Poesía

GARCILASO DE LA VEGA nació en la imperial ciudad de Toledo, en 1503 y murió el 14 de octubre de 1536.

-Por Redacción

2018-10-08
Ciudad de México

GARCILASO DE LA VEGA nació en la imperial ciudad de Toledo, en 1503 y murió el 14 de octubre de 1536. Eminente poeta, gran señor por su familia como por su ingenio, le correspondió por la elevada alcurnia de su casa el hábito de la orden de Alcántara. Desde muy joven siguió las banderas del Emperador Carlos V, mostrando tales bríos y arrestos, que pronto se distinguió entre todos sus compañeros. Estuvo en casi todos los grandes hechos de armas de aquel glorioso reinado, habiéndose lucido particularmente en la defensa de Viena y en el sitio de Túnez, donde fue herido. Entonces se volvió a Nápoles, donde a pesar de sus eminentes servicios cayó en desgracia ante el Emperador, por lo cual fue desterrado a una de las islas del Danubio, que con tanto donaire había de cantar. Mas no tardó en volver a la gracia del Emperador, dado que poco después le acompañaba en su expedición al Piamonte, en cuyo ejército tenía bajo su mando once banderas de infantería. Una vez derrotados los franceses y cuando ya se veían en retirada forzosa, el Emperador perseguía y daba caza; en esta operación ordenó la toma de una torre que se hallaba en un lugar cerca de Frejus, donde se defendían unos cincuenta franceses; Garcilaso fue de los primeros en subir, cayendo herido de una pedrada en la cabeza; lleváronle de allí a Niza, donde solo sobrevivió veinte días, muriendo a los treinta y tres años de edad. El Emperador, indignado por la pérdida de uno de sus primeros oficiales, que tan joven era y tanto prometía, hizo pasar a cuchillo a todos aquellos franceses que le habían muerto. Pero si lo corto de su vida le impidió dar de sí todo lo que para la gloria de las armas habría podido, no fue ella tan corta para las letras; ya en vida suya había recibido el título, que la posteridad le ha confirmado, de Príncipe de los poetas castellanos. Sus obras eran conocidas de todo el mundo, y su autoridad tal, que el mismo Cervantes, que no tenía sobrada propensión al elogio, le consideraba como una de las más indiscutibles glorias de las letras patrias. Así, cuando el Licenciado Vidriera se partió para Italia, «los muchos libros que tenía los redujo a unas Horas de Nuestra Señora y un Garcilaso sin comento, que en las dos faldriqueras llevaba». Es decir, que al ingenioso licenciado le era imposible separarse de su gran poeta favorito. Otros autores han sido más o menos discutidos, y hasta se les ha negado que fuesen verdaderos poetas, y solo versificadores hábiles; pero la fama y renombre de Garcilaso han sido siempre y son de los más puros e indiscutidos. Es el primero de los poetas líricos castellanos, sin duda alguna, y representa por sí mismo uno de los géneros más en boga en nuestra literatura: el género bucólico, en el cultivo del cual llegó a tal altura que por nadie ha sido alcanzado. Antología de los mejores poetas castellanos, Rafael Mesa y López. 

 

 

CUANDO ME PARO A CONTEMPLAR MI ESTADO

Cuando me paro a contemplar mi estado

y a ver los pasos por do me ha traído,

hallo, según por do anduve perdido,

que a mayor mal pudiera haber llegado.

 

Mas cuando del camino estó olvidado,

a tanto mal no sé por do he venido;

sé que me acabo, y más he yo sentido

ver acabar conmigo mi cuidado.

 

Yo acabaré, que me entregué sin arte

a quien sabrá perderme y acabarme

si ella quisiere, y aun sabrá querello;

 

que pues mi voluntad puede matarme,

la suya, que no es tanto de mi parte,

pudiendo, ¿qué hará sino hacello?

OH DULCES PRENDAS POR MI MAL HALLADAS

¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas.

 

¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas en que tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

 

Pues en un hora junto me llevastes
todo el bien que por término me distes,
llevadme junto al mal que me dejastes.

 

Si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes, porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

 

EN TANTO QUE DE ROSA Y AZUCENA

En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

enciende el corazón y lo refrena;

 

y en tanto que el cabello, que en la vena

del oro se escogió, con vuelo presto,

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena:

 

coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto, antes que el tiempo airado

cubra de nieve la hermosa cumbre;

 

marchitará la rosa el viento helado,

todo lo mudará la edad ligera

por no hacer mudanza en su costumbre.

SI PARA REFRENAR ESTE DESEO

Si para refrenar este deseo

loco, imposible, vano, temeroso,

y guarecer de un mal tan peligroso,

que es darme a entender yo lo que no creo.

 

 No me aprovecha verme cual me veo,

o muy aventurado o muy medroso,

en tanta confusión que nunca oso

fiar el mal de mí que lo poseo.

 

¿Qué me ha de aprovechar ver la pintura

de aquél que con las alas derretidas

cayendo, fama y nombre al mar ha dado,

 

y la del que su fuego y su locura

llora entre aquellas plantas conocidas

apenas en el agua resfrïado?

A DAFNE YA LOS BRAZOS LE CRECÍAN

A Dafne ya los brazos le crecían

y en luengos ramos vueltos se mostraban;

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos qu’el oro escurecían.

 

De áspera corteza se cubrían

los tiernos miembros que aun bullendo ‘staban;

los blancos pies en tierra se hincaban

y en torcidas raíces se volvían.

 

Aquel que fue la causa de tal daño,

a fuerza de llorar, crecer hacía

este árbol, que con lágrimas regaba.

 

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,

que con llorarla crezca cada día

la causa y la razón por que lloraba!

 

ESTOY CONTINUO EN LÁGRIMAS BAÑADO

Estoy continuo en lágrimas bañado,
rompiendo el aire siempre con sospiros;
y más me duele el no osar deciros
que he llegado por vos a tal estado.

 

que viéndome do estoy, y lo que he andado

por el camino estrecho de seguiros,

si me quiero tornar para huiros,

desmayo, viendo atrás lo que he dejado.

 

Y si quiero subir a la alta cumbre,

a cada paso espántanme en la vía,

ejemplos tristes de los que han caído.

 

Sobre todo, me falta ya la lumbre

de la esperanza, con que andar solía

por la oscura región de vuestro olvido.