa es la realidad en el campo mexiquense, Tenancingo sólo es un ejemplo de la falta de apoyo gubernamental al campo. Los millonarios ingresos que recibe este municipio no derivan de la acción gubernamental; más bien son producto del esfuerzo realizado por los productores para mantener a una familia.
Las flores, el principal producto de este municipio, da sustento a miles de familias y provocan los sentimientos más hermosos a la humanidad: felicidad, alegría e impresión positiva. Sin duda, los floricultores merecen otro trato.
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Escrito por Alejandro Torres
Colaborador.