El mandatario brasileño propuso que ambas empresas trabajen para producir petróleo en el Golfo de México.
Cargando, por favor espere...
El petróleo, pilar de la civilización contemporánea, hoy es usado como estrategia geopolítica por el gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) contra China, coloso tecnológico-comercial, pero “un pigmeo” en el área energética; su control definirá la política hacia el resto del siglo.
La guerra unilateral que EE. UU. y Occidente desataron contra Irán es un recurso político- militar desesperado para consolidar su dominio sobre el Oriente Medio y superar la resistencia antihegemónica de muchas naciones.
El imperialismo corporativo de Occidente intenta perpetuar su dominio sobre los bienes energéticos con acciones espectaculares como el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, el colapso eléctrico de Cuba y el bombardeo genocida en la República Islámica de Irán.
A partir del 28 de febrero, estas prácticas neocoloniales han reconvertido al Medio Oriente en “un teatro sangriento” donde, desde los Siglos XIX y XX, compañías europeas y estadounidenses extraen energía fósil y han convertido a esos territorios en su coto de caza.
La respuesta militar iraní se perfiló contra las refinerías, instalaciones energéticas y bases de EE. UU. instaladas en los países árabes vecinos; su resultado logró trastocar mundialmente la cadena de suministro de crudo y gas.
Al inicio de la cuarta semana de la agresión contra Irán, las bolsas de valores y los precios de combustibles escalaron, según los índices Brent (Europa), WTI y RBOB (EE. UU.). Toda la producción de gas se desaceleró cuando Qatar, el primer productor de Gas Natural Licuado (GNL), detuvo sus exportaciones.
El efecto del conflicto para México resulta positivo por el alza en el precio del barril de petróleo crudo, pero tal ventaja es de corto plazo porque la crisis tendrá un impacto inflacionario en otros servicios y bienes –entre ellos las gasolinas aún importadas– y en la volatilidad del tipo de cambio.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) evalúa el conflicto como el generador de la mayor disrupción en el suministro en la historia del mercado petrolero mundial, porque Europa y Asia tuvieron que dosificar sus reservas y buscar alternativas energéticas.
Con la operación Furia Épica, EE. UU. no sólo busca controlar y lucrar con los hidrocarburos de la nación persa, sino toda la energía fósil del planeta. Sin embargo, en sólo cuatro semanas, la ventajosa ofensiva israelí-estadounidense contra Irán aumentó el nivel de riesgo global al volver más difícil el acceso de otras naciones al petróleo y el gas del Medio Oriente.
La región, que por largo tiempo escenificó múltiples conflictos debido al petróleo, es central para los intereses del imperialismo; pero hoy, en su afán por controlar las reservas iraníes, ha mostrado sus límites, apunta el analista Gilbert Achcar.
Por ello, la Casa Blanca ha quedado sola en esta aventura. Salvo el régimen israelí, sus demás aliados formales decidieron no acompañarlo. Reino Unido, Alemania, Francia y Australia declararon que “no es su guerra”.
Temen que los rebase el alza de precios. El Brent superó los 115 dólares por barril y luego bajó, aunque algunos estiman que tal reacción sería la estrategia de EE. UU. para reordenar el mercado energético y reemplazar el crudo y gas iraníes con sus combustibles fracking.
La superpotencia bélica se guía con la consigna de su presidente: Drill, drill, baby! (¡Perfora, perfora nena!); con ella invoca la Ley de Producción de Defensa para perforar en la costa oeste –que rechaza California– y anunció que construirá una refinería, la primera en 50 años.
Con estas medidas en el interior y sus atracos a Estados petroleros en el exterior, Donald Trump intenta saciar la sed de energía de su país, cuya enorme dependencia de hidrocarburos lo volvió inseguro.
Por ello, es importante observar que, si en el ámbito militar el conflicto creado por él parece inclinarse a su favor, en el escenario económico se inclina hacia Irán. Aunque sus ataques fueron efectivos sobre la capacidad productora y exportadora iraní, es muy difícil que pueda sostenerlos largo tiempo.
