Los mexicanos no debemos permitir que el imperialismo estadounidense se arrogue el derecho de venir a establecer leyes, juzgar e imponer sanciones, mediante la aplicación extraterritorial de sus normas.
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Artífices de la devastadora Segunda Guerra Mundial, hoy Alemania y Japón reabastecen sus arsenales tras calificar como “amenaza” a Rusia y China; lo hacen a costa del bienestar de sus ciudadanos y a favor de la geopolítica estadounidense.
“Amenazar” es un vocablo que se asocia al peligro; significa delito de intimidar al otro con un mal grave directo o para sus allegados, según el Diccionario de la Real Academia Española. Sin evidencia, el Occidente colectivo acusa a Rusia y China de “amenazar su seguridad”.
Tal falacia, construida por Estados Unidos (EE. UU) y sus aliados de la Unión Europea (UE), pretende justificar su perspectiva geopolítica para proyectar su gran potencial militar. Esa visión sí arriesga la seguridad mundial y al emergente orden multipolar internacional.
A nadie conviene multiplicar conflictos por todo el orbe, advirtió el presidente chino Xi Jinping a su homólogo estadounidense Donald Trump en su pasada cumbre, y menos avanzar hacia un conflicto entre las dos mayores potencias del planeta.
Sin embargo, la maquinaria político-mediática occidental insiste en subir la tensión con la noción de “países-amenaza” que legitime el uso de la fuerza. La historia recuerda que hace ocho décadas ese contexto favoreció el auge del ultranacionalismo alemán y el militarismo japonés.
Hoy, el mundo ve reconstruirse el eje militarista Berlín-Tokio, en su momento ambas fueron potencias expansionistas. Y ahora, ese ímpetu confirma que la seguridad de Europa se vincula también con la de la región Indo-Pacífico –ideada por EE. UU.– para contener la proyección de China.
En los años 30 del Siglo XX, la élite japonesa alentó la ideología Nihon gunkoku shugi, de que el militarismo domina la vida político-social. También entonces, las élites alemanas alentaban al ultranacionalismo que derivó en el nazifascismo y exacerbó el papel político de sus fuerzas armadas.
Tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial, se impuso a ambos el pacifismo, que no significó el fin del expansionismo de sus beligerantes élites, únicamente lo postergó. El capitalismo estadounidense, como mayor donador de Alemania y Japón –en quiebra–, les impuso la dependencia del exterior durante la posguerra.
Bajo sus términos, EE. UU. puntualizó cómo reconstruirían ambos su economía, a cambio de que se comprometieran a su total alineación política y a reprimir toda expresión de la izquierda (socialista o antihegemónica).
Con los fondos que fluían, las respectivas élites y clase política germana y nipona asumieron ese esquema de subordinación neocolonial. Entretanto, bajo el modelo de contención militar se construyó el andamiaje tecnológico-militar a disposición de EE. UU. y sus guerras alrededor del mundo.
Fue así como en los años 60, el mundo y no pocos mexicanos se fascinaron con el “milagro” alemán y la sorpresa tecnológica japonesa; pero se ocultó el deterioro socio-político que, en las sociedades respectivas, ocasionó ese largo neocolonialismo.
Hasta avanzado este siglo, en esos países surgen serias dificultades económicas y de gobernabilidad, cuando sus gobiernos giran hacia el armamentismo. Hoy, cuando los herederos de las antiguas cúpulas nipona y alemana reeditan su visión belicista para reposicionarse como potencias, resulta evidente que sus trabajadores pagan la crisis por esa dependencia del exterior.
El panorama luce delicado: el capitalismo corporativo pone sofisticados sistemas bélicos en manos de tropas, reclutadas entre los estratos más vulnerables de esas sociedades, para usarlos en guerras y conflictos contra otros trabajadores precarizados. En resumen, son armas contra los pobres y trabajadores del mundo para beneficio del capitalismo corporativo.
Ese cambio de paradigma refleja el alcance de tal cooperación intercapitalista, que convierte a los contratistas armamentistas –la mayoría en EE. UU.– en el sector más rentable del planeta. Por tanto, ese rearme representa el nuevo eje de la geopolítica estadounidense.
