UN ESTUDIANTÓN EXTRAVAGANTE, ENTRE BRUJO, ASTRÓLOGO Y DIABLO

En la introducción de su autobiografía reseñada aquí hace una semana –Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras de Diego de Torres Villarroel–

-Por Redacción

2018-10-02
Ciudad de México

En la introducción de su autobiografía reseñada aquí hace una semana –Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras de Diego de Torres Villarroel– resalta un párrafo grande en el que este autor español del siglo XVIII (Salamanca 1693-1770), muestra en pocas líneas los principales rasgos de su prosa: “La pobreza, la mocedad, lo desentonado de mi aprehensión, lo ridículo de mi estudio, mis almanaques, mis coplas y mis enemigos, me han hecho hombre de novela, un estudiantón extravagante y un escolar, entre brujo y astrólogo, con visos de diablo y perspectivas de hechicero. Los tontos, que pican en eruditos, me sacan y meten en sus conversaciones; y en los estrados y las cocinas, detrás de un aforismo del calendario, me ingieren una ridícula quijotada y me pegan un par de aventuras descomunales; y, por mi desgracia y por su gusto, ando entre las gentes hecho un mamarracho, cubierto con el sayo que se les antoja, y con los parches e hisopadas de sus negras noticias. Paso entre los que me conocen y me ignoran, me abominan y me saludan por un Guzmán de Alfarache, un Gregorio Guadaña y un Lázaro de Tormes; y ni soy éste, ni aquél, ni el otro; y por vida mía, que se ha de saber quién soy. Yo quiero meterme en corro; y ya que cualquiera monigote presumido se toma de mí murmuración, murmuremos a medias, que yo lo puedo hacer con más verdad y con menos injusticia y escándalo que todos. Sígase la conversación y crea después el mundo a quien quisiere”.

En otro párrafo de su autobiografía, correspondiente al quinto trozo (capítulo), el Gran Piscator de Salamanca confiesa con radiante cinismo y mucha generosidad: “Tengan sabido mis desafectos que yo sé algo; es verdad que es muy poquito; pero esto poco me sobra y me embaraza. Unos pingajos que tengo de medicina no los he menester para nada, porque ni la vendo ni la tomo ni la doy ni la aconsejo. Algunos arrapiezos de la física que agarré en los filósofos, ni los uso ni los persuado ni los necesito, porque estoy cierto de que en ellos no hay verdad, conveniencia ni capacidad en que se pueda revolver un ochavo de cominos. Otras raspas de jurisprudencia, que no sé dónde me han pegado, me sobran más que todo lo demás, porque ni armo pleitos ni los recibo, ni ofendo ni me defiendo: paz conmigo y quietud con todo el mundo es la ley que me he puesto, y a los demás les bajo la cabeza, doblo la rodilla y procuro guardar sin interpretaciones ni comentos. La matemática, la música, la poesía y otras pataratas que andan también conmigo, se las daré a cualquier por menos de seis maravedís; de modo que, quedándome yo con mis zurrapas astrológicas, que me dan de comer sin daño de tercero, y me divierten sin perjuicio de cuarto, todo lo demás ni me sirve ni me aprovecha ni lo estimo, y el que quisiere cargar con ello, me hará una gran honra en quitármelo de encima”…Otros libros de Torres Villarroel muy apreciados por su humor y agudeza son dos textos de ensayo: Barca de Aqueronte, Viaje fantástico  y Los desahucios del mundo y en la gloria.