Un año exigiendo justicia para Manuel Hernández Pasión

Huitzilan de Serdán, Puebla.- A Manuel Hernández Pasión lo mataron por la antorcha que enarbolaba. El asesinato del expresidente municipal de Huitzilan de Serdán y su escolta, Juventino Torres Melquiades, cumple este 10 de octubre un año de impunidad.

-Por Alvaro Ramírez/ Diana Segovia

2018-10-08
Ciudad de México

Huitzilan de Serdán, Puebla.- A Manuel Hernández Pasión lo mataron por la antorcha que enarbolaba. El asesinato del expresidente municipal de Huitzilan de Serdán y su escolta, Juventino Torres Melquiades, cumple este 10 de octubre un año de impunidad e injusticia, pues, a pesar de haber varias pruebas e indicios que señalan a los responsables intelectuales del crimen, la Fiscalía de Puebla dio carpetazo a la investigación, dando por archivado uno de los tantos crímenes políticos que se han registrado en la entidad poblana.

En Huitzilan de Serdán llueve, se respira nostalgia, y, es que un pueblo educado una vez que se le lastima, asimila los hechos, pero no olvida el daño que los poderosos, dueños de las tierras, explotadores, caciques siembran con su actuar cotidiano. Este municipio de verdes abundantes, de pájaros cantores, de sueños y aspiraciones, ha sufrido y ha vivido los estragos causados por las armas que defienden los intereses de las minorías.

Los indígenas que aquí habitan nunca olvidarán la muerte de un gran hombre; un gigante que luchaba y encabezaba las demandas de los menos amparados. Manuel Hernández Pasión es para todos ellos un ejemplo a seguir, por su entrega y su decisión a combatir el hambre, la falta de vivienda, de salud y, ante todo, por su decisión a sacar de la ignorancia a los ancianos, jóvenes y niños que creyeron en su palabra de camarada y hermano de lucha.

Con cariño, Beatriz González Hernández, esposa, amiga y compañera de lucha de Manuel, relata a buzos los días en que su esposo recibía desde las cinco de la mañana en la puerta de su humilde hogar, a los habitantes de Huitzilan de Serdán y de pueblos aledaños; escuchaba los problemas más íntimos que cada uno tenía, les tendía su mano amiga para orientarlos y aliviar las penurias que los aquejaban.

El cariño del pueblo

El pequeño hogar de la pareja guarda en el interior una peculiar mezcla de olor a libros desgatados por el arduo repaso de las líneas subrayadas y de un penetrante café recién hecho; que hacen que uno se imagine a Manuel Hernández Pasión cuando este aún se desvivía en la mesa del rincón de su modesta sala, que se encuentra junto a un librero abarrotado de textos, extrayendo de los grandes pensadores del marxismo y de la filosofía occidental, los argumentos que mejor defendieran de la opresión del cacicazgo aún existente, a las familias humildes y desprotegidas de su tierra natal.

A Manuel Hernández Pasión lo mataron por la antorcha que enarbolaba, pues generó escozor entre los poderosos de la región. En el marco de los preparativos del 35 Aniversario del Movimiento Antorchista en la Serra Nororiental, evento al que asistirían 50 mil indígenas. Manuel fue acribillado con armas tipo AR-15 y 9 milímetros, según los casquillos encontrados por las Fiscalía. Eran las cuatro de la tarde con 25 minutos del 10 de octubre de 2017.

Desde 2015, el entonces presidente municipal de Huitzilan era víctima de amenazas mortales por parte de los caciques de la Sierra Norte poblana. A pesar de que las intimidaciones fueron denunciadas ante las autoridades encargadas de impartir justicia y a la opinión pública, la Fiscalía General del Estado (FGE) y el gobierno poblano no tomaron cartas en el asunto.

La amenaza más abierta le llegó a Manuel a través del diario poblano La Jornada de Oriente en su edición del 12 de enero del 2016, cuando el periódico reprodujo las palabras de Alonso Aco Cortés. “Por último les decimos, con todo el respeto que se merecen: cuídense mucho, no vaya a ser que alguien de ustedes aparezca por ahí muerto o malherido para inculpar a otros”, en alusión al trabajo que realizaba Manuel Hernández como presidente municipal y militante de la organización Antorcha Campesina.

El vocero del Antorcha en Puebla, Aquiles Montaño Brito, escribió entonces sobre este tema: “más claro ni el agua: una amenaza de muerte en forma y con destinatario (…) Las amenazas que el señor Alonso Aco lanza contra nosotros en La Jornada de Oriente no deben ser desestimadas por el Gobierno de Puebla y la nueva Fiscalía General del Estado; no se trata de una bravata de cantina echada al aire sin pensar”.

Durante los casi dos años posteriores a esta declaración mediática, continuaron los ataques y amenazas veladas a través de los medios. Estas declaraciones también recogieron las voces del sacerdote José Martín Hernández y del Comité de Huitzilan, órgano en el que se agruparon los opositores de Hernández Pasión y de la lucha que enarbolaba.

