Peña y el pañuelo de estación

Como en la analogía poética, que igual se aplica a hombres que a mujeres, Enrique Peña Nieto

-Por Álvaro Ramírez

2018-10-22
Ciudad de México

Como en la analogía poética, que igual se aplica a hombres que a mujeres, Enrique Peña Nieto ha comenzado en los pocos actos públicos que aún tiene a agitar el pañuelo de las despedidas, ese gesto nostálgico de quien se prepara a la irremediable partida, y que está presente en sus últimos días como Presidente de la República.

El saldo que el peñismo deja para México y su Partido Revolucionario Institucional (PRI), uno consecuencia del otro, es abrumadoramente negativo, aunque en lo particular sigo pensando que no es ni por asomo el peor primer mandatario que ha tenido el país.

Hace dos semanas, en Puebla, en la que con seguridad fue su última visita a la capital del estado, Enrique Peña Nieto expresó la melancolía por dejar el poder.

“Ha sido un privilegio para mí haberles acompañado a lo largo de estos ya casi seis años...”, dijo para rematar su alocución antes de la inauguración del 15º. Foro Global Agroalimentario 2018.

Por supuesto, en su participación y despedida de Puebla, entidad en donde siempre se le señaló por haber realizado presuntos negocios turbios con el exgobernador panista Rafael Moreno Valle Rosas, a costa de las obras y el erario, aseguró que el campo en su sexenio se fortaleció: “este gobierno entrega un sector agroalimentario en plena expansión, con los más altos niveles de producción y exportación en la historia”.

Y así serán sus discursos, triunfalistas, en las pocas oportunidades que aún tendrá en los poco más de 30 días que le quedan, y en los que de plano parece ya haber abdicado por completo a la Presidencia, pues se ha tirado a la hamaca y deja toda la agenda y todo el escenario al Presidente electo.

La realidad de sus resultados es otra. Peña es el Presidente peor calificado desde los años 80, en que Miguel de la Madrid ostentaba ese sitio, al que llegó con crisis recurrentes y desastrosas.

Deja sin cumplir el 80 por ciento de sus 266 compromisos de campaña; lega casi 10 millones de personas más en situación de pobreza extrema y más de 55 millones en pobreza, y una inflación del 6.59 por ciento en promedio.

Números rojos en empleo, seguridad pública, competitividad y educación, a pesar de que en la primera mitad de su gobierno se realizaron las tan anheladas reformas estructurales, que no sirvieron como se esperaba y cuya justificación al fracaso es que se verán sus beneficios en los próximos años.

La Reforma Energética, con la que sus impulsores ofrecían llevarnos al primer mundo, no solamente falló, sino que además incrementó el precio de los combustibles y la electricidad, cuando se supone que su principal cometido era disminuirlos.

En el terreno legislativo, el mexiquense dejará pendiente la reforma para reducir el número de integrantes de las dos cámaras del Congreso de la Unión, que resultó solamente una propuesta electorera, que no tenía intención de concretar; crear la Comisión Nacional Anticorrupción, en un sexenio en el que además abundaron estos casos; y avanzar en la transparencia, que aún no se concreta del todo en los funcionarios públicos, con respecto a sus patrimonios.

Aunque fue herencia del panista Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, el peñismo tampoco pudo con las tareas de seguridad pública, ni en el combate al crimen organizado.

Con una cifra que ronda los 250 mil asesinatos, el gobierno saliente supera las estadísticasd de Felipe Calderón.

En su torpeza e inocencia, el gobierno de Enrique Peña Nieto fue más abierto al diálogo con la oposición. Su autoritarismo, que lo tuvo, no fue de niveles petulantes y descarados, aunque no podemos decir lo mismo del robo a las arcas efectuado por funcionarios de todos los niveles.