El miedo a lo rojo en Estados Unidos 

En la circunstancia actual de Estados Unidos (EE. UU.), en la que el uno por ciento más rico de la población

-Por Anaximandro Pérez

2018-11-05
Ciudad de México

En la circunstancia actual de Estados Unidos (EE. UU.), en la que el uno por ciento más rico de la población posee alrededor del 40 por ciento de la riqueza de ese país, David Smith, corresponsal del diario británico The Guardian, dedicó su columna a un reporte emitido hace poco por el Council of Economic Advisers de la Casa Blanca. Este documento, “casualmente” publicado en vísperas de las elecciones de los miembros del Congreso estadounidense, dice a la letra: “Coincidente con el 200° aniversario del nacimiento de Karl Marx, el socialismo está volviendo a presentarse en el discurso político americano. Propuestas políticas detalladas de socialistas autodeclarados están ganando apoyo en el Congreso y entre una parte del electorado” (traducción mía). 

El supuesto “socialismo” que denuncia el texto de la oficina de la Casa Blanca (dirigida por una republicana) consiste en algunas propuestas de campaña de los candidatos del Partido Demócrata relativas a la seguridad social; se trata señaladamente de un Medicare for all que costaría al erario varios miles de millones de dólares. Sin embargo, dice Smith, los propios demócratas se consideran a sí mismos “capitalistas”. De esta manera, sus propuestas de seguridad social son, más que socialistas, solo un recurso político para anular al oponente y ganarse al electorado perdido ante Donald Trump, y las acusaciones de “socialismo” son, a su vez, un recurso republicano para mantener fuerte su frente electoral. 

El subterfugio de ofrecer al socialismo como amenaza a los intereses de los estadounidenses fue utilizado en la Guerra Fría para revocar los logros de la clase obrera durante la aplicación de la política del new deal del expresidente Franklin D. Roosevelt. Según el historiador Josep Fontana, en los difíciles años de la crisis económica del año 29, los obreros se movilizaron vigorosamente contra los grandes capitales, de manera que hubo casos como la “huelga de Flint”, de diciembre de 1936 a febrero de 1937, que detuvo toda la producción de la General Motors. La combatividad obrera obligó a Roosevelt a negociar. Así, entre 1934 y 1935, además de la American Federation of Labor (AFL), sindicato de oficios, se creó el sindicato de fábrica llamado Congress of Industrial Organizations (CIO) con varios miles de afiliados, y se formuló una National Labor Relations Act (1935), que permitió “la sindicación de los trabajadores y la negociación colectiva”. Es decir, en ese periodo, las organizaciones obreras de EE. UU. lograron independencia y mayor peso político.  

Pero después de la Segunda Guerra Mundial vino la contraofensiva capitalista. Una fuerte propaganda ideológica, impulsada por el Estado y transmitida diariamente por televisión, radio y periódicos, indujo al pueblo estadounidense a creer que los soviéticos, a través de los pocos comunistas estadounidenses y los sindicatos combativos de los tiempos de Roosevelt, planeaban subvertir la sociedad y eliminar sus “libertades”. Los ciudadanos de ese país sintieron un “miedo rojo” y, gracias a ello, el Estado comenzó a deshacer las organizaciones sindicales independientes que oponían resistencia a los abusos de los empresarios, entre otras a la CIO, que fue perseguida enconadamente. 

Ese temor a “los rojos” permitió también que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) del gobierno estadounidense se deshicieran de los hombres que se oponían, de cualquier manera, así fuera superflua, a la expansión sin trabas de la “libre empresa”. En pocas palabras, la propaganda dio pie a que el miedo se convirtiera en repulsión y a que el pueblo de EE. UU. se mantuviera inerme e incluso aplaudiera las medidas de persecución y supresión contra “los rojos” que amenazaban el modo de vida de la Unión Americana. El Estado estadounidense volvió a ceñir férreamente el trabajo al capital. 

Ahora, en el contexto de las elecciones legislativas en puerta, puede pensarse que el planteamiento de Smith tiene validez y que el reporte acusatorio de la Casa Blanca es mera propaganda electoral. Sin embargo, ¿no será que la sociedad estadounidense, con cada vez más pobres y más carencias y con menos ricos con más riqueza, está saliéndose de control y a través de un nuevo “miedo rojo” el Estado busca cincharla y ponerla a merced de aquel uno por ciento?