Juan Manuel Celis Aguirre, dirigente del Movimiento Antorchista en Puebla, aseguró a este semanario que a pesar de todas las denuncias hechas y la evidencia, la FGE no se preocupó por investigarlas ni darles seguimiento, “incluso varias denuncias fueron archivadas por la dependencia”, confirmó.

Celis Aguirre aseguró que la FGE tuvo conocimiento de por lo menos 10 amenazas y atentados en contra de dirigentes antorchistas en Puebla, registrados desde 2014. Hoy, cuatro años después de levantadas las denuncias y un año después de haber sido perpetrado el crimen, la FGE solo ha detenido a Pablo Daniel Aparicio Lobato y Cristian Lobato Toral, sobrino y primo, respectivamente, de Guillermo Lobato Toral, presidente municipal de Zacapoaxtla, municipio vecino a Huitzilan.

Manuel Hernández Pasión

Los habitantes de Huitzilan, los líderes del Movimiento Antorchista y los deudos de los dos difuntos, han exigido a la FGE que indague la relación de los detenidos con Guillermo Lobato Toral (quien dejará el cargo el próximo 14 de octubre), y también la relación del empresario del café e integrante de Morena, Marco Alonso Aco Cortés, con el homicidio de Manuel; pero la exigencia no ha prosperado.

Más de 40 años de persecución y muerte

El asesinato de Hernández Pasión no es un suceso aislado; el nombre de Huitzilan de Serdán es conocido por todo el territorio nacional desde 1984, cuando la prensa del país registró la ola de violencia, el éxodo y la entrada del ejército a este municipio para garantizar el regreso y la vida pacífica de sus pobladores.

Sin embargo, las matanzas y la violencia suscitadas en este municipio datan de 10 años antes de este registro hemerográfico, o sea, en 1974. El periódico local La Opinión de la Mañana registró que, durante varios años, los campesinos nahuas habían sido víctimas de trabajos forzados, multas y encarcelamientos injustos por parte de las autoridades municipales, que para ese entonces se alternaban las cuatro familias más ricas de la zona: los Bonilla, provenientes de Tetela de Ocampo, los Aco, originarios de Chignahuapan, los Vázquez y los Carballo.

“Los obligan a trabajar de sol a sol, y al que se oponía lo golpeaban hasta asesinarlo por medio del capataz. Los terratenientes violaban a las mujeres que querían o las que estaban por casarse, y a los hombres los hacían cargarse bultos de mazorca o 100 tejas para ver si aguantaban…”, cita el medio.

Ante esta realidad, cuentan los pobladores, los campesinos deciden organizarse con la Unión Campesina Independiente (UCI), liderada por Eleazar Pérez Manzano. Esta organización les prometió las consignas revolucionarias: “la tierra para quien la trabaja” y “muerte a los caciques”. Por lo que, en 1978, los campesinos huitziltecos, armados y envalentonados, toman los predios Talcuaco, Ocotal, Tatempan y Taxocoya.

Filiberto Hernández, originario de este municipio y testigo de los hechos, cuenta a buzos que esto provocó la ira de los caciques quienes decidieron contratar “pistoleros” para oponer resistencia a los armados de la UCI. Ahí comenzó la matazón: “pero luego, los de la UCI, se voltearon, se unieron a los pistoleros de los caciques y comenzaron a matar a los del pueblo, a los indígenas”, narra don Moisés González Lira, otro testigo de los violentos acontecimientos.

No hay una cifra exacta de cuántos muertos se registraron de 1974 a 1984; la lista más cercana suma poco más de 150, según datos oficiales, pero los campesinos aseguran que fueron más los asesinatos y violaciones registradas. “Tuvimos que ir a buscar ayuda afuera, fuimos a Tecomatlán para pedir el apoyo de Antorcha porque ni el gobierno del estado ni los otros partidos nos hicieron caso”, aseguró González Lira.

En 1984, luego del éxodo de más de la mitad del pueblo, los crímenes y la impunidad en la zona, los indígenas nahuas, junto con el Movimiento Antorchista lograron la intervención del ejército que restituyó el Estado de Derecho a los lugareños. Sin embargo, los caciques, revitalizados con los “pistoleros” de la UCI, no se quedaron conformes, por lo que las amenazas y los asesinatos continúan presentándose con cierta frecuencia.

Desde 1983 a la fecha se ha registrado el asesinato de cuatro presidentes municipales de Huitzilan, humildes indígenas todos: Francisco Luna Gobierno, Ignacio Gómez Cipriano, José Ramírez Velázquez Gobierno y, hace solo un año, el de Manuel Hernández Pasión.

El pueblo de Huitzilan clama justicia

Lo mataron los enemigos del progreso

Hernández Pasión no dormía por escribir artículos sobre la situación latente que atraviesa México. Como muestra de cariño a sus raíces, pasaba horas en su pequeña sala-estudio, traduciendo los textos de intelectuales y economistas, actuales y clásicos, a su lengua materna, el náhuatl, esto con el fin de que nadie que lo escuchara se quedara sin entender el mensaje libertador en el que creían y que lo caracterizó desde muy pequeño.

