La criminal agresión que el gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) perpetró el pasado 28 de febrero contra la República Islámica de Irán, con el que asesinó al líder supremo iraní, el Ayatola Alí Jamenei.
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El estrangulamiento energético y la amenaza de un ataque militar para devastar a Cuba, sumados a un bloqueo comercial, político y psicológico por más de medio siglo, sólo tienen un nombre: terrorismo genocida de Estado. La amenaza imperialista más reciente del gobierno estadounidense, encabezado por Donald Trump, cierra todo horizonte a los cubanos y un nuevo orden antihegemónico a millones de personas en todo el mundo.
Tras su fallida aventura en Irán, el huésped de la Casa Blanca usa la eventual agresión armada contra Cuba como propaganda para recapturar a sus desencantados electores en la Unión Americana.
El empresario inmobiliario, acorde con la agenda geopolítica del imperialismo estadounidense, se centra en su plan por apropiarse de recursos y rutas estratégicas, además de expulsar a China de América Latina.
De ahí que ese modelo depredador, aplicado durante seis décadas, convirtió a Cuba en un laboratorio de crueldad para infligir sanciones económicas, falsas acusaciones de terrorismo y asfixias energéticas contra otros Estados. En ese laboratorio, los presidentes estadounidenses han jugado con absoluta impunidad con la vida y destino de 11 millones de cubanos.
Si, iniciado este siglo, el bloqueo parecía un capítulo olvidado de la Guerra Fría, hoy, el sadismo efectuado por la Oficina Oval luce como una práctica de talante mafioso al extorsionar a los Estados que insisten en auxiliar a los cubanos.
Con acciones de tortura y crueldad, combinados con asomos de diplomacia, el 47º presidente de EE. UU. no logra explicar la razón de su rechazo a Cuba. No hay nada de qué acusar ni a su pueblo ni a su gobierno; su afán destructor sólo se explica en su intento por “equilibrar la fuerza bruta con el pragmatismo”.
Durante seis décadas, los halconesde Washington han reforzado la trama multidimensional del bloqueo. Al triunfar la revolución en 1959, se propusieron impedir la plenitud de un modelo socialista en La Isla, que diariamente y cada hora exhibe el fracaso del capitalismo depredador.
Desde entonces, nunca en la historia de la humanidad un poder político sometió a tantos al dolor por tanto tiempo y de formas diversas. El perpetrador nuevamente acecha a los cubanos para que claudiquen en su derecho de edificar otro mundo posible.
Sus víctimas son generaciones de cubanos que han sufrido el impacto de la coerción y la violencia organizada cotidianamente, articulada desde Washington, estima Sinisa Malesevic en su ensayo Sociología de la Violencia. El extorsionador fue una gran potencia, hoy en declive, que pierde su hegemonía internacional y su población se fractura por crisis internas.
La actual es la fase más brutal e inhumana de la ofensiva imperialista contra Cuba. Sobre niños, adolescentes, mujeres y hombres se cierne el amago de la guerra como espectáculo.
El proyecto de acción armada es híbrido y asimétrico, pues prevé el uso de la base naval de Guantánamo como sitio logístico, fundamental para la operación de tropas, y el de mercenarios mientras la “oposición” abre frentes internos.
Pero la infraestructura de la base naval es ya muy vieja y, antes de un conflicto, debe ser reforzada. Como se descarta toda incursión terrestre, el modelo de invasión sería como el reciente en Venezuela: eliminar a los dirigentes y mantener a cuadros operativos del aparato estatal para que haya estabilidad.
Hasta ahora parece poco probable el ataque militar, afirma el especialista del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales, Bert Hoffmann; pero el Departamento de Guerra (Pentágono) sabe que Cuba tiene poca capacidad ofensiva.
Reconoce, en cambio, que su ventaja radica en efectivos muy motivados, que actuarán estratégicamente con tácticas de inteligencia, tecnología y armamento frente a toda intervención foránea, describe Daniel Pedreira, de la Universidad Internacional de Florida.
Los halcones quieren crear una situación de emergencia –confían en que la población se rebele por los efectos del estrangulamiento energético que Trump impuso–, aunque la mayoría de los analistas ve muy remota esa probabilidad.
Unos apuntan a una guerra asimétrica que se definirá en el largo plazo por la tenaz resistencia del insurgente pueblo cubano. Otros ven una guerra moderna a distancia, sin tropas que desembarquen y combatan en La Isla por la impopularidad del gobierno.
La agenda geopolítica del imperialismo condena a muerte a millones de cubanos. Ante la prensa, Trump confirmó su intención: “Estrangular es terriblemente difícil. Parece que no es algo que vaya a sobrevivir”.
El 29 de enero firmó una Orden Ejecutiva en la que aclara que Cuba constituye una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de EE. UU.; y la reafirmó con la obsoleta Ley de Poderes Económicos de Emergencia Nacional (LPEEN).
Y amagó con aranceles adicionales sobre países que suministren combustibles a La Isla. Con ello, EE. UU. se perfiló como la única amenaza para la paz y la seguridad de América Latina y el libre comercio global.
