A dos meses de la tragedia, Peribán sin ayuda 

La tarde del 23 de septiembre, la vida de cientos de personas del municipio de Peribán cambió para siempre; una de las lluvias torrenciales más fuertes de los últimos años acabó con la vida de nueve personas.

Paola Mendoza

2018-11-19
Morelia, Michoacán

 Morelia, Michoacán.- La tarde del 23 de septiembre, la vida de cientos de personas del municipio de Peribán cambió para siempre; una de las lluvias torrenciales más fuertes de los últimos años acabó con la vida de nueve personas y con el patrimonio doméstico de más de un centenar de familias humildes. 

“Las casas se levantan, pero una vida ¿cuándo se vuelve a recuperar? Ni las personas que tienen su corazón herido… ¡Es pa’ volverse uno loco!, exclama María Gloria Lázaro Sandoval, vecina de la colonia Tirinditas en Peribán de Ramos, municipio situado en el occidente de Michoacán, a 171 km de la capital del estado. 

El domingo 23 de septiembre, Peribán se encontraba cubierto por grandes nubes que parecían cerrar el cielo. La lluvia comenzó a caer después de las cinco de la tarde; el agua caía moderadamente al principio, pero pasados unos minutos empezó a caer con mayor velocidad, las madres gritaron a sus pequeños que entraran a sus hogares, pero de repente ya no los vieron más. 

En poco tiempo, el torrente arrastró varios árboles, postes de luz, automóviles, destruyó calles, caminos y casas, provocando que el río Cutio y la represa Parástico se desbordaran. 

 “La gente no sabía lo que pasaba; unos estaban dormidos y otros viendo televisión; todo sucedió en cuestión de minutos…”, afirma Miguel Sevilla Carranza, hombre que sobrevivió a los embates de la corriente de agua y lodo. 

La Coordinación Estatal de Protección Civil ha señalado que el desbordamiento del río Cutio y la represa Parástico crearon corrientes de agua y lodo de hasta 58 litros por metro cuadrado, con una fuerza capaz de arrastrar todo tipo de objetos, incluidos troncos de árboles y viviendas completas. 

Afectaciones

El señor José García Torrero, El Peregrino, fue uno de los más afectados. La lluvia se llevó a sus tres nietos y a su hija. Dos de los nietos ya fueron encontrados sin vida, un varón y una mujer, ambos menores de edad. El cuerpo de su hija y su otra nieta sigue sin aparecer. 

Al menos 30 hogares quedaron completamente destruidos. Las colonias más afectadas fueron Tirinditas y Río Negro, que se ubicaban justamente a la orilla del río Cutio. El saldo de personas fallecidas fue de nueve, entre hombres, mujeres y niños de todas las edades. Se presume que el número de los damnificados asciende a más de mil. 

Sin embargo, para los vecinos de Peribán ni la torrencial lluvia ni el desbordamiento del Cutio y la represa Parástico fueron la causa de la inundación y la pérdida de vidas. Para ellos la razón principal es la desmedida explotación del suelo y la tala excesiva del bosque local por cuenta de los empresarios del aguacate. 

 

La culpa es de los aguacateros 

Para los habitantes de Peribán, la tala desmedida de los árboles endémicos desprotege a la región y la deja a merced de las lluvias “Antes… aunque sea, los arbolitos protegían, no le caía a uno el agua tan directo; pa’ eso están los bosques. Pero si ya no hay ni uno solo, ¿qué nos protege?”, pregunta Juan Martínez Esquivel, vecino de la comunidad. 

A la supresión de los bosques para dedicar las tierras al cultivo del aguacate se suma la contaminación en los ríos. Vecinos de la colonia Tirinditas aseguran que los agricultores tiran sus desechos de madera y otros residuos al río y que esto contribuye a que se estanque el agua y se desborden las represas. 

Alrededor de las colonias Tirinditas y Río Negro –las más afectadas– se encuentran al menos dos huertas de aguacate, ambas colocadas en la parte más alta de la colina. Hoy los huertos aguacateros continúan trabajando de manera regular porque la desgracia no los alcanzó.  

Familias afectadas

Hasta ahora ninguna autoridad municipal, ni ningún hortelano del sector aguacatero, han hablado para contradecir esta idea. Los aguacateros están en su mundo, peleando entre ellos por los precios, el mercado, realizando paros y exigiendo el libre tránsito de su producto de exportación. 

“Los que tiene huertas allá arriba avientan toda la palizada, porque había unos trozos muy grandes, leña y todo; eso provoco que se tapara el río, … Si ellos saben que son culpables de esto que pasó, por todo lo que ellos avientan, ora sí que no van a estar a gusto con su conciencia”, dijo la señora María Yolanda, vecina de la colonia Río Negro. 

El gobernador michoacano rectificó lo expresado por los vecinos de la comunidad. “Son muchos factores. Ese arroyo hace 30 años que no crecía, pero hace 30 años no estaban las huertas que están en toda la ladera de la falda del cerro de Peribán. Ahora en vez de tener un bosque de pino encino, que es un filtro y un mecanismo de transmisión de agua, ahora tenemos huertas de aguacate que lo que liberan es materiales como lodo”, aseguró. 

