A 51 años de silencio. La muerte del Che Guevara

Puebla, Puebla.- Tras considerar que es tiempo de decir la verdad, el doctor Moisés Abraham Baptista reveló que el informe de la segunda autopsia al Che Guevara en octubre de 1967, la que oficialmente dio a conocer el Alto Mando Militar de Bolivia

-Por Leticia Montagner García/Raúl Torres

2018-10-08
Ciudad de México

Puebla, Puebla.- Tras considerar que es tiempo de decir la verdad, el doctor Moisés Abraham Baptista reveló que el informe de la segunda autopsia al Che Guevara en octubre de 1967, la que oficialmente dio a conocer el Alto Mando Militar de Bolivia fue inventada por él, debido a que recibió una orden superior.

El Che Guevara fue asesinado el 9 de octubre de 1967 en el poblado La Higuera, distante 60 kilómetros de Vallegrande, Bolivia.

La orden de hacer el cambio del informe la dio el general Juan José Torres, quien  en 1967 fungía como Jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Bolivia y después Presidente de la República en 1970, asesinado en Argentina en 1976.

Desde los 50 años de la muerte del legendario guerrillero, Ernesto Guevara, mejor conocido como el Che, y ahora en el aniversario 51, el doctor Moisés Abraham Baptista, quien fungía en 1967 como director del Hospital Señor de Malta en Vallegrande, Bolivia, se ha decidido a hablar con amplitud de todos los sucesos que rodearon la captura, la muerte y la autopsia del Che Guevara.

En ese tiempo, Abraham fue habilitado como subteniente del ejército, pues le ordenaron atender a las tropas que desde principios de 1967 llegaron a la zona boliviana para rastrear y enfrentar a la guerrilla del Che Guevara.

El medico boliviano nacionalizado mexicano, revela además, que tiene en su poder la camisa color caqui, llena de sangre, del mítico guerrillero cubano-argentino. Esa prenda que ha estado guardada en cajas de seguridad de bancos y lugares seguros, revela cómo fue asesinado el Che Guevara.

El doctor que atendió al Che

La información anterior destaca en el libro “Yo Hice la Autopsia del Che Guevara…” que en coautoría realizaron los periodistas Leticia Montagner García y Raúl Torres Salmerón, que condensan la historia del doctor nacido en Sucre en 1939 y reconocido en Puebla como uno de los mejores oncólogos. El libro no ha sido publicado aún.

Sobre los informes de la autopsia, comentó: “Luego de la primera revisión del cadáver, en la primera autopsia, declaré ante la prensa internacional que el Che había sido ejecutado básicamente de un disparo al corazón. Ante la divergencia  de informaciones que por una parte dio el Ejército en Vallegrande en el sentido de que había sido capturado y otra información que el Ministerio de Defensa, en el sentido de que el Che había muerto en combate, me dieron la orden de negarlo y elaborar una nueva versión.

El doctor Abraham Baptista guardó silencio durante 50 años y es el único que faltaba de hablar sobre el entorno de la muerte del Che Guevara. Ya lo hicieron en libros sobre la cacería y muerte del Che Guevara, autores extranjeros de todas las nacionalidades, los militares bolivianos que lo capturaron, se publicaron los diarios de los guerrilleros sobrevivientes y las declaraciones de los disidentes, se han escrito libros por los historiadores y biógrafos del Che, incluso los agentes de la CIA y los periodistas bolivianos.

A lo largo de este tiempo, el doctor Abraham solamente y de forma muy parca ha concedido dos entrevistas. A los 30 años de la muerte de Guevara, habló para el programa de televisión del canal 2 de México, Hoy Mismo del periodista Guillermo Ochoa y a los 40 años con Leticia Montagner en una entrevista para el diario Milenio.

A la distancia, finalmente se decidió a hablar con toda la amplitud  el único médico sobreviviente y actor de los hechos. El libro está basado en una profunda entrevista, así como en una exhaustiva investigación de los hechos.

Le detención del Che

La llegada del cuerpo del Che a Vallegrande

El médico describe los hechos a la llegada del cuerpo inerme del Che al aeropuerto de Vallegrande,  la tarde del 9 de octubre, donde lo esperó y trasladó en una furgoneta Chevrolet de su propiedad de color blanco. No era una ambulancia, aclara.

A gran velocidad, acompañado del agente de la CIA, Félix Rodríguez, entró al Hospital Señor de Malta. Otro agente de la CIA, Gustavo Villoldo ya los esperaba. Unos soldados depositaron el cuerpo en la lavandería, alejada 150 metros de la estructura principal del nosocomio.

De inmediato revisó el cadáver y le inyectó formalina para preservarlo, tanta que muchos que visitaban la lavandería para observar el cuerpo del Che, se tapaban la nariz con su pañuelo.