La amenaza continúa, aunque el 20 de febrero la Corte Suprema estadounidense dictaminó que Trump no puede imponer aranceles con base en la LPEEN. Abogados y analistas en EE. UU. denuncian que abusa del poder conferido por las leyes.
“¿Hasta qué punto hay que ser hipócrita, como Trump, para hablar de depredación del gobierno cubano sobre su pueblo, mientras impide que llegue ahí la ayuda humanitaria? ¿Acaso alguien en este gobierno reconoce esa hipocresía?”, pregunta Jim Vorel en la revista Jezebel.
Con la falta de energía para el transporte público, ventilar equipos médicos, airear escuelas y oficinas, inicia lo que se considera “una estrategia cruel y despiadada” para forzar un cambio de gobierno en Cuba.
Es así como el presidente estadounidense crea las condiciones para la ingobernabilidad y el caos, mientras difunde que no quiere que eso ocurra. Pero se expresa listo para atacar más países después de Irán, alerta Benedict Tetzlaff-Deas.
Trump intenta eliminar el soporte ideológico y de inteligencia cubana, a la que ve como causa de los movimientos de izquierda o progresistas en la región. Cambiar el régimen de La Isla impedirá otros malos ejemplos, según él.
Sin embargo, esta hipótesis se cae al contrastar los avances cubanos en salud y educación a pesar del bloqueo y las incursiones mercenarias. Por ello reluce la verdad: un golpe para destruir ese mal ejemplo.
Con la usual violencia verbal, el secretario de Estado, Marco Rubio, reconoció: “Si viviera en La Habana y formara parte del gobierno, estaría preocupado”. Sin embargo, no le preocupa que el bloqueo le cueste a EE. UU. no menos de mil 200 millones de dólares (mdd) anuales en oportunidades de negocio perdidas, según la Cámara de Comercio de su país.
Ante las amenazas de agresión externa, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, promete una resistencia inexpugnable, y afirma que las fuerzas armadas se organizan para una posible incursión militar de EE. UU. y agregó: “Aunque lo vemos muy lejano, no creemos que sea probable, pero seríamos ingenuos si no nos preparásemos”.
Por su parte, el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, declaró a NBC que “no hay ninguna justificación para tal acción, pues Cuba es pacífica y no representa ninguna amenaza para EE. UU.”. Pese a los amagos de invasión del 19 de marzo, el general Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur, negó que esa fuerza ensaye o prepare una invasión a Cuba.
Sin embargo, el subsecretario asistente del Departamento de Guerra, Joseph M. Humire, aseguró que sus tropas se alistan para entrar en acción contra Cuba si lo ordena el presidente y fracasa el diálogo diplomático.
Ante esa sinrazón, dos representantes demócratas mostraron al Congreso la iniciativa para prevenir una “guerra inconstitucional en Cuba” y bloquear el acceso de Trump a fondos federales hasta el 31 de diciembre.
De visita en Cuba, los representantes Pramila Jayapal (por Washington) y Jonathan Jackson, legislador (por Illinois), abogaron por una solución permanente con negociación real; y pidieron el libre flujo de bienes por razones humanitarias. Jackson describió a Cuba como “la parte más sancionada sobre la Tierra”.
Como la preparación bélica continúa, los cubanos contemplan utilizar a su favor la geografía. Además, nadie en América soslaya que, por décadas, los cubanos viven bajo amenaza armada y que están entrenando para enfrentar invasiones y atentados.
Así como Irán hizo del Estrecho de Ormuz una eficaz arma en su defensa contra la agresión sionista-estadounidense, Cuba también puede convertir el Caribe, en particular, y el Golfo de México, en general, en un nicho de defensa contra las acciones aéreas, marítimas o terrestres de EE. UU.
Ante el aventurerismo militar de Trump, es seguro que en Cuba actuará la ASAP (tan pronto como sea posible), aunque el costo social sea demasiado alto, explica William Morgan.
Entretanto, La Habana cumple con el acuerdo negociado con el Estado Vaticano y entre marzo y abril liberó de la prisión a 604 reos de La Lima, en Guanabacoa y otras cárceles del país. El indulto incluso se concedió a extranjeros y excluyó a homicidas, comerciantes de drogas, corruptores de menores y los que atentaron contra la autoridad.
Los aliados se las ingenian para enviar asistencia humanitaria y energética a Cuba. China se opuso al bloqueo total, llamó “ilícitas y unilaterales” a las nuevas restricciones y, además de dar asistencia financiera de 80 mdd, su buque Loyalty Hong entregó 60 mil toneladas de arroz y bienes básicos.
Rusia sorteó el cerco y en abril llegó su tanquero Anatoly Kolodín con 730 mil barriles de crudo, confirmó el vocero presidencial ruso, Dmitri Peskov, quien agregó que Rusia considera su deber no mantenerse al margen y “ofrecer ayuda necesaria a nuestros amigos cubanos”.
