Roma (primera de dos partes) 

Roma retrata la vida de los mexicanos de origen indígena, en particular la de una mexicana de origen mixteco

COUSTEAU ...

2018-12-31
Ciudad de México

Hace unos días recibimos una muy triste, pero sobre todo indignante noticia: una niña guatemalteca de apenas siete años murió en manos de la policía fronteriza de Estados Unidos (EE. UU.); la niña indígena y su padre fueron capturados en la parte norteamericana de la frontera norte con México cuando cruzaban de forma ilegal hacia EE. UU. Su muerte ha despertado mucha indignación. Es evidente que la “migra” norteamericana no quiere explicar las causas del fallecimiento, dado que se evidenciaría con una terrible crudeza el bestial e inhumano trato que dispensan las fuerzas fronterizas del gobierno yanqui a los migrantes latinoamericanos; pero esto lo señalo, estimado lector, porque hoy el comentario es sobre la cinta Roma, de Alfonso Cuarón, quien a su forma y estilo aborda la problemática de las mujeres indígenas. 

Este realizador mexicano –ganador del Oscar en 2014 por su cinta Gravedad– retrata la vida de los mexicanos de origen indígena, en particular la de una mexicana de origen mixteco, cuya historia es una alegoría del México contemporáneo; una alegoría que muchos críticos de cine, comentaristas no especializados, personajes de la política, escritores, gente de los medios de comunicación, etc., no terminan de entender, pues para ellos resulta algo insospechado, por no decir superficial, su interpretación (no faltando aquellos que quieren apropiarse del mensaje del relizador). 

Recuerdo en estos momentos como un periodista radiofónico afirmaba que Roma “era una crítica a las personas que consideran a las sirvientas como de su propiedad”. Por supuesto que este opinante no tiene ni la menor comprensión del fondo de esa alegoría, que ha despertado variadas interpretaciones, como aquella que señala que Cuarón, al presentarnos como parte de esta historia la represión del 10 de junio de 1971, cuando miles de estudiantes marchaban exigiendo la libertad a los presos políticos que habían sido encarcelados –como consecuencia de su participación en el movimiento estudiantil de 1968–, fueron atacados violentamente por el nutrido, y bien adiestrado para reprimir, grupo paramilitar conocido como Los Halcones, que mató a varios estudiantes.