UN ARRANQUE DE CORCHOLATAZOS

A pesar de los temas urgentes del país –cambios sustanciales en el marco jurídico para combatir la pobreza

Redacción

2018-10-02
Ciudad de México

A pesar de los temas urgentes del país –cambios sustanciales en el marco jurídico para combatir la pobreza, quitar los fueros, mejorar el andamiaje de los derechos laborales, humanos, educativos y de justicia– la LXIV Legislatura del Congreso de la Unión, que inició sus trabajos el pasado primero de septiembre, se ha dedicado a resolver asuntos que en el ámbito parlamentario son lo más insustancial y casi sin importancia: los corcholatazos.

Hasta el cierre de esta entrega, los nuevos diputados y senadores de todos los partidos han estado más ocupados en sus disputas políticas, la búsqueda del lucimiento personal y la presentación de asuntos de poca relevancia, en lugar de atender los temas fundamentales que deberían ser el eje de sus agendas legislativas.

No hay en este momento una sola iniciativa importante que haya sido aprobada o siquiera discutida a fondo y con seriedad, a pesar de que se quedaron varios asuntos pendientes del anterior ejercicio.

Basta ver los temas que en cada sesión se agendan en los órdenes del día de la Cámara de Diputados y el Senado de la República, para decepcionarnos del comienzo de la que se ofreció como una gran legislatura y durará hasta 2021.

Sin embargo, ni por equivocación han sido sacadas de la “congeladora”, que dejaron los anteriores legisladores, iniciativas relevantes como la que propone la eliminación de los fueros; la que crearía una fiscalía autónoma y una para combatir la corrupción, una de temas fiscales de importancia y muchas otras.

En cambio, los nuevos diputados y senadores se han dedicado a presentar temas que podrían considerase frívolos.

Los ejemplos abundan en San Lázaro: la creación de una comisión especial para los festejos de los 500 años de la fundación del puerto de Veracruz; decretar el 19 de septiembre como Día de la Unión y Solidaridad Nacionales; fortalecer las acciones tendientes a salvaguardar la salud de quienes acuden a clínicas de cirugías estéticas, y frivolidades por el estilo.

El Senado no se queda atrás en su agenda de estos días: punto de acuerdo por el que se solidariza con Japón; debates sobre la “situación política del país” y el Día Mundial de la Libertad de Expresión y Pensamiento; un llamado a visibilizar y revalorar las lenguas y culturas originarias, y temas por el estilo.

Por supuesto, no son las únicas, y hay algunas con mucha mayor sustancia, pero  los puntos de acuerdo votados evidencian la insustancialidad prevaleciente en las dos cámaras.

En el ámbito de las iniciativas, los temas tienen más sustancia, pero mientras no se analicen con seriedad, celeridad y se aprueben, estaremos en el mismo ámbito de los corcholatazos.

Puede aducirse que es apenas el comienzo de esta LXIV Legislatura. Sin embargo, en un país con tantas carencias y en un Congreso de la Unión con pendientes de alta importancia, se esperaría que los legisladores de las ocho fracciones parlamentarias del Senado y las ocho de San Lázaro actuaran con mayor agilidad.

Sobre todo porque muchos de ellos son políticos con mucha experiencia y, por enésima ocasión, tienen la oportunidad de legislar.

Si bien muchos son nuevos e improvisados, por ejemplo en el Senado más de la mitad ya han pasado por San Lázaro o por la misma Cámara de Senadores, han sido gobernadores e incluso secretarios de Estado.

En San Lázaro, los números son muy similares; y entre los personajes que hoy habitan el Palacio Legislativo hay verdaderos tiburones, para bien y para mal.

No se puede consentir que estén esperando a que llegue el nuevo Presidente para ponerse a trabajar con base en las iniciativas que él les mande.

Es inadmisible que continúe un sistema presidencialista en el que el titular del Poder Ejecutivo es el “gran legislador” y las cámaras, salvo honrosas excepciones, se conviertan en oficialías de partes.