Cuba avanza inexorable hacia el futuro 

La Habana es una ciudad de calles sinuosas y poéticas: hay algo esperanzador en su orgullosa resistencia.

-Por Daniel Martínez Garbuno

2018-11-26
La Habana, Cuba

El pueblo cubano muestra con orgullo su potencia, su calidez y su futuro, aunque no puede ocultar los efectos de un bloqueo que ya dura 60 años. La Habana es una ciudad de calles sinuosas y poéticas: hay algo esperanzador en su orgullosa resistencia. El océano siempre está cerca, igual que los dos grandes fantasmas de los cubanos: Estados Unidos (EE. UU.) y la antigua Unión Soviética. 

"El socialismo es la única alternativa para seguir siendo libres e independientes", se lee en las paredes de una escuela de Matanzas, pequeña ciudad a una hora de distancia de la capital, famosa por ser el lugar de nacimiento de la Sonora Matancera. ¿Cómo viven los cubanos día a día en el país socialista que forjó Fidel Castro? 

Los vaivenes del pueblo para salir adelante 

"En este país solo hay tres tipos de violencia: los mojitos, la salsa y los habanos", dice Juan, taxista que ofrece llevarnos a una cooperativa tabacalera donde los trabajadores venden su producto a un precio menor que el de las tiendas oficiales. Y si eres mexicano, ¡mejor! 

 "¡Aquí corre la sangre latinoamericana!", exclama orgulloso mientras se golpea las venas del brazo derecho. “Si eres mexicano, seguro te hacen un descuentazo. Así que corre a la cooperativa o casa del campesino –dependiendo de quién te la ofrezca, hablando por lo bajo– porque ésta solo se pone dos veces al mes. “Y estás de suerte: hoy es el último día”, parece decir Juan, mientras nos acompaña, hablando maravillas de las ofertas de tabaco, de las rumbas nocturnas y el éxito del gobierno socialista. 

La ciudad

En la cooperativa con una mesa forrada de cajas con puros de distintas marcas. Ahí te explica, con la cadencia de un experto, los aromas a chocolate, las texturas que tiene un habano bien liado, los tipos, marcas y fábricas tabaqueras, así como cuáles eran los preferidos del Comandante y los otros dos grandes héroes nacionales: Cienfuegos y el Che.  

Luego te dice: "Hazme una oferta. Todo esto lo encuentras a 500 CUC (500 dólares) en los hoteles, para turistas. Te lo dejo a mitad de precio". El cubano es así: ante la necesidad, recurre al visitante; pero también es cariñoso, excelente persona, acomedido, feliz. Un bloqueo que dura ya seis décadas lo ha llevado a buscar fortuna de una u otra forma. 

Alberto, taxista de ojos azules, conduce un Moskvitch azul 1985, impulsado por un motor Nissan: un híbrido cubano creado por las necesidades de improvisación que el bloqueo comercial gringo impuso a la isla desde 1962, sin duda el reto más grande que Cuba enfrenta. Cuando Alberto consigue montar turistas en su vehículo para llevarlos del centro de La Habana al aeropuerto, puede ganar casi el doble de lo que obtendría en un mes. 

“La vida ha mejorado mucho a como estábamos en la década de los 90 –asegura María; es economista y realizó estudios en la Unión Soviética, en México, y realizó viajes de trabajo a Argentina. María recuerda que en los años 90, década conocida como el “periodo especial” la isla sufrió la más paupérrima de sus crisis, no había guerra, pero tampoco había comida, lo cual le permite diferenciar esos lapsos con base en la situación económica de su familia. Cuenta que la primera de sus hijas –nacida en el 83– disfrutó de todo, incluidos juguetes, ropa nueva y gran calidad de vida; pero la segunda, nacida en el 88, careció de todo lo que pudo tener su hermana mayor, ante la imposibilidad de sus padres de adquirir productos básicos, situación en la que se halló gran parte de la población.  

La Trilogía Sucia de La Habana, de Pedro Juan Gutiérrez, da una idea detallada de cómo fue la vida en la isla durante esos esos. De esta época provienen muchos de los mitos que rodean a Cuba: que los niños piden dulces; que el visitante debe llevar ropa y zapatos para regalar a la población; que existen tiendas para cubanos y tiendas para extranjeros; que hay mercado negro de dólares; que los cubanos buscan enamorar a los turistas como salida fácil a su miseria. Sin embargo, a casi 30 años de la caída de la Unión Soviética los mitos siguen siendo solamente eso: mitos. 

En su Informe de Cuba Contra el Bloqueo, el gobierno de la isla reveló que “los datos acumulados por el bloqueo durante casi seis décadas de aplicación alcanzan la cifra de 933 mil 678 millones de dólares, tomando en cuenta la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional. A precios corrientes, el bloqueo ha provocado perjuicios cuantificables por más de 134 mil 499 millones 800 mil dólares”. Tan solo en el año en que se elaboró el informe, las pérdidas económicas alcanzaron los cuatro mil 321 millones 200 mil dólares. 

