Alianza, derrota y pago de cuentas 

Los partidos derrotados en la última guerra sexenal se encuentran en una aguda crisis.

Redacción

2018-11-12
Ciudad de México

Los partidos derrotados en la última guerra sexenal se encuentran en una aguda crisis. Dos de ellos, aliados para vencer al partido gobernante, demostraron ser incapaces de derrotar al enemigo común, aún impulsando a sus militantes a votar por un mismo candidato. Solo pudieron conseguir el debilitamiento del Partido Revolucionario Institucional fortaleciendo con ello al Movimiento Regeneración Nacional (Morena), tercero en discordia. Hoy, a cuatro meses de los comicios y pocos días antes del advenimiento del partido triunfante, los antiguos aliados experimentan la división, el colapso provocado por las luchas internas por apoderarse del timón de su partido, aunque para esto fuera necesario desaparecer su antiguo nombre y cambiar su dirigencia, como se trasluce hasta ahora en el caso del Partido de la Revolución Democrática (PRD). 

Después de que la alianza entre el PRD y el Partido Acción Nacional (PAN) desembocara en una estrepitosa derrota electoral, se desató una lluvia de cuestionamientos y protestas entre las bases de ambos institutos políticos, que ha llegado hasta la denuncia de que sus dirigencias solo piensan en el beneficio individual, político y económico. 

Aunque la debacle parezca el resultado de la derrota electoral en la lucha por la Presidencia de la República y muchas otras posiciones políticas, lo cierto es que esta crisis ya se veía venir desde hace años. 

Las bases de ambos partidos quedaron conmocionadas ante el solo planteamiento de una posible alianza con su histórico antagonista como única vía para alcanzar el triunfo en la carrera hacia la Presidencia de la República; y cuando el acto se consumó, la inconformidad y la fragmentación comenzaron un ascenso que hoy parece alcanzar su punto más alto. 

La elección de la nueva dirigencia del PAN se efectuará dentro de unos días y la inconformidad de algunos grupos panistas con su excandidato presidencial ya se traduce en la disminución de la influencia de Ricardo Anaya, que difícilmente podrá controlar este instituto político, en el que algunos grupos muy antiguos de poder no desaprovecharán la oportunidad para relevarlo. 

El PRD está en decadencia, dividido y traicionado por uno de sus más distinguidos militantes, quien para satisfacer sus aspiraciones electoreras, fundara Morena arrastrando a la mayoría perredista. Hoy en el PRD, que se encuentra bajo la batuta de una de sus corrientes o “tribus” más desprestigiadas, ha llegado a filtrarse la intención de refundar el instituto político; pero esto no significaría retornar a sus antiguas raíces socialistas o comunistas, porque la dirigencia, y ése es el común denominador de todas sus facciones, hace tiempo abandonó las ideas revolucionarias que decía profesar y cada vez se acerca más a la ideología capitalista y, en los hechos, a las doctrinas imperialistas que dominan la escena internacional. 

La imposición de una alianza contra natura a las bases, los errores subsecuentes que esta alianza implicó y su rotundo fracaso, hoy pasan la factura a ambos partidos.