Dos ejemplos de "éxito" personal

Los dos se llaman Carlos, uno tiene 12 años y el otro 78. Por cuestiones distintas, ambos fueron noticia; pero las prácticas burdas y serviles de los medios de comunicación hallaron la forma de hacernos creer, sentir y hasta pensar como les conviene.

-Por Redacción

2018-08-21
Ciudad de México

Los dos se llaman Carlos, uno tiene 12 años y el otro 78. Por cuestiones distintas, ambos fueron noticia; pero las prácticas burdas y serviles de los medios de comunicación hallaron la forma de hacernos creer, sentir y hasta pensar como les conviene.

El Carlos niño es considerado genio por haber contestado 105 de las 120 preguntas del examen de admisión que la máxima casa de estudios del país le aplicó para permitirle ingresar a una licenciatura que además es una de las más “difíciles”. Su esfuerzo y su dedicación son plausibles y es un ejemplo para todos los mexicanos. Sin embargo, los medios utilizaron su imagen para desviar la atención, ocultando, por ejemplo, que 90 por ciento de los jóvenes que solicitaron ingresar a esa institución fueron rechazados. El manejo mediático de la excepcional capacidad del niño –cuyo rechazo solo habría sido atribuido de su responsabilidad– se usó como prueba irrefutable de que a nadie se le niega el acceso.

Pero el contraste entre lo que ocurrió con el niño genio y con los miles de estudiantes rechazados demostró algo más. En primer lugar, que la educación sigue siendo “elitista”, pues en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) solo se admite a lo “mejor” y en cantidades muy pequeñas, y ello es así porque el sistema productivo nacional, en estos momentos no requiere mayor instrucción en la mano de obra. Aunque el examen de admisión hubiera sido resuelto acertadamente por los más de 200 mil aspirantes que lo presentaron, no los hubieran aceptado; la UNAM es clara con respecto al número de estudiantes que puede aceptar. De lo anterior se desprende, en segundo lugar,  que el sistema educativo mexicano es de baja calidad y que muy pocos estudiantes pasan las pruebas de admisión. Carlos pasó la prueba porque contó con mejores condiciones que la mayoría de los niños del país. Miles de niños van a la escuela sin desayunar y viven en casas sin ningún tipo de servicio, a pesar de lo cual a muchos, como al Chato Barrios, se les enciende la inteligencia y logran salir adelante en los medios atroces donde les tocó nacer. A pesar de sus esfuerzos y dedicación, muchos niños mexicanos son víctimas de un modelo que no brinda a todos las mismas oportunidades. Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, ha dicho que quien nace pobre se ve condenado a permanecer pobre por más talento que tenga. 

El otro Carlos es un magnate. En una reunión con ingenieros programada para discutir acerca del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), el Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, le dedicó a Carlos Slim, al parecer espontáneamente, unas palabras en las que destacó su creatividad e ingenio para los negocios, presentándolo como un “ejemplo” para los mexicanos. Los medios de comunicación se apresuraron a decir que con ello quedaban resarcidos viejos rencores entre ambos personajes y que tal suceso daría estabilidad y certeza al mercado, así como conciliación y paz a México en el próximo gobierno. Y quizás así vaya a ser, pues sin duda lo que los grandes empresarios quieren para el país es precisamente una transformación cosmética y no la transformación a fondo que la mayoría de los mexicanos necesita para liberarse del sofocante e inhumano problema de la desigualdad y pobreza que los agobia cada vez más.

Por todo lo que ha prometido y dejado entrever el próximo gobierno de México, no habrá un cambio de rumbo en la economía y en los hechos el modelo económico vigente seguirá funcionando como hasta ahora: de un lado unos cuantos hombres “creativos y de talento” como Slim, quien en varias ocasiones ha encabezado la lista de multimillonarios del planeta, mientras 100 millones de mexicanos se debaten en la pobreza, el desempleo, los salarios de hambre, con leyes contractuales favorables a los empresarios o teniendo que emigrar de sus pueblos y ciudades.

Casi todos los medios insisten en el logro individual de los dos Carlos, demostrando que siguen  pensando como lo hiciera hace 200 años Adam Smith, quien aseguraba que el interés egoísta de cada individuo llevaría sin proponérselo a beneficiar a los demás  y, por lo tanto, a toda la sociedad. La historia ha demostrado que esto es falso, que al capitalista solamente le interesa acrecentar sus ganancias, sin importar la forma de conseguirlo, aunque implique la explotación de los recursos naturales y los hombres a niveles de depredación, hambruna y de la barbarie de guerras militares con millones de víctimas.