En cambio, Irán es consciente de que la economía mundial no podrá soportar el costo del desabasto energético global. El conflicto ya impactó directamente a unos 22 Estados y amaga con extenderse. En resumen, Donald Trump hundió a EE. UU. en una crisis petrolera histórica; para enfrentarla, debería retornar a la política que tanto desprecia, acota el analista Nitish Pahwa.
Ningún país parece a salvo de esta crisis creada por Trump y el premier israelí, Benjamín Netanyahu, salvo China, el gran rival comercial de EE. UU. Aunque el coloso asiático es muy vulnerable, en el rubro energético ha tomado las medidas necesarias para reducir esta dependencia. En principio, desde enero acumuló reservas suficientes para superar su condición de mayor importador de crudo en el mundo.
Además, consolidó su alianza energética con Rusia que le garantiza un suministro seguro de gas y petróleo. Con este aval, China conforma la que expertos llaman la “era eléctrica”. A la par ha creado tecnologías libres de emisiones e intensifica el almacenamiento de electricidad en baterías de gravedad con energía geotérmica mejorada. En todo el territorio del gigante asiático son usuales los automóviles eléctricos e híbridos, las fuentes solares y las eólicas.
Otra pésima noticia para el país de Donald Trump deriva de que la revolución energética de China avanza mundialmente. En fecha reciente se reportó el hallazgo de un millón de toneladas de torio, suficiente para generar energías limpias durante 60 mil años.
Así satisfará su demanda energética y ya no dependerá de Oriente Medio. En cambio, la negativa de Trump a reconocer el cambio climático saboteó los programas para desarrollar energía solar, eólica y los proyectos de tecnología verde en su país.
Con ello expuso a los estadunidenses a tarifas de energía cada vez más altas, mientras obliga a sus aliados (Japón y Canadá) a importar su costoso gas fracking. En reacción, Ottawa ya importa autos eléctricos y equipos solares chinos; esta acción fracturó la guerra comercial de EE. UU. contra Beijing.
Es por demás paradójico que los países que más padecen la guerra del petróleo detonada por EE. UU. sean sus aliados del Medio Oriente que, por más de un siglo, han construido una relación casi simbiótica en materia energética, como revela el analista Bashir Abu-Manneh.
Arabia Saudita –el también llamado “estado número 51 de EE. UU.”, por fungir como el centro de la estrategia imperial estadounidense en el Medio Oriente– es el peor paciente de este lamentable conflicto. Sólo por vender crudo, la monarquía saudita genera más de tres billones de dólares en activos, equivalentes a 40 por ciento del total mundial de esos fondos.
Pero gran parte de esta riqueza financia al Complejo Militar Industrial estadounidense, con el que ahora se agrede a Irán. Por eso, hoy Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos sufren también el conflicto y su petróleo no llega a los clientes.
Por primera vez en décadas, sus respectivos territorios sufren ataques iraníes; y es factible que escaseen los hidrocarburos de complicarse el suministro y porque la intensidad de los ataques obligue a detener la producción y refinación.
El día 11 del conflicto, por primera vez en un largo periodo, la IEA liberó 400 millones de barriles de reservas mundiales de crudo –la mayor cantidad en la historia– para frenar la escalada de precios.
En espera de que sus exportaciones sean seguras, las multimillonarias monarquías árabes desean que la crisis termine; pero esta decisión no está en sus manos, sino en las del presidente de EE. UU., cuyo secretario de Guerra, Pete Hegseth, mencionó que enviará tropas a la región.
Resulta difícil comprender por qué los Estados del Golfo “oscilaron entre su animosidad hacia Irán y su preocupación de un conflicto armado cuyos efectos ellos sufrirían en primer lugar”, cuestionó la doctora Sanam Vakil, investigadora de la Universidad Johns Hopkins, .
Entretanto, las instalaciones destruidas tardarán meses en repararse y en restablecerse el flujo de hidrocarburos; pues mientras Irán mantenga bloqueado Ormuz, el suministro no será como antes.