El turismo

El socialismo ha dotado a la población de un mínimo estándar de vida, afirma María. “Aquí nadie se muere de hambre, nadie paga un peso para recibir atención médica de calidad y a nadie se le niega la oportunidad de estudiar hasta la universidad. Esto da como resultado que la población en Cuba tenga en promedio mejores estadísticas que la mexicana”. 

Además –añade– mientras que la esperanza de vida en México es de 77.12 años, en Cuba llega a 79.74 y es la más alta de la región latinoamericana. De igual forma, el índice de desarrollo humano, establecido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), coloca a la nación isleña en el puesto 73, uno delante de nuestro país. En este tenor, el Organismo también pone a Cuba en el puesto 62 de 180 en el Índice de la Percepción de la Corrupción, en tanto que México está ubicado en el 135. 

La tasa de alfabetismo en la Cuba posrevolucionaria es altísima, pues llega al 99.75 por ciento, de acuerdo con datos de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). En este rubro, México no tiene malas cifras, pero se halla detrás de la posición cubana con el 94.5 por ciento, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). 

Finalmente, la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), resalta las atenciones y los beneficios que gobierno socialista brinda a los niños cubanos: el índice de mortalidad en infantes menores de cinco años es de 5.5 (en México es de 14.6) y el trabajo infantil de niños de entre cinco y 14 años no existe en Cuba. En México la cifra alcanza el 12 por ciento. 

Los datos evidencian una realidad firme e incontrastable creada por el socialismo en Cuba: su sistema de seguridad social acoge a los 11 millones de habitantes de la isla y todos tienen la posibilidad de crecer sanos, salvos y estudiar una carrera universitaria. 

Pero el camino de los cubanos ha sido largo y pesado en las últimas tres décadas. De 2007 a la fecha, el salario medio en Cuba se ha incrementado en aproximadamente un 55 por ciento, pero su poder adquisitivo es 63 por ciento inferior al que tenía en 1989, poco antes de la desaparición de la Unión Soviética, cuando la isla caribeña aún era subsidiada por el Kremlin y contaba con diversos programas de protección social. 

El entrañable Fidel 

María no duda siquiera un momento en afirmar que el pueblo cubano quiere a Fidel. Sí, las cosas podrían mejorar muchísimo, pero el aporte de Fidel Castro al desarrollo de su nación es innegable. “Miles de cubanos, sin importar nuestro nivel económico, llegamos a ser médicos, abogados o lo que sea, gracias a las medidas del Comandante. Antes de 1959 esto hubiera sido imposible”, dice. 

Esta situación también es palpable en las calles: mientras que figuras como la de Ernesto Guevara El Che y Camilo Cienfuegos han cobrado un estatus mítico, el nombre y la figura de Fidel Castro poseen una consistencia de atleta y líder mayor –el Comandante– y un aura imbatible, permanente, omnipresente. 

Los niños

El 1º de noviembre de este año, tras la votación en contra del embargo a Cuba en la ONU, el diario Granma publicó un texto de Fidel que desplegó a siete columnas. A casi dos años de su muerte, él sigue presente. 

“Podríamos estar mejor, pero no nos falta de comer. Claro, nos gustaría que hubiera cambios, que tuviéramos más apertura, mejores salarios que nos permitan comprar cosas, viajar. ¡La vida es una! No queremos malvivirla”, dice María. 

Cuba es un país con enorme potencial económico y con un estilo de vida que para el visitante extranjero resulta relativamente barato –lo que un turista mexicano gasta en diversiones en la isla equivale a lo que gasta en su hogar en México– pese a que disfruta de playas hermosas, ciudades fotogénicas con mucha historia y gente simpática y afectuosa, buena parte de la cual se mantiene apartada del canon popular: la Revolución, que se lleva los titulares. 

Sobre el bloqueo económico contra Cuba –condenado en todo el mundo con votaciones reiteradas– el comentario popular es tajante: “Constituye una violación masiva, flagrante y sistemática de los derechos humanos de todo el pueblo cubano, además de que es un acto de genocidio y corrobora el objetivo del gobierno estadounidense de destruir el sistema económico, político y social libremente escogido por el pueblo cubano”. 

Y mientras la isla continúa su camino inexorable hacia el futuro con base en una igualdad socio-económica, el tema a dilucidar no es si podrá mejorar su situación económica, sino en qué tiempo lo logrará a partir de un estatus de desarrollo social que la Unicef ha reivindicado en numerosas ocasiones: que Cuba “es el único país latinoamericano sin desnutrición infantil, sin problemas por drogas, con la esperanza de vida más alta de América Latina, con una escolarización del cien por ciento y ningún niño viviendo en la calle”. 

La Cuidad