Teatro crítico universal, de Benito Jerónimo Feijoo (I de III)

Benito Jerónimo Feijoo Montenegro (Orense, Galicia, 1676 - Oviedo, Asturias, 1764)

-Por Ángel Trejo

2018-10-08
Ciudad de México

Benito Jerónimo Feijoo Montenegro (Orense, Galicia, 1676 - Oviedo, Asturias, 1764) fue considerado el escritor y filósofo español más relevante del siglo XVIII, así como el fundador del racionalismo hispánico. Autor tardío –comenzó a publicar a los 48 años– tuvo un objetivo didáctico cultural encomiable: combatir toda suerte de creencias vulgares, supersticiones y milagros, y promover el método científico en la investigación de la realidad física, social y política. Feijoo publicó 118 ensayos entre 1726 y 1740 y 163 cartas “eruditas y curiosas entre 1642 y 1760, que en conjunto integraron 14 tomos de notorio impacto editorial y polémico en España, Portugal, Francia, Inglaterra, Alemania e Italia. Pese a su ministerio católico –monje benedictino y teólogo– Feijoo apeló a los conocimientos recientes de más de 20 ciencias (matemáticas, astronomía, física, química, medicina, etc) a fin de discurrir sobre los asuntos más comunes y controvertidos de su tiempo.

Por ejemplo, en un ensayo dedicado a revisar el antiguo aforismo latino vox populi, vox deivoz del pueblo, voz de Dios- Feijoo dice de entrada que esta proposición es errónea, porque pretende atribuirla a la divinidad solo porque se apoya en las opiniones de mucha gente y no en el peso de un análisis filosófico serio, congruente y específico. “Los ignorantes, por ser muchos, no dejan de ser ignorantes”, dice, para luego ponerse a criticar creencias, mitos, “milagros” y aún propuestas científicas perentorias. “Los conceptos que el entendimiento forma de las cosas son como las figuras cuadriláteras, que solo de un modo pueden ser regulares, pero de innumerables modos pueden ser irregulares o trapecias, como las llaman los matemáticos. Cada cuerpo en su especie, solo por una medida puede salir rectamente organizado, pero en otras infinitas puede salir monstruoso. Solo de un modo puede acertar: errar de infinitos”.

En el pasado remoto, explicó, la “mentira, el perjurio, el adulterio, el homicidio, el robo, en todos los vicios, lograron la aprobación general en algunas naciones. Entre los antiguos germanos el robo hacía al usurpador legítimo dueño de lo que burlaba. Los hérulos, pueblo antiguo poco distante del mar Báltico, aunque su situación no se sabe de punto fijo, mataban a todos los enfermos y viejos y no permitían a las mujeres sobrevivir a sus maridos. Más bárbaros aún los caspianos, pueblos de la Escitia, encarcelaban y hacían morir de hambre a sus propios padres cuando llegaban a edad avanzada ¿Qué deformidades no ejecutarían unos pueblos de Etiopía que, según Eliano, tenían por rey a un perro, siendo este bruto, con sus gestos y movimientos, regla de todas sus acciones?”.

Feijoo solo se excusaba del rigor científico en temas donde los dogmas de su religión estaban de por medio o cuando criticaba a otras creencias, y su avanzado pensamiento racionalista –que le permitió defender la igualdad de la mujer frente al hombre en el siglo XVIII– estaba a la altura de un Miguel de Cervantes, un Mateo Alemán o un Francisco de Quevedo.