El triunfalismo neocolonialista declina y aumentan las críticas de think tanks y la prensa. Aquí algunos titulares: Vaga y contradictoria, Trump dice que ganó la guerra de Irán, pero no lo suficiente: Andrew Roth en The New Yorker; e Isaac Chatiner reprochó: Cómo la guerra está desestabilizando al Golfo.
Las diatribas se centran en la golpiza inesperada a los agresores de Irán. The New York Times tituló: Cómo Trump y sus asesores calcularon mal la respuesta de Irán. La mayoría de esas recriminaciones no son por atacar –sin razón– a la nación persa, sino por no destruirlo pronto.
En ello coincide el politólogo estadounidense Ian Bremmer, quien acusa: “El presidente ofreció derrocar al régimen iraní, una victoria rápida y contundente. Consiguió que el régimen demostrara ser mucho más capaz de resistir y contratacar de lo que se esperaba. Y ya retornaron a su país los cuerpos de siete soldados y 140 heridos”.
Mientras, drones y misiles surcan los cielos del idílico Golfo Pérsico, el tiempo corre y a 10 mil 262 kilómetros la cúpula de Washington revisa su estrategia y debe lamentar su traición a la confianza que Teherán depositó en su diálogo con ella.
Entretanto, los estadounidenses deploran que su gobierno optara por lo que los analistas denominan “guerra de elección”; es decir, un conflicto por razón política y sin causa probable. La guerra de Trump por la energía no sólo no derrumbó al gobierno iraní, sino que desestabilizó al Golfo Pérsico y trastocó el suministro global de la energía.
El magnate quiere reelegirse y el reloj electoral avanza más veloz que su Operación Épica en Irán. A 23 días, el panorama no parece satisfactorio; y ese malestar podría reflejarse en la voluntad del electorado ante los comicios legislativos de noviembre.
El mal desempeño de su operación en Medio Oriente aumentó su pésimo nivel de aprobación entre sus conciudadanos que, además, padecen el mal estado de la economía. En seis meses, la pérdida de escaños republicanos en el Congreso corroborará este posible castigo electoral.
La actual es una guerra de dinero, mercados y riesgos. Hoy en el Golfo Pérsico hay más de 400 buques cisterna varados en espera de que las aseguradoras mantengan el precio de las primas de riesgo. Este conflicto –instigado por EE. UU. y su socio sionista– reveló que el verdadero poder está en los seguros marítimos y que, en este momento, Ormuz es el eje de la economía global.
Entre 80 y 140 embarcaciones pasan diariamente por los 33 kilómetros de ancho del Estrecho de Ormuz, que conecta el Golfo Pérsico con el Mar Arábigo; la mayoría transporta crudo y gas de yacimientos sauditas, emiratíes y quataríes, junto a otros navíos que cargan automóviles, electrodomésticos, alimentos, ropa y otros bienes.
La actual tensión provocada por la Casa Blanca disminuyó ese flujo, mientras que las aseguradoras aumentaron las primas de riesgo. El grupo Lloyd’s of London es el principal administrador de percances en ese choke point con su Comité Conjunto de Guerra.
Las aseguradoras especulan con sus ganancias derivadas de la situación en el Pérsico. El fuego cruzado de misiles, drones y la temible Flota Mosquito iraní, figuran entre los riesgos que enfrentan los navíos en su travesía. Estas financieras, poderosas en la economía global, ganarán si ese mar se declara zona de alto riesgo, ya que dejarían sin valor las coberturas normales y navieras; o las empresas deberán pagar elevadísimas primas de guerra que, en horas, pasaron de costar miles a millones de dólares.
Si el conflicto se agrava y el riesgo aumenta, aplicarán la temida Cláusula de Cancelación para invalidar la cobertura original con sólo 48 horas de aviso previo. Las aseguradoras saben que no hay empresas que envíen un navío sin seguro a una zona tan peligrosa.
En un intento por revertir su error al atacar a Irán, el huésped de la Casa Blanca ordenó a la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo de EE. UU. otorgar seguros contra riesgos políticos y garantías financieras para buques que navegan en el Golfo Pérsico; pero será insuficiente, alertan armadores y analistas.
