La dictadura legislativa 

En apariencia, la LXIV Legislatura del Senado de la República ha comenzado sus trabajos a tambor batiente

-Por Álvaro Ramírez

2018-11-05
Ciudad de México

En apariencia, la LXIV Legislatura del Senado de la República ha comenzado sus trabajos a tambor batiente con la presentación, en apenas dos meses, de más de 130 iniciativas –exactamente 127 hasta el 25 de octubre– sobre 19 temas que se fijaron como prioritarios.  

Sin embargo, ninguna de esas propuestas tiene oportunidad de ser aprobada si la mayoría lopezobradorista del Congreso de la Unión no le otorga su aval.  

Es aritmética pura, como hemos dicho, los grupos parlamentarios del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y los partidos del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES) suman juntos la mayoría calificada necesaria para avalar reformas constitucionales. 

Esa mayoría ha acortado ya de 10 a cinco minutos el tiempo de las exposiciones de puntos de acuerdo e iniciativas en tribuna; restringido el acceso de las otras bancadas a los recursos materiales y humanos; se quedó con la mayor cantidad y las mejores comisiones legislativas y mantiene a raya y desoye en muchas ocasiones a sus opositores. Éstas son algunas de las características de lo que ocurre con la nueva conformación del Senado. 

En ambas cámaras hay una dictadura parlamentaria lopezobradorista. La democracia, incluso ponderada con base en el tamaño de cada grupo parlamentario, es simulada.  

Por ejemplo, se establecieron 19 temas prioritarios para la agenda que deberá desahogarse en este periodo, que puede alargarse hasta el último día de diciembre de 2018, pero tendrán prioridad los asuntos que le interesan a Morena-PT-PES. 

Los temas son, entre otros, reforma educativa, fuero constitucional, catálogo de delitos graves; seguridad pública y reforma policial; austeridad, democracia participativa, Fiscalía General, anticorrupción, fiscalización de recursos públicos y justicia laboral. 

La meta que se fijaron los lopezobradoristas es que las iniciativas que tienen que ver con la conformación del próximo gobierno y que implican reformas a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, sean aprobadas antes del 1º de diciembre para que cuando Andrés Manuel López Obrador asuma la Presidencia, estén instituidas legalmente la Secretaría de Seguridad Ciudadana, el Instituto de Pueblos Indígenas y la Secretaría de Bienestar Social. 

En este tema no se tomará siquiera la opinión de los otros grupos de las dos cámaras, principalmente los del PAN y el PRI, por más positivas que sean sus propuestas. Será una decisión exclusiva y unilateral de los morenistas. 

Una sola voz manda, anulando la naturaleza del Poder Legislativo, que se finca en el diálogo, la pluralidad y la legítima representatividad incluso de las minorías.  

Es, de facto, una dictadura en el Legislativo que, lamentablemente, puede reeditarse después con un totalitarismo del Ejecutivo. 

La manoseada Constitución 

A propósito de la mayoría casi absoluta del lopezobradorismo en el Congreso de la Unión, surge la reflexión sobre cuántas reformas más pudieran hacerse a la ya muy manoseada Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. 

En más de una ocasión se ha perfilado la conveniencia de erigir un Congreso Constituyente para generar una nueva Carta Magna, a fin de no hacerle más parches a la actual, pero éste podría ser el momento menos adecuado, por el totalitarismo que se avecina. 

Sin embargo, su numeralia es devastadora y la pinta como la Constitución más reformada del mundo. Un estudio del Instituto Belisario Domínguez del Senado (IBD) da cuenta que, de 1917 a la fecha, la Carta Magna ha sido reformada en 707 ocasiones. 

El documento Las reformas a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos apunta que, a diferencia a lo que sucede en otras democracias, las reformas constitucionales en México “han sido una constante”.  

Entre los ejemplos en contrario están la Constitución de los Estados Unidos, que desde que se promulgó en 1787 solamente ha tenido 27 enmiendas en 231 años; la española, de 1978, que ha sido reformada únicamente en tres ocasiones y la brasileña, también de 1978, que solo ha sido tocada por 70 decretos, desde su publicación. Ahí está el apunte para quien deba atender esa tarea.