La Conferencia de Postdam de 1945 desmilitarizó a Alemania, recuerda la analista Róza Eperjesi. Y en 1947 fue integrada a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) creada para “Mantener a los soviéticos fuera, a EE. UU. dentro –de Europa– y a los alemanes a raya”, según su primer secretario, el británico Lord Ismay.
Tras ese periodo de pacifismo forzado, el 27 de febrero de 2022, el entonces canciller Olaf Scholz anunció que abandonaba la política de contención y adoptaba la Zeitenwende, es decir, la inflexión en política exterior y de seguridad en pos del protagonismo europeo con su rearme.
Tres días antes, Rusia había lanzado la Operación Militar Especial (OME) contra el neofascismo de Ucrania en el Donbás. Muchos ven detrás del Zeitenwende la reedición del militarismo alemán que Adolfo Hitler alentó con el delirio nazi del Tercer Reich.
El retorno al militarismo concreta la aspiración de las oligarquías y élites del país, herederas de las derrotadas por el Ejército Rojo soviético, para proyectar una vez más su afán por ser superpotencia. Y el muy cuestionado canciller Friedrich Merz aspira a concretar esa visión a costa de cientos de miles de alemanes que ya exigen su dimisión.
El rearme se dificulta por la crisis estructural de la economía alemana. En 2025, su Producto Interno Bruto (PIB) creció apenas 0.5 por ciento y el desempleo llegó a una tasa de 6.3 por ciento.
Financiar el rearme es intolerable para obreros, maestros, agricultores, transportistas y la clase trabajadora del país, preocupados porque hasta las calificadoras bajaron a la mitad las perspectivas de crecimiento para este 2026.
Scholz y Merz basan el rearme en dos falacias: la “invasión” rusa a Ucrania, y “el bloqueo” al Estrecho de Ormuz. Con ello ocultan su alineación al capitalismo corporativo que alentó las sanciones a Rusia, que los llevó a importar el caro y lejano combustible estadounidense.
En otras palabras, ha aumentado la dependencia geopolítica alemana hacia EE. UU. y se han elevado los costos de energía y materias primas. Sin embargo, Merz asegura que la Zeitenwende aumentará la influencia geopolítica del país, que liderará su autonomía estratégica y será coprotagonista en la defensa de Europa como “pivote militar”.
El rearme es una erogación colosal. Por presión de la OTAN y EE. UU., Alemania aporta 2.8 por ciento del PIB a la alianza y será de 3.5 por ciento en 2029. Además, entre 2026 y 2030 destinará 906 mil millones de dólares (mdd) a Defensa, más del doble que el quinquenio anterior.
Este 2026, el presupuesto al Bundeswehr (ejército) es de 177.6 mil mdd, más el Fondo Especial para Modernizarlo –115 mil 950 mdd–. Pronto, el presupuesto del Bundeswehr superará el de Reino Unido y Francia juntos.
Entretanto, se obliga a millones de trabajadores a vaciar sus bolsillos para sufragar altas tarifas por combustible de uso doméstico, transporte y fábricas. Las familias que padecen la elevada inflación y amago de recesión rechazan esa derrama en armas.
Es la clase trabajadora quien perdió fuentes de empleo con la ola de quiebras de empresas, que perdió su añejo estado de bienestar por el recorte de subsidios e inversión en salud y educación.
Por ello se ha erosionado la popularidad del canciller mientras avanza imparable el partido de ultraderecha, Alternativa para Alemania (AfD). En reacción, Merz ofrece que el rearme creará 10 mil nuevos empleos para el ejército y dos mil civiles; así su nómina total sería de 202 mil 483 militares más 77 mil 899 civiles, según la agencia DW.
Además, alista una nueva Ley de Servicio Militar que ofrece 20 mil puestos a soldados voluntarios bajo contrato temporal. Para las corporaciones, ese incremento presupuestal será la base de su prosperidad.
En el corto plazo se ofrece a todos aumentar ganancias, desde el líder fabricante de municiones, Rheinmetall, cuyas ventas escalaron drásticamente en 2025 y sus acciones superaron el 22 por ciento a las de sus homólogas europeas.