Por ello, Irán gana esta batalla y el capital financiero –en este caso, las aseguradoras– afecta a sus clientes al imponer un bloqueo adicional en alta mar. No es una guerra de misiles, sino una guerra de riesgo.
La comprensión hacia la frenética lucha por la energía considera que los principales yacimientos de petróleo y gas están bajo control estatal. Gigantes como Saudi Aramco (Arabia Saudita) y Sinopec Group Rosneft (Rusia) controlan el 70 por ciento de las reservas mundiales de petróleo. Esta soberanía se traduce en el auge de las respectivas economías y su desarrollo.
También son estatales las empresas National iranian Oil Company (Irán), la China National Petroleum Corporation (China), Kuwait Petroleum Corporation (Kuwait), PDVSA (Venezuela), Petrobras (Brasil), Petróleos Mexicanos (Pemex), Petronas (Malasia) y ADNOC (Emiratos). Estas compañías compiten en el mercado con los megacorporativos privados por el aseguramiento de los derechos exclusivos sobre las reservas nacionales y su expansión global.
Ante este juego de poder y estrategia, las compañías estatales controlan el mayor bien estratégico; para ello despliegan su poder e influencia diplomático-política. Saudi Aramco es tanto la fuerza energética dominante como el mayor productor de crudo mundial, con 270 mil millones de barriles de reservas probadas.
Si el choque con Irán pasa el límite de las cinco semanas y la economía las resiente, en los próximos seis meses losestadounidenses rechazarán las guerras de Medio Oriente a las que sus presidentes los han involucrado desde 1991. El petróleo y el gas serían el combustible deseado para extinguir al causante de esa guerra.
El mandatario brasileño propuso que ambas empresas trabajen para producir petróleo en el Golfo de México.
Europa mantiene su rechazo a la energía rusa pese al costo económico. Se trata de "un disparo en el pie de los votantes": Dmitri Peskov, portavoz ruso.
Francia, China, Australia, Alemania, Japón, Corea del Sur y España descartaron el envío de barcos militares a la zona.
El operador obtuvo unos 345 mil euros, equivalentes a 7.16 millones de pesos, de unos 10 mil clientes en todo el mundo.
La posición actual de Berlín responde a la evolución de distintos procesos judiciales internacionales en curso.
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, calificó cualquier intervención militar en la zona como “ilegítima” y violatoria del derecho internacional.
Los gobiernos de la región advierten que la escalada bélica podría arrastrar a más países al conflicto y afectar la estabilidad energética mundial.
Dichos resultados se obtuvieron de una serie de evaluaciones de vida promedio en una escala de 0 a 10.
Ali Larijani falleció junto a su hijo y su escolta; también se reporta la muerte de un alto mando de la Guardia Revolucionaria
El bombardeo calcinó a 27 personas; el gobierno de Gustavo Petro no cree en la versión de su homólogo ecuatoriano, Daniel Noboa.
Las fuerzas armadas iraníes continuarán combatiendo hasta que Donald Trump reconozca que se trata de “una guerra ilegal, injusta y que jamás debe repetirse”.
De acuerdo con el calendario oficial de la FIFA, Irán disputará sus tres partidos de la fase de grupos en territorio estadounidense.
La medida es “un disparate que no tiene absolutamente ningún beneficio y sí muchos perjuicios potenciales”, Adolfo Rubinstein, epidemiólogo y actual director del CIPPS.
En el campo de batalla transregional, los neonazis de Washington y Tel Aviv no están actuando solos.
Investigadores teorizan que esta región es rica en pequeñas esferas de vidrio incrustadas en ceniza volcánica, las cuales pueden brindar información muy valiosa sobre el interior de la Luna.
México y Europa firmarán acuerdo comercial en mayo: Claudia Sheinbaum
Trump amenaza a la OTAN y califica a los países miembros de “cobardes”
Imperialismo y crisis de deuda soberana
Desmantelan red con 373 mil páginas relacionadas con abuso infantil
Rechazo de UE a recursos energéticos de Rusia
Lula da Silva propone alianza entre Petrobras y Pemex
Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.