Desde diciembre de 2025, cuando se veía venir la intención estadounidense de asfixiar a Cuba, la nave Beigin Sultán, de Turquía, transportó una planta para generar electricidad. Desde Italia llegaron paneles solares y baterías de la iniciativa Energía para la Vida, de la Confederación General de Trabajadores y la Fundación Gianni Miná.
Motos eléctricas y sistemas de riego para campesinos de Majibacoa, Las Tunas, llegaron desde la agrupación alemana Pan para el Mundo y grupos comunitarios. La decana asociación France-Cuba recabó apoyo material, que sumó más de 20 toneladas con alimentos y equipos solares con voluntarios de Suiza.
Con estos bienes, que sumaron más de 500 mil dólares, la Flotilla Nuestra América de Europa salió por barco y vuelos de carga. En febrero pasado, México envió 20 mil toneladas de arroz y otros productos a bordo del buque ARP Papaloapan; en marzo, Brasil entregó alimentos e insumos médicos.
Bielorrusia envió leche en polvo, productos básicos y operadores técnico-militares, mientras este mes –como burla– la Unión Europea (UE) asignó dos millones de euros en “apoyo logístico” para los socios humanitarios de La Isla.
Una acción bélica rasgaría el tejido social, paralizaría los servicios esenciales, devastaría las acciones del creciente sector privado en La Isla y activaría una imparable ola migratoria irregular hacia las costas de La Florida.
No hay ninguna garantía de victoria rápida para EE. UU. Pese a ello, los militantes estadounidenses más violentos, el secretario de Guerra, Pete Hegseth y el secretario de Estado, Marco Rubio, barajan la opción de la fuerza.
Ambos, sujetos al guion de la tecno-política y el complejo militar industrial, convencen a Trump para convertir a la mayor isla de las Antillas en un escenario de barbarie y destrucción. Una vez pasado el incendio, aspiran a presidir Cuba.
O también dejar como procónsul a Marco Rubio, un abogado que no duda en mentir. Él construyó su carrera política vendiendo la idea de que sus padres huyeron del “régimen castrista”, cuando realmente emigraron en 1956 antes del triunfo de la Revolución; además, nació en EE. UU. 15 años después.
Rubio es beneficiario de lo que se conoce como la “industria anticubana”, ese rancio exilio que vive de los impuestos de los contribuyentes y nutre la corrupta red de organizaciones de ultraderecha en La Florida, que llega a otros estados bajo la hipócrita campaña en defensa de los derechos humanos en Cuba.
Sumiso ante Donald Trump –de 79 años–, el insolente Rubio calificó como “incompetente” y “senil” al presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, cuya edad es de 65 años. Este desprecio se apoya en la presunción fundada de que el cubano no sería la marioneta de Washington en un eventual cambio de régimen.
Marco Rubio es respaldado por la rapiña opositora cubano-americana, que en marzo le pidió expresar a Trump su agradecimiento por las medidas contra La Isla, durante la reunión masiva denominada Cuba por América.
Estos grupúsculos parasitarios, siempre violentos, subsisten gracias a subvenciones de las agencias del Departamento de Estado; como Cuba Decide, que proclama: “¡Hagamos Cuba Grande Otra Vez!”, y piden mas sanciones para terminar “la dictadura comunista”.
El secretario de la llamada Asamblea de la Resistencia Cubana, Orlando Gutiérrez-Boronat, afirma: “la mayoría de empresarios cubanos o gente de negocio no regresarán a invertir en Cuba hasta que cambie el régimen”.
Su ignorancia política les impide reconocer que el ministro de Comercio Exterior e Inversiones de Cuba, Oscar Pérez Fraga, celebró que ese exilio invierta en La Isla. Pero su lógica parasitaria los hace dependientes de los subsidios de EE. UU.
Hoy, las nuevas generaciones, con la antigua y resentida élite cubana, se jactan de que su presión perpetúe el bloqueo hasta hacer de La Isla un “Estado fallido”, incapaz de sostener sus servicios públicos. Pero no responden a estas preguntas: ¿Y el récord mundial en alfabetización y salud gratuita de gran calidad?, o ¿para qué seguir con el bloqueo si el Estado es fallido?
Mientras la crisis llega a un punto crítico, Trump admitió: “Hablamos con los más altos cargos para ver qué sucede. Creo que llegaremos a un acuerdo: no tienen dinero, no tienen petróleo”. Surge la pregunta: ¿de qué acuerdo habla? Ahí están los pactos incumplidos con Venezuela e Irán, que revelaron el desprestigio de la desangelada potencia.
La criminal agresión que el gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) perpetró el pasado 28 de febrero contra la República Islámica de Irán, con el que asesinó al líder supremo iraní, el Ayatola Alí Jamenei.
A raíz de la profunda crisis energética por la que atraviesa la isla de Cuba, se ha vuelto tema de conversación recurrente en los círculos intelectuales y los análisis televisivos occidentales cuando remachan constantemente que esta situación ocurre única y exclusivamente por el mal gobierno cubano.
De acuerdo con el diario Business Recorder, tanto Rusia como China han mostrado disposición a respaldar la solicitud pakistaní.
El presidente cubano descartó que exista justificación alguna para una acción militar contra su país.
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.