Tibia oposición ante el totalitarismo

Las bancadas lopezobradoristas no tienen contrapeso aritmético en las dos cámaras del Congreso de la Unión y por sí solas pueden aprobar reformas constitucionales

Álvaro Ramírez

2018-12-03
Ciudad de México

Las bancadas lopezobradoristas no tienen contrapeso aritmético en las dos cámaras del Congreso de la Unión y por sí solas pueden aprobar reformas constitucionales, que requieren de dos terceras partes de los votos; lo peor es que tampoco existen grupos parlamentarios que, con argumentos jurídicos, puedan hacer frente a la agenda mediática y a la dictadura legislativa de facto que la aplanadora ha impuesto.

Al parecer, hasta ahora la oposición, por factores internos y circunstancias externas, ha preferido mantenerse tibia, sin energía y no realizar acciones que vayan más allá del discurso en reclamo al respeto a las minorías y el reconocimiento a la pluralidad.

Ni panistas ni priistas parecen haber decidido si lanzarse de lleno a la confrontación o buscar una zona de confort en la negociación, a pesar de las amenazas y maltratos que les han propinado algunos legisladores afines al Presidente de la República. Ni la bancada del PAN, primera minoría, ni la del PRI, con el menor número de curules y escaños en su historia, han sabido presentar la batalla férrea que se requiere para la denuncia pública y el debate jurídico en lo que ellos mismos, con timidez y sin contundencia, llaman “atropellos”.

Una oposición débil no le sirve a México, menos aún en los tiempos en que un régimen totalitario avanza y no tiene anclas.

Luego de que, en el primer tramo de la actual LXIV Legislatura, los lopezobradoristas aprobaran reformas de fondo para preparar la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia, poco hicieron panistas y priistas para detener las irregularidades que aquéllos realizaron para aprobar cambios a la Ley de la Administración Pública Federal, con los que se crearon, entre otras,  la figura aparentemente anticonstitucional de los súper-delegados –que arrebata poder a los gobernadores democráticamente electos– y la Guardia Nacional que “militarizará” al país.

Los grupos parlamentarios del PRI y el PAN han encontrado en las tribunas de la Cámara Baja y el Senado de la República un espacio en el que sus quejas lastimeras operan como una suerte de catarsis, con la que sus discursos no han logrado trascender a otros niveles, como ha ocurrido hasta el cierre de esta entrega.

Salvo el anuncio de que interpondrán una controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) contra la figura de los súper-delegados –quienes restan autoridad, operatividad y mando administrativo y político a los mandatarios estatales y desde ahora son precandidatos a gobernadores del Movimiento Regeneración Nacional (Morena)– nada ha pasado en el Congreso de la Unión.

Falta contundencia y extraña que no exista, a pesar de que en cada uno de esos grupos legislativos hay políticos experimentados.

Sin embargo, hay una explicación al aparente consentimiento de panistas y priistas en asumirse como una oposición cómoda y con pocos destellos beligerantes. En el PAN, por ejemplo, el problema se halla en su división interna y la escasa habilidad de su nuevo presidente, Marko Cortés Mendoza, para sanar las heridas de sus legisladores tras los cambios en la dirigencia. Mientras en la Cámara de Diputados el coordinador panista Juan Carlos Romero Hicks no enfrentó grandes conflictos para ser ratificado, en el Senado se registró una ácida rebelión de emblemáticos albiazules contra la imposición de un expriista, Rafael Moreno Valle Rosas, como jefe de bancada, a pesar de su pasado oscuro, autoritario y traicionero como militante partidista y exgobernador de Puebla. Ahí el rompimiento fue manifiesto y el rechazo al poblano casi unánime, pero Cortés debió cumplir con un acuerdo derivado del apoyo que aquél le brindó en la campaña interna.

Rafael Moreno Valle Rosas es de quienes pueden esperarse negociaciones políticas con el nuevo régimen, porque él no está pensando en su partido, ni en su bancada, sino en su proyecto personal de convertirse en candidato presidencial del PAN en 2024. Así de claro; y por ello la abominación de sus compañeros.

En el PRI, ya sin el liderazgo de un Presidente de la República y con un enfrentamiento interno por la presidencia nacional partidista en el primer trimestre de 2019, la duda en torno a negociar o enfrentar al nuevo régimen deriva precisamente de la falta de una dirección política claramente definida.

Visto así, y mientras no lleguen las definiciones, la oposición seguirá siendo aplastada por las bancadas lopezobradoristas. El totalitarismo está en vías de consolidación.