Asistencialismo como política de Estado

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador está planteando en el Presupuesto de Egresos de la Federación

Álvaro Ramírez

2018-12-10
Ciudad de México

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador está planteando en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para el Ejercicio Fiscal de 2019 –que deberá entregar a más tardar este 15 de diciembre– un plan meramente asistencialista como principal herramienta de Estado contra la pobreza, que en la realidad resultará apenas un paliativo y estará muy lejos de ser una solución.

Con un gasto en becas y pensiones de más de 213 mil millones de pesos, tan solo para el próximo año, privilegia la dádiva con tal de mantener bien aceitada su maquinaria de clientelismo electoral, en lugar de buscar soluciones productivas, generar empleo y un efectivo combate a la miseria.

Tiene como eje la entrega directa de dinero, con el que puede aliviar el hambre unos días, pero no creará desarrollo ni cambiará la realidad de los mexicanos.

En la lista de sus 25 programas prioritarios existe un paquete muy claro de apoyos diseñados para complacer a su base de potenciales votantes.

En contraparte, pocas acciones, al menos en lo que se ha anunciado, se encaminan al sector productivo.

Desde su primer año de gobierno se están proponiendo respaldos clientelares como eje de las políticas de desarrollo social que parecen encaminadas a mantener el número de pobres con que Enrique Peña Nieto entregó el país: 53.4 millones, apenas por debajo de la mitad de la cifra de los habitantes del país.

Veamos sus propuestas de apoyo a jóvenes, adultos mayores y personas con discapacidad:

Se duplicará la pensión para adultos mayores, a quienes se entregarán mil 245 pesos mensuales. Los beneficiados en 2019 serán alrededor de 5.4 millones de personas, que cada mes sumarán seis mil 723 millones de pesos (mdp) y al año 80 mil 676 mdp.

Las becas para un millón de personas con discapacidad, cada una por un monto de mil 245 pesos mensuales, significarán una erogación mensual superior a los mil 245 mdp y 14.4 mdp al año.

El programa “Jóvenes construyendo el futuro”, cuya meta será creciente, buscará al final de sexenio beneficiar a 15.5 millones de personas con seis programas, con los que lo mismo se otorgarán becas para estudiar, que apoyos a empresas que contraten trabajadores de entre 15 y 29 años. Solamente en 2019 costará un total de 109 mil 490 mdp.

Las becas para estudiantes del nivel medio superior, coloquialmente llamado “Becarios sí, Sicarios no”, serán mensuales con un monto de dos mil 400 pesos y se entregarán a unos 300 mil estudiantes pobres. El costo anual será de ocho mil 640 mdp.

Si bien esos sectores requieren efectivamente y merecen el respaldo económico, la visión asistencialista de AMLO no combatirá realmente la pobreza en el país y, al contrario, resulta simplista y a todas luces electorera.

Seguramente se presumirá que en el corto plazo muchos de los miles de beneficiarios salieron de la miseria extrema o de la alimentaria –ésa que impide a la gente acceder a lo más indispensable para comer– pero esos programas no generarán, a fin de cuentas, un México con menos pobreza.

En paralelo a esos programas, debería existir un esquema productivo en el campo y las ciudades para efectivamente llevar bienestar.

La figura metafórica que sugiere “enseñar a pescar en lugar de regalar pescado”, es decir, generando empleos y vías para mejorar el poder adquisitivo, no se cumplirá con la propuesta del tabasqueño de distribuir recursos públicos el próximo año.

Siendo crudos, esas becas, pensiones y apoyos económicos directos no son muy distintos del modelo anquilosado de gobiernos priistas y panistas, el priato, de regalar despensas. Con la Cuarta Transformación no hay ninguna innovación en absoluto en relación con lo que se ha venido haciendo durante décadas.

Esas medidas ocuparán buena parte de los recursos del PEF-2019, fuera del gasto corriente, pero terminarán por convertirse en eso: pagos ineludibles y dinero comprometido cada año, sin que además se apliquen esquemas que lleven a la reducción de la burocracia que se requiere para entregarlos y operarlos.

Es más: en algunos casos, como en el de los apoyos a estudiantes y jóvenes, se crearán nuevas oficinas, con directores y personal ex profeso, que hoy no existen. Mal comenzamos en ese rubro.