Comenta que el cuerpo tenía mucha sangre, sobre todo en la espalda donde tenía una herida grande de unos 20 centímetros, hecha probablemente con una culata de un fusil, un machete o una bayoneta. Así lo remataron, argumenta. También tenía un balazo en el corazón de abajo hacia arriba que le privó la vida, es decir le dispararon estando en el suelo.

Durante el combate en el Vado del Churo, cerca de La Higuera, el Che fue herido en sedal en el codo y en la pierna, asegura.

Horas antes, los soldados habían depositado en la lavandería, los cuerpos de dos guerrilleros muertos. Nadie les prestaba atención. Eran  Juan Pablo Chang Navarro, alias Chino y el boliviano Simón Cuba, alias Willy. Los soldados quisieron impedir el paso de la gente que llegaba del aeropuerto y no pudieron.

Había militares de alto rango presentes y los agentes de la CIA; el teniente coronel Andrés Selich, comandante del Regimiento Pando de Ingenieros Militares; el capitán Mario Vargas Salinas, adscrito a la Octava División del Ejército y quien había liquidado a la segunda columna del Che; el coronel Joaquín Zenteno Anaya, comandante de la Octava División del Ejército; el coronel Roberto “Toto” Quintanilla, Jefe de los Servicios de Inteligencia del Ministerio del Interior, entre otros. Cuando disminuyeron las visitas de vallegrandinos, las enfermeras y el doctor Abraham lavaron el cuerpo del Che, le recortaron el pelo y lo vistieron con el torso desnudo. Incluso llegó el Presidente de Bolivia, René Barrientos en una visita rápida y secreta.

También llegó el 10 de octubre, un avión fletado por las autoridades militares desde La Paz, con corresponsales bolivianos y extranjeros.

La CIA y su atroz decisión 

Por la noche del día 10 de octubre hubo una gran discusión. El Alto Mando Militar Boliviano  ordenó tener pruebas contundentes de que se trataba del Che Guevara y sugirió se cortara la cabeza.

Sin ser tan rígido como lo era, “Toto” Quintanilla dijo que la CIA quería cortar la cabeza del Che como prueba inequívoca de su muerte. Lo respaldaron Selich y Vargas Salinas.

El doctor Abraham se opuso argumentando razones médicas y éticas. Sorprendentemente, Félix Rodríguez lo apoyó y dijo que era una medida salvaje. El médico sugirió el corte de las manos para tener las huellas digitales.

Al final acordaron hacerlo de ese modo. La conclusión de los ahí reunidos no se consultó a nadie, solamente le cortaron las manos y quedaron sobre un escritorio, donde antes colocaron un periódico.

El corte de las manos y la mascarilla

Después, la mayoría de los presentes se retiró. Quien cortó las manos, dirigido por el doctor Moisés Abraham, fue “Toto” Quintanilla, el mismo que  ordenó hacerle una mascarilla. Solamente estaba Gustavo Villoldo.

La mascarilla la hizo sin tener el material adecuado. Usó cera de las velas que prendían en la noche porque no había alumbrado eléctrico, además de gasa de dentista y vaselina.

Al quitarla, a la mascarilla se le adhirieron pedazos de piel, el pelo, las cejas y pestañas, la barba y el bigote. La cara del Che era impresionante. Villoldo le tomó fotos para la CIA a la mascarilla y al Che.

Después le ordenaron que se retirara, no pudo dormir y al acudir al hospital muy temprano al otro día, el cuerpo ya no estaba. La pileta estaba vacía y como testigo mudo de los hechos, la camisa del Che que escondió en la parte baja de atrás de la pileta, cuando se la quitó.

La recogió, la envolvió en un periódico, la guardó en su cuarto del hospital, después la llevó a la casa donde vivía en Vallegrande y posteriormente a su casa en Sucre y al final a Puebla, México.

La prenda ensangrentada

Invitación y reto a las autoridades cubanas

Al final de la entrevista, el doctor Abraham reta e invita al gobierno de Cuba a resolver la duda de si los restos hallados en el viejo aeropuerto de Vallegrande, Bolivia, actualmente depositados en el Mausoleo de Santa Clara en Cuba, son efectivamente del Che Guevara.

La camisa con la sangre del Che puede comprobar mediante exámenes de ADN si son los restos con los de Santa Clara. Además hace hincapié en que el reporte oficial de la segunda autopsia es falso e inventado. Los expertos argentinos y cubanos que encontraron los restos de los guerrilleros en Vallegrande en 1977, dijeron que las heridas de los huesos hallados se adecuaban a dicho reporte.

Agrega que es simple el asunto, pues además del examen de ADN, hay que comparar las heridas de la camisa en su poder y el falso dictamen que elaboró, donde no se anota la hora de la muerte del Che, ni detalla el tipo de balas, ni la distancia de los disparos.

Durante 50 años, el doctor Moisés Abraham Baptista, nacido en Sucre, Bolivia, guardó silencio, documentos, fotos e información sobre la muerte de Ernesto Guevara. Es la hora de decir la verdad sobre cómo murió el Che Guevara, sentencia finalmente.