Las encrucijadas de PAN y PRI 

Por la irrelevancia aritmética que tienen en las dos cámaras del Congreso de la Unión

Álvaro Ramírez

2018-10-15
Ciudad de México

Por la irrelevancia aritmética que tienen en las dos cámaras del Congreso de la Unión, en donde los grupos parlamentarios lopezobradoristas por sí solos suman mayorías calificadas para incluso aprobar reformas constitucionales sin siquiera voltearlos a ver, priistas y panistas en San Lázaro y el Senado de la República se debaten en el dilema de convertirse en bancadas sumisas o colaboracionistas con las de los partidos Movimiento Regeneración Nacional (Morena), del Trabajo y Encuentro Social para conseguir beneficios económicos, canonjías y transitar en una zona de confort; o ir al choque constante como una oposición firme y por momentos hasta beligerante. 

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), hay que reconocerlo, tiene más oficio y maña; pero en el Palacio Legislativo de San Lázaro apenas ocupa 47 curules, que representan el 9.4 por ciento de un total de 500. 

Los priistas podrían ser totalmente ignorados por la aplanadora morenista, que se ha comportado autoritaria y desdeñosa con sus colegas, les niega la voz, los limita en debates y los ningunea en la repartición de posiciones. Parece una especie de revancha por añejos rencores.  

Los votos del Grupo Parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados no alcanzan a incidir en ninguna votación, ni como mayoría simple (la mitad más uno), ni como mayoría calificada (las dos terceras partes del pleno camaral).  En el Senado es igual. Los priistas tienen 14 escaños, el 10.93 por ciento de un total de 128, mientras los grupos afines al Presidente electo suman 70.  

Para bien o para mal, los colmilludos coordinadores representan una ventaja para el tricolor: en la Cámara de Diputados, el exgobernador de Guerrero, René Juárez Cisneros; y el exsecretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong en el Senado. 

Históricamente, los priistas han mantenido una estrecha coordinación entre los grupos parlamentarios de las dos cámaras. Lo más probable es que el tricolor actúe sagazmente, anticipando beneficios y costos políticos y aprovechando cada coyuntura. Algunas veces estará con el lopezobradorismo y otras en franca oposición. 

Aunque las bancadas del Partido Acción Nacional (PAN), tienen más curules y escaños, tampoco son indispensables para la bancada hegemónica. 

Sus integrantes tienen menos capacidades para negociar y, encima, viven una etapa de disensos en casa, por la proximidad del relevo de su dirigencia, que podría dejar reminiscencias de escisiones intestinas que contaminen todo su paso por la LXIV Legislatura. 

En San Lázaro, los panistas son 79 y representan el 15.8 por ciento, mientras en el Senado llegan a 24 escaños, que representan el 18.75 por ciento, cifra también irrelevante a la hora de las votaciones. 

En los grupos parlamentarios del PAN también hay sectores que proponen ir en sintonía con los lopezobradoristas para generar una alianza que les permita negociar prebendas. 

Esa corriente de pensamiento la encabeza el exgobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas, quien además busca desbancar al actual coordinador, Damián Zepeda Vidales, y opera soterradamente alianzas en el contexto de la próxima elección del presidente del Comité Ejecutivo Nacional de su partido. 

En contraparte están quienes desean una conducta “digna” de oposición que puntualmente señale y combata los excesos y yerros en que seguramente caerá la mayoría parlamentaria, como ya está cayendo el lopezobradorismo entero antes de haber llegado al Gobierno Federal: el Presidente de la República, gobernadores, funcionarios, alcaldes y un largo etcétera de quienes conforman la nueva clase política hegemónica. 

A diferencia del PRI, es previsible que los panistas se mantengan consistentes en cualquiera de las posiciones que adopten frente a la mayoría calificada lopezobradorista en el Congreso de la Unión. 

Lo deseable para el país es que PAN y PRI mantengan una posición crítica y argumentada ante la mal llamada Cuarta Transformación, que amaga con convertirse en una Presidencia dictatorial, con una mayoría legislativa sorda a la oposición y autoritaria en sus acciones.