Pero su trabajo iba más allá de la formulación de artículos o discursos a favor de los desprotegidos. Manuel Hernández Pasión materializó sus palabras en obras de educación, cultura, deporte, salud, vivienda, redes de drenaje y luz, entre otras cosas. Durante los casi cuatro años de su administración, aplicó recursos por poco más de 638 millones de pesos en obras y servicios, entre ellos la construcción de una unidad deportiva y una casa de cultura, pavimentaciones de calles y caminos, mejoramiento de la estructura educativa, y aplicación de servicios básicos.

Tan solo el primer año de su gestión –y con la ayuda de los diputados federales del Movimiento Antorchista– realizó una inversión histórica de 275 millones 596 mil 905 pesos, con lo que logró generar 473 empleos permanentes y mil 570 temporales en el municipio serrano.

“Nos arrebataron a una persona que defendió a su pueblo de los enemigos del progreso”, aseguró Silvia Hernández, hermana del líder náhuatl, quien asegura que Manuel, el afable joven de 35 años, siempre se mostró respetuoso y accesible con todos sus correligionarios porque sabía que su papel era de colaboración.

La fidelidad de su pueblo lo acompaña hasta su lecho de muerte, prueba de ello es que en el pasado proceso electoral, a pesar de la fuerte ola morenista, los indígenas de Huitzilan volvieron a elegir a un líder antorchista como su presidente municipal, Delfino Bonilla Ángel, continuador del legado de Manuel.

Gran deuda de justicia

Homero Aguirre Enríquez, vocero nacional del Movimiento Antorchista, fijó la posición de su organización con la sentencia contundente de que hay una deuda de las autoridades del gobierno del estado con Manuel Hernández, con sus deudos, con los habitantes de Huitzilan de Serdán y con sus compañeros de lucha.

“La justicia poblana tiene pendiente decirnos quién lo ordenó, quién pagó, quién orquestó a los asesinos (del alcalde y su escolta), cuáles fueron los movimientos de protección y que dieron como resultado que desapareciera Manuel Hernández Pasión, quien era un líder muy importante del antorchismo en la Sierra Norte de Puebla y, por lo tanto, un objetivo de los grupos caciquiles, que nunca se han resignado a la presencia de una organización auténticamente popular en lo que consideran su territorio”, expuso Aguirre Enríquez en un video en redes sociales.

El lugar del crimen

“Como resultado de la presión social que se desató, fueron detenidos dos individuos, presuntos autores materiales que están tras las rejas, pero la justicia no nos ha dicho, no ha contestado cuál es exactamente la relación de esos dos individuos con el alcalde de Zacapoaxtla, Guillermo Lobato Toral. ¿Cuál fue la participación de  Guillermo Lobato Toral en el homicidio?”, cuestiona el vocero de Antorcha.

Por su parte, Saadi García Córdova, líder antorchista en Huitzilan, mencionó que desde un inicio las autoridades adoptaron una actitud desinteresada para proceder con el arresto de los asesinos materiales e intelectuales del expresidente municipal. “Los asesinos materiales nunca se ocultaron, prácticamente como si hubiera sido una especie de asesinato planeado, fraguado y ejecutado con la complacencia y con la protección de padrinos políticos poderosos, como si ellos pudieran decidir a quien matar sin recibir castigo”, señaló. 

Aseguró que a pesar de que la Fiscalía presentó a dos detenidos, no ha sido suficiente, ya que las autoridades encargadas de dar justicia han “maniobrado” a través de la prensa al declarar que el asesinato de Manuel Hernández Pasión fue un “robo a mano armada”. Sin embargo, la postura de Antorcha es que el asesinato es un evidente “crimen político: les aseguraron la vida a los criminales, eso hacen los padrinos políticos poderosos, que también tienen nombres y apellidos”.

“Nosotros tenemos derecho a suponer que la FGE y el Gobierno del Estado no tienen interés en concluir las investigaciones, no sabemos nada al respecto, si algo hicieron o están haciendo, a nosotros no se nos da a conocer, y por lo tanto suponemos que no se está realizando una investigación con el fin de dar castigo a los asesinos intelectuales de un hombre que además ejercía un cargo público y que lo venía desarrollando con responsabilidad y con éxito”, afirmó a buzos Saadi García.

El martes 10 de octubre está convocada una concentración de 15 mil huitziltecos para recordar el legado de Manuel Hernández Pasión y acompañar a su familia al panteón. Para Saadi, este acto representa la unión y conciencia del pueblo huitzilteco: “Vamos, todos, hombro con hombro a demostrarle a los asesinos de Manuel y al cacicazgo que vamos a seguir exigiendo justicia. Su muerte solo provocará el nacimiento de otros jóvenes que, como Manuel, van a luchar por el progreso y desarrollo de su pueblo”.