RSF destacó que la violencia contra la prensa persiste como uno de los principales riesgos en el país.
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Una veintena de empresas de la industria bélica de Estados Unidos (EE. UU.) ha aumentado sus ganancias con los ataques militares efectuados por su gobierno desde febrero de este año contra Irán; pero lo está ejerciendo a costa de la población estadounidense porque la demanda adicional de materias primas ha provocado un incremento de los precios al consumidor.
Los gobiernos de EE. UU. e Israel emprendieron, el 28 de febrero de 2026, una serie de bombardeos aéreos “sorpresa” contra múltiples ciudades en Irán, que el residente de la Casa Blanca, Donald Trump, justificó con el argumento de que se ejecutaron para “defender al pueblo estadounidense” y “eliminar las amenazas inminentes del régimen iraní”.
Los ataques de esa jornada provocaron la muerte del líder supremo de Irán, el Ayatola Alí Jamenei, así como de otros 40 funcionarios de alto rango y, a partir de ese día, la población iraní ha vivido bajo el terror y la enorme tristeza causada por la pérdida de sus seres queridos y numerosos inmuebles privados y públicos.
En respuesta, Irán golpeó bases militares estadounidenses en Omán y Qatar, y cerró el Estrecho de Ormuz, paso marítimo de 55 kilómetros de ancho que separa el golfo Pérsico del mar Arábigo, cuya relevancia radica en que, por sus aguas, circulan unos 20 millones de barriles de petróleo al año, cuyo precio comercial aproximado suma 600 mil millones de dólares (mdd).
En una entrevista con The New York Times, publicada el 1° de marzo, Trump declaró que el conflicto en Irán podría durar de “cuatro a cinco semanas”, lo que provocó que los mercados financieros, fondos de inversión y el mercado en general se mantuvieran atentos a su desarrollo para evitar pérdidas de capital.
Esta situación de guerra en el Medio Oriente reportó su primer llamado de alerta en Asia, cuando, ante la expectativa de que el comercio se viera afectado –lo que sucedió un día después– los operadores de bolsa vendieron sus acciones relacionadas con energéticos para comprar activos-refugio, es decir, inversiones cuyo valor es garantizado en dólares o francos suizos.
Consultoras especialistas en riesgo financiero advirtieron que, en episodios de confrontación militar, las rutas estratégicas se convierten en multiplicadores de volatilidad comercial, afectando cadenas de suministro globales que incluso no están vinculadas al petróleo.
Es decir, se encarecen desde alimentos e insumos domésticos hasta mercancías tecnológicas y medicamentos debido a los retrasos de su movilidad nacional e internacional. De esta afectación, los más dañados son los países y las regiones con economías débiles.
Con el cierre del Estrecho de Ormuz, los precios del crudo aumentaron a niveles superiores a 100 dólares. Los costos futuros del petróleo West Texas Intermediate (WTI) se elevaron más del 18 por ciento el dos de marzo a 107 dólares por barril a las 16:48 horas del centro de México, según la consultora Investing.
El Brent –petróleo con bajo contenido de azufre utilizado para fijar el precio de crudo– se incrementó alrededor de 16 por ciento al nivel de casi 108 dólares por barril. En algunos momentos de ese día, ambos referentes superaron los 110 dólares por unidad.
David Burns, director de inversiones de Catalys Funds, anticipó que los precios más altos del petróleo incrementarán el valor de las grandes empresas como Exxon, Chevron y Occidental Petroleum.
El alza en los precios del crudo fue sólo una de las primeras reacciones del mercado derivadas del conflicto armado, porque los grandes inversionistas de la industria bélica estadounidense siempre están atentos a las tensiones entre potencias porque éstas –como advierte el Grupo Bursátil Mexicano (GBM)– se ofrecen como “un negocio con contratos estables, barreras de entrada altas y demanda persistente”.
El GBM agregó que “más allá del componente militar, esta industria incluye innovación tecnológica, ciberseguridad aeroespacial y hasta inteligencia artificial”. Y con respecto a esta información, el Comando Central de EE. UU. detalló que más de 20 sistemas de defensa usados en territorio iraní provienen de fabricantes estadounidenses.
Destacan, entre estos aparatos y armas, los drones unidireccionales LUCAS, desarrollados por la firma SpektreWorks, con sede en Arizona, de menor costo operativo; aunque también misiles de mayor sofisticación como los Tomahawk, atribuidos a Raytheon.
Las empresas fabricantes de este tipo de armamento han obtenido ganancias en la bolsa, entre ellas se encuentran Lockheed Martin, Raytheon Technologies, Palantir Technologies, Boeing, Northrop Grumman, L3Harris Technologies y General Atomics Aeronautical Systems, que se perfilan como las principales beneficiarias de los ataques contra Irán.
En marzo, las ganancias de Lockheed Martin avanzaron cerca del uno por ciento, Raytheon Technologies alrededor de tres por ciento y Palantir repuntó con cerca del siete por ciento.
