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¿Dónde están los cinco jóvenes desaparecidos en Tierra Blanca?

 

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Darwin Franco

“Yo daría mis extremidades, mis brazos, mis piernas por la vida de los cinco muchachos. Yo daría mi vida por mi hijo… Si quienes los tienen están leyendo esto les pido que miren en los ojos de nuestros hijos a sus propios hijos, les pido que nos los regresen porque ellos apenas están haciendo su camino, su vida.

Yo les pido que nos los devuelvan porque nadie debe quitarles el hermoso derecho de vivir…”, estas palabras revestidas de amor fueron pronunciadas por Bernardo Benítez Herrera, padre de Bernardo Benítez Arroniz, uno de los cinco jóvenes que desaparecieron en Tierra Blanca, Veracruz, el pasado 11 de enero.

Bernardo Benítez Arroniz desapareció junto con José Benítez de la O, Mario Arturo Orozco Sánchez, Alfredo González Díaz y Susana Tapia Garibo. Todos ellos muchachos tranquilos, de casa. Muchachos que decidieron, como a diario lo hacen muchos otros jóvenes del país, salir a divertirse y, por ello, se trasladaron del municipio de Playa Vicente hacia el puerto de Veracruz donde pasaron el fin de semana.

El trayecto de regreso incluía su paso por el municipio de Tierra Blanca y fue ahí donde su viaje derivó en desgracia cuando una camioneta de la policía estatal de Veracruz comenzó a seguirlos hasta que los detuvo para realizarles una “revisión de rutina”.

La última imagen que se tiene de los cinco jóvenes, tras revelarse lo que grabaron las cámaras de seguridad del municipio de Tierra Blanca, es la de ellos resguardados dentro de la camioneta de la policía estatal. El carro de los muchachos, un Jetta color blanco aparece detrás siguiendo a los policías quienes –según su testimonio– entregaron a los cinco jóvenes a la delincuencia organizada; sin embargo, ninguno de los siete detenidos ha confesado por qué los desaparecieron y dónde los dejaron.

Lo que pasó en Tierra Blanca el 11 de enero es una desaparición forzada porque fueron ellos, los policías estatales, quienes directamente los desaparecieron ese medio día en Tierra Blanca, porque fueron elementos del estado con equipamiento público quienes decidieron darle la espalda a quienes juraron proteger.

Fueron ellos, quienes siguiendo órdenes directas o indirectas, optaron por desaparecerlos, pero también quienes han generado las condiciones para que en Veracruz y en Tierra Blanca, la policía responda a las órdenes del narco. Fueron todos los que a bordo de una patrulla, detrás de la comandancia, despachando en una fiscalía o declarando desde el Palacio de Gobierno, han ido tejiendo las redes de complicidad que permitieron la desaparición de los cinco de Playa Vicente y también la desaparición de otras 675 personas o, al menos, eso es lo que indican las cifras oficiales.

Sin embargo, la realidad es más dolorosa; organizaciones como el Colectivo Xalapa por la Paz han declarado que la cifra se eleva a más de mil desaparecidos. Sus familias no han presentado la denuncia por el riesgo que implica hacerlo en un estado dominado por el narcotráfico.
Y esto lo saben perfectamente los padres de los desaparecidos, porque ellos mismos han sufrido amenazas, ya que a muchos les incomoda que no bajen la voz y sigan en la exigencia de búsqueda y justicia para sus hijos. Los han amenazado porque, quizá, hay muchos que no desean que Tierra Blanca se compare con Iguala, Guerrero.

No obstante, todos sabemos que estamos frente al mismo fenómeno que el 26 de septiembre de 2014 provocó la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Estamos, lamentablemente, frente a la misma tragedia; en Veracruz, la policía también hace el trabajo sucio del narco. En Guerrero, los policías servían a Los Rojos; en Tierra Blanca, a Los Zetas.

Aunque nos duela esta historia, ya la hemos visto; en Iguala se detuvo a los implicados y a sus jefes, pero eso no se tradujo en la localización de los 43 estudiantes. En Iguala también se trató de minimizar el hecho y se criminalizó a las víctimas. Rl terror es el mismo en Veracruz y en Iguala. En ambos sitios el Estado es inexistente.

Pero también en Veracruz han surgido estrategias de contrapoder y extraordinarias muestras del amor que cinco familias profesan a sus hijos; ellas no dejan de luchar, de exigir, pero, sobre todo ,de creer que sus hijos regresarán a casa.

Eso es lo que Bernardo Benítez más desea; por ello no se separa de la Agencia del Ministerio Público de Tierra Blanca ni deja de contestar las llamadas telefónicas que recibe de la prensa: “nosotros lo que deseamos es tenerlos de regreso, las repercusiones sobre los detenidos compete a las autoridades porque para eso les estamos pagando; ellos son nuestros empleados.

Lo que yo deseo, lo que las familias deseamos, es que nos digan a dónde los llevaron porque hasta allá iremos por ellos. Ellos deben de volver, los deben de liberar porque aún les falta mucho por vivir…”