NERUDA: ARTISTA DEL PUEBLO

Latinoamérica ha engendrado a grandes hombres, uno de ellos fue Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, mejor conocido como Pablo Neruda.

-Por Redacción

2018-10-02
Ciudad de México

Latinoamérica ha engendrado a grandes hombres, uno de ellos fue Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, mejor conocido como Pablo Neruda. Nació en Parral, Chile, en 1904; dos meses después de su nacimiento, su madre falleció a causa de la tuberculosis. Cuando el poeta tenía dos años, su padre se mudó a Temuco, ciudad que marcó en grado importante su primera poesía: “Temuco significó toda la realidad y todo el misterio del mundo para mi larga infancia”.

Él mismo reconoce dos grandes etapas en su creación poética: “Al sur de mi poesía está la soledad; al norte, el pueblo. La soledad es la madre de mi primera poesía”, y no es difícil deducir quién le dio las herramientas y el amor para dar vida a su producción posterior: el pueblo.

Sus primeras fuentes de inspiración: Cándida Marverde, su madrastra (“ángel tutelar de mi infancia”), a quien escribió su primer poema cuando todavía era un niño; el bosque chileno, cuyos lagos, montañas y ríos, le mostraron el valor de su tierra y su silencio: “De aquellas tierras, de aquel barro, de aquel silencio, he salido yo a andar, a cantar por el mundo”; sus primeros acercamientos al “amor”; su participación en la Federación de Estudiantes en la Universidad de Santiago; sus amigos de juventud, poetas con mayor o menor camino recorrido que él; luego vendría la política.

El poeta y su poesía tenían hambre de algo más y salieron a buscarlo a tierras lejanas. Neruda fue cónsul en Rangún, Birmania y en muchas ciudades más. Su estancia en el oriente le dio paisajes, mujeres, colores, sabores; la soledad lo seguía acompañando, seguía siendo el Neruda de la primera etapa.

Su “segunda poesía” se gestó en España, al lado de grandes amigos: Federico García Lorca, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Ramón Gómez de la Serna, entre otros. Fue la Guerra Civil Española la que marcó, de forma definitiva, el rumbo que había de tomar nuestro poeta, y con él, su poesía. El asesinato de Lorca, el encarcelamiento de tantos amigos y conocidos con quienes compartía ideas, muertes e injusticia encendieron en él la chispa de la que brotó la llama del comunismo. Es cierto que Neruda ingresó al Partido Comunista algunos años después, en Chile, pero él mismo afirma que se definió como comunista durante la Guerra Civil en España.

Al regresar a Chile ya no fue el mismo: su poesía sonaba de otra manera y se fue perfeccionando conforme el sufrimiento ajeno le iba doliendo cada vez más. Ya no solo escribió poesía, se hizo miembro activo del Partido Comunista y su labor política exigió de él mucho sacrificio. Sufrió la censura, el bloqueo a su trabajo y el exilio, pero todo lo soportó con la fuerza que solo da la seguridad de estar del lado correcto: el del pueblo.

“Me tocó padecer y luchar, amar y cantar; me tocaron en el reparto del mundo, el triunfo y la derrota, probé el gusto del pan y el de la sangre. ¿Qué más quiere un poeta?... Y si muchos premios he alcanzado, premios fugaces como mariposas de polen fugitivo, he alcanzado un premio mayor, un premio que muchos desdeñan pero que es en realidad para muchos inalcanzable… He llegado a ser poeta de mi pueblo”.

Neruda cantó para los oprimidos, los explotados del mundo y de la historia. ¿Qué más podría desear un artista, que no fuera la altura a la que llegó este gigante? Su ejemplo es grande, y si entre los lectores hay alguien que se dedique al arte, solo puedo decirle: vuela, crece y canta, como él. Sé una cumbre. Eso sí, siempre como él, del lado del pueblo.