Otras piezas fundamentales son los interceptores THAAD, diseñados para detener misiles enemigos en pleno vuelo. Para diversos especialistas, las empresas con mayor participación en este tipo de tecnologías podrían registrar incrementos mayores de pedidos militares si la tensión escala.
Los ataques contra Irán también están impactando a Europa. De acuerdo con análisis de JPMorgan Chase, varias empresas del continente podrían verse favorecidas por su presencia en el mercado estadounidense y por el repunte en la demanda global de equipamiento militar. Entre ellas figuran BAE Systems, Renk Group, Leonardo DRS y QinetiQ.
Las empresas de defensa no podrían ofrecer una mayor oferta sin acceso a capitales, los que provienen de instituciones bancarias y, por tal motivo, de los ahorros de los cuentahabientes, que desconocen el mal uso que ejercen sobre su dinero.
De acuerdo con el Centro Delàs de Estudios para la Paz, entre 2024 y 2025, las entidades financieras europeas destinaron 279 mil mdd a empresas armamentistas. Y explica que bancos como BBVA, Santander, CaixaBank, Sabadell, Ibercaja y Bankinter obtuvieron beneficios por 181 mil mdd en ese bienio.
Davi Montesinos, doctor en Estudios Internacionales de Paz, Conflictos y Desarrollo por la Universidad Jaume I, de España, destacó que la guerra representa uno de los negocios más lucrativos del Siglo XXI.
“Las empresas de armas cotizan en la bolsa y, con cada bomba, frontera militarizada o conflicto, aumentan el valor de sus acciones. Cuanto más dura, más ganan. Esta rentabilidad no surge sola: los bancos las financian, invierten en ellas, compran bonos, otorgan créditos y obtienen beneficios récord, mientras millones de personas sufren”, subrayó.
En territorio estadounidense, el banco J.P. Morgan Chase & Co., en fecha reciente, reveló planes para ampliar su financiamiento a la industria armamentista. Jamie Dimon, presidente ejecutivo de esta institución, reconoció, en una carta dirigida a sus accionistas, que EE. UU. debía “fortalecerse” para sostener su influencia militar y económica, por lo que señaló que el banco dirigido por él estaba listo para movilizar 1.5 mil mdd con ese propósito.
“Con las políticas adecuadas y acciones decididas, EE. UU. mantendrá el ejército más fuerte y la economía más sólida, y seguirá siendo el bastión de la libertad y el arsenal de la democracia”, explicó.
Según lo esperado por estos actores económicos, la administración de Donald Trump anunció un aumento de hasta 1.5 billones de dólares al gasto de defensa; aunque para lograrlo, recortará los programas sociales y los servicios de salud. buzoscuestionó las implicaciones financieras y el impacto social de este tipo de gastos en los bancos mexicanos, pero no obtuvo ninguna respuesta.
Mientras los mercados ajustaban portafolios y las empresas de la industria militar de EE. UU. y la Unión Europea (UE) reportaban ganancias en el territorio iraní, la ofensiva militar estadounidense había dejado un saldo acumulado de al menos mil 900 muertos y 20 mil heridos, según cifras de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
Sin embargo, la organización de derechos humanos HRANA ha elevado su recuento a tres mil 636 fallecidos, de los cuales mil 701 son civiles, incluidos 254 niños; mientras tanto, la Organización de Medicina Forense de Irán contabilizó tres mil 375 personas fallecidas.
Con respecto a los daños, la información oficial iraní ha reportado afectaciones a más de 80 mil edificios residenciales, más de 750 escuelas y universidades y más de 300 centros de salud, así como daños a infraestructura de transporte, redes ferroviarias y tendido eléctrico.
Además, los ataques constantes a instalaciones energéticas han dispersado una mezcla de contaminantes que amenaza con deteriorar la salud pública, la producción agrícola y el acceso al agua potable durante décadas.
Expertos reconocen que la guerra ha liberado sustancias químicas tóxicas, metales pesados y emisiones masivas que no sólo afectan el aire, sino que se infiltran en el suelo y los suministros hídricos.
Doug Weir, director del Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente, una organización sin fines de lucro con sede en Reino Unido, indicó que se han registrado más de 400 incidentes ambientales, la mayoría vinculados al petróleo y al gas, lo que plantea riesgos de contaminación del aire, suelo y agua.
La plataforma de monitoreo de carbono Greenly estimó que el ejército estadounidense, por sí solo, liberó casi dos mil millones de toneladas de gases de efecto invernadero en apenas seis días.
Sumado a este panorama negativo y riesgoso para la salud, Kaveh Mandani, científico iraní y funcionario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), subrayó que las personas de la región “luchan por tener acceso a agua potable limpia, incluso en tiempos de paz”, por lo que “cualquier daño a la infraestructura hídrica puede tener impactos duraderos”.