También esperan ver su era dorada las añejas firmas Messerschmitt-Bölkow-Blohm, Krupp y Diehl Defence; así como Euromissile, Krauss Maffei Wegmann (KMW), Airbus, y Heckler & Koch. Todas confían en recibir contratos del gobierno para una ruta de adquisiciones valuada en 377 mil mdd hasta 2030.
El gobierno acelera la contratación y despliegue de equipos de defensa que llegan al ámbito aeroespacial, un sector que vendió 41 mil 100 mdd, según el Informe del Mercado Aeroespacial y de Defensa 2025.
Cuando Donald Trump realizaba su segunda visita a China el 14 de mayo, el vocero del Ministerio chino de Relaciones Exteriores Guo Kiakun, llamaba a los “países amantes de la paz” y a los japoneses, a rechazar el plan de remilitarización que anunciaron sus autoridades.
Por ese cambio radical a su desarme obligado, tras su derrota en 1945, Japón duplicó su presupuesto en Defensa, adquiere armamento ofensivo (que llama de contraataque) y flexibiliza restricciones a la exportación de armas.
Aunque nueve mil kilómetros la separan de Japón, en 2019, Alemania lo designó “socio equivalente a la OTAN”, en 2020 le exportó armamento y en 2021 llegó al máximo su intercambio en Defensa e inteligencia.
Ese viraje del pacifismo obligado al militarismo tradicional tiene profundas implicaciones para su seguridad nacional, impacta en la región e internacionalmente. Los estrategas nipones justifican el rearme por la “preocupación ante la actividad militar de China, las pruebas de misiles de Norcorea y amenazas a la seguridad de Rusia”.
Ese nuevo enfoque pugna por derogar el Artículo 9 de la Constitución –redactada por EE. UU. como potencia ocupante en 1946 en solamente una semana–, que impone al país la renuncia expresa a la guerra, represión de su potencia militar-industrial y la formación de un Ejército.
Sin embargo, durante la Guerra fría, en plena guerra de Corea (1950-1953), Washington reactivó el militarismo japonés con la cobertura de “Fuerzas de Autodefensa” y pilar en la arquitectura de seguridad estadounidense en el Pacífico.
Aún bajo ocupación, las cúpulas niponas tuvieron capacidad para marcar una línea roja: ellos defenderían su territorio a cambio de no proyectar su poder al exterior ni exportar armas. Detrás del “milagro económico” japonés están múltiples firmas que nacieron en el militarismo. En la Segunda Guerra Mundial, Nikon fabricó periscopios de submarinos y el telémetro de 15 metros del acorazado Yamato (paradigma de la Armada); terminada la contienda, incursionó en las cámaras fotográficas.
Fujifilm, que produjo vidrio óptico militar y materiales para imágenes aéreas, se limitó a la película fotográfica para el público y a la industria farmacéutica. Y Nakajima Aircraft, coloso de la aviación bélica, que produjo 26 mil fuselajes, renació como Fuji Heavy Industries y luego como Subaru.
El ADN de la ingeniería militar japonesa no cambió, pero sí sus productos; lo que cambia no es la capacidad, sino la autorización proveniente del capitalismo estadounidense, revela el analista James Riney:
Este 2026, el presupuesto de Defensa de Japón alcanzó los 70 mil mdd, casi la media del dos por ciento del PIB que propone la OTAN y dos años antes de lo previsto. Tal esfuerzo resultó de que el gobierno designó a la Defensa como un sector estratégico en la economía del país.
En la elección de febrero, el derechista Partido Liberal Democrático (PLD) ganó 316 escaños en la Cámara de Representantes, con lo que supera los dos tercios para proponer una enmienda constitucional.
Esas fuerzas radicales quieren enmendar el Artículo 19 de la Constitución para posibilitar la denominada “autodefensa colectiva”. Si el Senado se opone, se lograría con asignaciones directas al presupuesto. Además, el rearme japonés avanza en el Legislativo, porque ya posee esa capacidad militar de la que discretamente han dependido por años sus aliados, como EE. UU.
