El Enigma 21 de Sor Juana 

Si aceptamos con frecuencia que septiembre es “el mes de la Patria”

Tania Zapata Ortega

2018-11-26
Ciudad de México

Si aceptamos con frecuencia que septiembre es “el mes de la Patria”, sería de bastante provecho para divulgar la poesía mexicana promover que el mes de noviembre sea considerado “el mes de Sor Juana”. Con esta tercera entrega dedicada al Fénix de México, publicamos un último Enigma, hallado también en un viejo manuscrito, conservado en la Biblioteca Nacional de Lisboa, junto a otros 20 cuartetos octosílabos bajo el título Enigmas ofrecidos a la casa del placer. 

En este extenso poema de 72 versos octosílabos, la erudita, científica y poetisa mexicana invita a todos (cristianos, herejes, moros y judíos) a responder un solo Enigma. La respuesta es bastante más sencilla que en los 20 Enigmas precedentes, cultas “adivinanzas” cuya solución sigue siendo materia de debate en elevados círculos literarios. 

Heredera de una antiquísima tradición poética, conocedora de la supervivencia del mito grecolatino del niño alado, le concede a éste el privilegio de codearse con el mismísimo Dios e influir con él en el orden del universo, pese a ser, para la religión judeocristiana “una cosa sin cuerpo / sin manos, pies, ni cabeça”. 

Como seguramente nuestros lectores ya habrán adivinado la respuesta, esperamos que nos escriban de inmediato a www.buzos.com.mx diciéndonos de quién hablaba Sor Juana Inés de la Cruz en el Enigma 21. * 

 

Todo christiano me escuche 

qualquiera hereje me atienda, 

todo moro esté atento, 

y el judío el ojo alerta. 

A todos digo si hay 

quien contradizirme pueda 

aquesto, que les diré, 

que es toda la verdad mesma. 

Soy una cosa sin cuerpo, 

sin manos, pies, ni cabeça 

y cuanto Dios ha creado 

a mí se rinde y sujeta. 

Todos los quatro elementos 

saben tener obediencia 

sin ser Dios, ni poder serlo, 

ni cosa, que se parezca. 

Yo soy quien hizo baxar 

a Dios del cielo a la tierra 

y Dios se valió de mí 

en ocasiones diversas. 

Es Dios tan amigo mío 

que quando alguno me impetra, 

alcanzo del lo que quiero 

a muy poca resistencia. 

Los ángeles en la corte 

no me hacen resistencia: 

antes se huelgan, que yo 

tenga contratos con ella. 

Yo hago mudar los montes, 

el agua, que retroceda, 

el fuego vivo se apague, 

y el fuego muerto se encienda. 

Yo hago mudar los vientos 

de qualquier parte que vengan, 

como muchos marineros 

lo saben por experiencia. 

Hago, que una vara seca 

brote flor, y fruta nueva, 

que un árbol verde se seque, 

y que flor y fruto pierda. 

Yo soy quien a los leones 

hago amansar su fiereza, 

y que asistan con los hombres 

más humildes, que una oveja. 

Yo hago que un condenado 

por la justicia suprema, 

agrandando su justicia, 

se revoque la sentencia. 

Ahuyento los demonios, 

que vayan en mi presencia: 

porque en oyendo me hablar, 

se atemorizan y tiemblan. 

No es mi nombre Jesús 

ni es posible que lo sea: 

que vamos del uno al otro, 

quanto va del cielo a tierra. 

Las ánimas del purgatorio 

están siempre en vox perpetua 

pidiéndole a Dios que yo 

las saque de tantas penas. 

No soy el ángel custodio, 

ni de tan alta eminencia: 

aunque por muchas veces 

el mismo Dios me respeta. 

No quiero diziros más, 

aunque más dizir podiera: 

pero para conocerme 

bastante noticia es ésta. 

Todo lo dicho es verdad 

si alguno hay, que no crea, 

lugares de la scriptura 

me darán bastante prueba.  

 

(*) El ganador recibirá las Obras Completas de Sor Juana Inés de la Cruz. Edición y notas de Antonio Alatorre. Ed. FCE.