El experto alertó que los posibles ataques contra complejos nucleares en la región plantean consecuencias inmediatas y a largo plazo sobre la salud, porque la exposición puede causar daños en la piel y el síndrome de irradiación, lo que deriva en cáncer, enfermedades cardiacas y daños genéticos.
La guerra unilateral, como la que Washington desató contra Irán, no fue moldeada con la percepción social previa con la que los gobiernos construyen la legitimidad de sus decisiones bélicas, sino de acuerdo con los intereses de las compañías corporativas, como plantea el analista político argentino Leandro Cuellar.
Entrevistado por buzos, Cuellar reveló que los conflictos armados suelen justificarse con discursos que apelan a la seguridad, la defensa o la democracia, con los que construyen deliberadamente “el temor a las amenazas”.
“Una guerra presentada como puramente ideológica o necesaria debe producir verdad, enemigos, amenazas y justificaciones”, explicó, para luego detallar que esta propaganda se elabora con marcos de interpretación para legitimarse en distintos espacios sociales.
“El poder produce verdades que se manifiestan con autoridad entre expertos, universidades, discursos públicos, periodismo especializado. En definitiva, no es simplemente que el poder mienta”.
Por ello, aseguró, países como Irán pueden ser presentados como riesgos para la estabilidad global, lo que acondiciona la aceptación de acciones militares o económicas, pues “la gran astucia política reside en la capacidad de atención de la opinión pública. El que domina la agenda, domina el país”.
Recordó, además, que el papel de los medios de prensa resulta muy importante en casos como este conflicto, pues las personas consumen información que ahora se refuerza e incrementa con las redes sociales y el marketing político.
Así es como las intervenciones militares de la Casa Blanca no han respondido a una decisión informada de los ciudadanos, pues “no fueron consultados, y una buena parte de la población no deseaba la guerra”; aunque ese apoyo pudo haberse construido a partir de discursos que generaran el miedo a la pérdida de la identidad colectiva.
“Es necesaria la construcción de amigos y enemigos. El enemigo me da identidad. Sin enemigos no hay discurso que habilite una verdad”.
Este discurso se construye –asevera– sin considerar que una guerra revela una amplia brecha entre quienes ganan con ella y quienes cargan las consecuencias por los movimientos en los mercados, la industria armamentista y las instituciones financieras, como ocurre hoy con la población iraní, que únicamente puede contar pérdidas humanas, daños materiales y ambientales de deterioro imprevisible.
A pesar de las agresiones, que han costado la vida a cientos de iraníes, daños en su territorio tanto ambientales como infraestructura pública de salud, educación, entre otros inmuebles y una amenaza persistente por parte de EE. UU. e Israel; la población iraní y sus autoridades han plantado cara a Donal Trump y al capitalismo occidental. No es soberbia, sino la unidad y la confianza de un pueblo milenario, como es la cultura persa.
RSF destacó que la violencia contra la prensa persiste como uno de los principales riesgos en el país.
Esta fecha beneficiará directamente a 3.6 millones de sectores del comercio, servicios y turismo.
Si la interrupción del suministro de petróleo y gas natural se prolonga, las pérdidas económicas para hogares, empresas y gobiernos podrían superar el billón de dólares.
El descontento se da en un contexto de aumento en los precios del combustible, que superaron los cuatro dólares por galón a finales de marzo.
El bloque europeo advierte un escenario similar a las crisis de 1973 y 2022 y coordina acciones para mitigar el impacto en gas y petróleo.
La insaciable ambición del imperialismo de apropiarse los recursos naturales de otros países lo lleva a intervenir en asuntos internos.
El imperialismo estadounidense afirma que Irán está contra las cuerdas y que no tiene salvación porque está derrotado.
En su último informe sobre perspectivas económicas, el FMI aseguró que los estragos de la guerra ya se reflejan en los bolsillos; pero empeorarán si no se frenan las agresiones contra el pueblo iraní.
Según la ONU, el impacto afectará de manera desproporcionada a aquellos que disponen de presupuestos más limitados para absorber el aumento de los precios de la energía y los alimentos.
Entre los fallecidos, al menos 312 corresponden a población vulnerable, incluidos menores de edad, mujeres y personas mayores
El Brent y el WTI subieron cerca de 7% por riesgos de interrupción en el suministro global de energéticos.
El pontífice condenó las advertencias de Trump y calificó la situación como una “guerra injusta”.
Según datos del Cuerpo de la Media Luna Roja de Irán citados por agencias internacionales, los ataques han causado más de mil 300 muertos y al menos 18 mil heridos desde el inicio de las operaciones militares.
Sin energía no se mueven mercancías, máquinas ni personas; tampoco se iluminan, calientan o enfrían los espacios.
Más del 70 por ciento de la demanda nacional de fertilizantes aún proviene del extranjero.
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Escrito por Sebastián Campos Rivera
Periodista de finanzas, economía, negocios, mercados, divisas, indicadores y el sector energético. | X: @srivera1410