Por su parte, el presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), Víctor Manuel Serrato Lozano, dijo que es la venta de predios individuales destinados a la cosecha de aguacate una de las razones principales por las que las personas se asientan en zonas de riesgo.  Sin embargo, alrededor de las colonias Tirinditas y Río Negro se hallan al menos tres huertas de aguacate ubicadas en las calles más altas. 

 Con las más de 100 familias que perdieron sus bienes inmuebles y tres personas desaparecidas, los habitantes de Peribán de Ramos buscan algo que las ayude a recuperar la esperanza y la alegría en su comunidad. 

 

Sin materializarse el plan de acción federal  

Ante el conocimiento de la contingencia, la Presidencia de la República emitió instrucciones a la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) y a la subsecretaría de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación para que apoyaran en las labores de rescate en Peribán. 

“He dado indicaciones a @PcSegob de coordinarse con el gobierno estatal de Michoacán para atender el desbordamiento del río Cutio, en el municipio de Peribán. Elementos de @SEDENAmx ya se encuentran apoyando a la población afectada.”, posteó en sus redes sociales. 

Miles de perdidas

Tras la detección del problema, la Sedena anunció que personal de la 21 Zona Militar aplicaría el Plan DN-III-E –programa de auxilio creado en 1966 para atender el desastre que provocó el desbordamiento del río Panuco– y el personal militar acudió a ayudar a limpiar de lodo y agua las calles y las riadas de Peribán. 

Por su parte, el gobernador Silvano Aureoles Conejo llegó al día siguiente de la tromba y prometió a los damnificados la aplicación de un plan integral para reubicar las viviendas afectadas. También creó un Comité de Emergencias en el municipio con el que se pretendía dar pronta ayuda a los sectores más afectados y agilizar la búsqueda de las personas que se encontraban desaparecidas. Pero a dos meses de la tragedia, sus palabras siguen sin materializarse.  

“Si no nos resuelven, nos vamos a tener que ir a vivir al Auditorio”, dice García Torrero, quien no solo está destrozado por la desaparición de su hija y nieta y la muerte de dos de sus nietos, sino que, además, le preocupa quedarse sin patrimonio alguno luego de que su casa quedara destrozada. Una cinta roja que significa peligro rodea el lugar donde antes estaba su hogar. 

“Yo no quiero irme a trabajar porque me tumban la casa y no me van a dar nada. Le dije antier al policía que puso la cinta roja que por qué nos cerraban el paso si aún no nos van a reubicar. Me aventé casi tres años para juntar el dinero para fincar, pero los policías nada más vienen, tumban y se van”, cuenta José Trinidad, otro de los afectados. 

El gobierno de Aureoles Conejo prometió que no dejaría sola a la comunidad de Peribán, pero la falta de acción las autoridades estatales ha orillado a los vecinos a buscar otras alternativas para solucionar sus problemas. Algunos residentes de las colonias más afectadas esperan el cumplimento de la promesa de reubicarlas, pero otros comenzaron a despoblar la zona. 

Mi hijo ya hasta se quería salir, decía: ‘Mamá es que está muy feo’. Los que viven aquí ya nada más ven una lluvia y piensan que va a pasar lo peor”, comenta la señora María Gloria, quien sin embargo está consciente de que la vida no volverá a ser la misma en su comunidad, que las calles se ven diferentes y que los vecinos están tristes porque la ayuda prometida no ha llegado. 

Aún se encuentran desaparecidas tres personas; ante esta falta de resultados y los constantes reclamos de la población, el gobernador Aureoles Conejo aseguró que ello se debe a que existen dificultades topográficas y taludes de más de 100 metros de profundidad que impiden localizar a las víctimas. 

Las familias afectadas

El gobierno estatal espera que tras la evaluación, el lugar sea declarado zona de desastre para que así su administración tenga acceso a los recursos económicos del Fondo de Desastres Nacionales (Fonden) y pueda contribuir a la recuperación de daños en Peribán. Pero la evaluación no ha concluido y la promesa de reubicación sigue pendiente. 

La presidenta municipal de Peribán, Dora Belem Sánchez Orozco, aseguró que solo 22 de las más de 80 familias afectadas serían reubicadas con el argumento de que otras ya han sido beneficiadas con enseres domésticos –microondas, refrigeradores, colchones, roperos, entre otros– entregados por el gobierno estatal. 

Esta ayuda se otorgó en los primeros días de suscitada la tragedia y a partir de entonces el gobierno se olvidó de las víctimas, incluidas las tres personas desaparecidas y las 80 familias a las que se les prometió reubicar en una nueva vivienda. 

Tras la nula acción gubernamental, la desesperación se ha hecho presente; doña María Gloria mira con amargura los destrozos que el agua provocó en un santiamén: 

“Viera qué triste se ve la calle y todo; uno también se siente triste, pasamos y ya echamos de ver las familias aquí, los niños jugando… Ahora hay mucha tristeza”.