Por ejemplo, desde diciembre de 2025 opera en Japón la tecnológica estadounidense Anduril, provista con decenas de firmas niponas que entraron así a la cadena de suministro de Defensa sin que nadie cuestionara tal esquema, denuncian observadores.
Hoy, el sector se reconvierte con drones, baterías y otros componentes hechos en Japón tras desbancar a sus proveedores chinos. Así sucedió con Baterías Toshiba y el dron estadounidense Kizuna.
Hoy, Japón eleva su gasto militar en 9.7 por ciento, el porcentaje del PIB más alto desde 1958 y, entre los países de Asia-Pacífico, es el que más recursos destina a capacidades militares avanzadas, según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI en inglés).
Entretanto, escala el descontento entre la población por ese desvío de recursos públicos que había prometido aliviar el deterioro de su poder adquisitivo y que, en cambio, redujo programas sociales, todo a favor del nuevo eje beligerante.
En marzo de 2026, el Ministro de Defensa de Japón, Shinjiro Koizumi, recibió a su homólogo alemán, el influyente Boris Pistorius, en la base naval de Yokosuka; ambos coincidieron en que la cooperación más importante es en el renglón de seguridad.
Detrás de esa visión ofensiva de las relaciones internacionales están los intereses geopolíticos de Washington y fuerzas imperialistas –corporaciones y élites locales– que avanzan para edificar una gran capacidad germano-japonesa contra Rusia y China.
Bajo el Acuerdo de Adquisición y Prestación de Servicios Recíprocos (ASCA), realizan ejercicios conjuntos entre la Armada, Fuerza Aérea y hasta servicios médicos. Japón mantiene otros ASCA con EE. UU., Australia, Canadá, Francia, Inglaterra, Italia e India.
Ése es el rearme de Alemania y Japón en medio de un caótico escenario mundial con guerras en puerta atizadas por la carrera intercapitalista hacia el control de recursos y mercados.
Rearme, reto a la democracia
El masivo rearme alemán, la Zeitenwende, deja atrás décadas de desarme y pacifismo para convertir al ejército (Bundeswehr)en la fuerza más poderosa de Europa hacia 2029. Supera lo militar, pues aspira a redefinir el lugar mundial de Alemania, aunque conserva su dependencia de la planificación en la OTAN y el apoyo de EE. UU.
Es también la modernización y reorientación industrial de automotrices y electrodomésticas hacia la tecnología de drones y avanzada Inteligencia Artificial (IA).
La Zeitenwende también supone un reto casi psicológico para el país obligado a la contención militar, recuerda el experto Grégoire Rooss. Ante ello, sus respectivas izquierdas –diluidas pero activas– advierten que esa escalada presupuestal irá con más medidas autoritarias, represión estatal al rechazo social con el veto a las libertades civiles y presagia el giro hacia la extrema derecha.
Para los trabajadores, ese amplio gasto en tecnología de Defensa, capacitación y blindaje representa la forma de alimentar conflictos y beneficiar a corporaciones a cambio de recortes sociales e intervenciones militares que nada les reportan.
Sin embargo, la coalición gobernante, con la Unión Demócrata Cristiano, la Unión Social Cristiana y Los Verdes, apoyan el rearme y a Ucrania; los rechazan el Partido Socialdemócrata y partidos de izquierda, que bloquearon la reedición del servicio militar obligatorio.
Ante esas cifras, el partido de izquierda Sozialistische Gleichheitspartei (SGP) alertó que el rearme únicamente sirve al resurgimiento de la ambición imperialista y significa un giro sistémico hacia la guerra.
El sondeo Gallup de 2025 reveló que los alemanes no están dispuestos a entrar en combate y que Alemania debía abstenerse de ser “líder internacional”.
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La Presidenta está en lo cierto, la soberanía, o lo que queda de ella, está en serio peligro.
No hay nada qué presumir, mucho menos qué defender: la estructura económica se encuentra endeble y a punto de colapsar.
Las historiadoras e historiadores también solemos pensar en pasados posibles de vez en cuando, no por ocio, sino para comprender los alcances de los individuos y las sociedades.
China intenta utilizar la planificación para determinar qué empleos se transformarán, de qué manera y a qué velocidad.
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.