La justicia va por Donald Trump y Benjamín Netanyahu

Aliados en su afán imperial y en trances judiciales parecidos, el presidente de Estados Unidos (EE. UU.) y el primer ministro de Israel confían en salir impunes.

Nydia Egremy

2019-03-14
Ciudad de México

Aliados en su afán imperial y en trances judiciales parecidos, el presidente de Estados Unidos (EE. UU.) y el primer ministro de Israel confían en salir impunes. Los demócratas, que apuestan por el juicio político de Donald John Trump, han llevado a prisión a su abogado. Y en Israel, el Tribunal Supremo ha imputado a Benjamin Netanyahu tres cargos por corrupción; esta noticia no cae bien en Washington, porque el derechista es su principal aliado en Medio Oriente. Pese a ello, el político que más ataques ha lanzado contra los palestinos buscará reelegirse el nueve de abril ¿Quién de ellos pasará primero por la balanza de la justicia?

Al cumplir la mitad de su mandato, Donald John Trump es objeto de diferentes investigaciones judiciales. Con la mirada puesta en un eventual juicio político (impeachment) del presidente estadounidense, la Cámara de Representantes, controlada por los demócratas, cierra el cerco contra el mandatario.

El magnate inmobiliario enfrenta una red de demandas y acusaciones. Algunas de índole fiscal vinculadas con sus negocios poco transparentes. Sin embargo, las cruciales para el futuro de su presidencia son tres.

Una por posible colusión, obstrucción de la justicia y contactos no permitidos con Rusia en su campaña de 2016 (russiagate). La dirige el exdirector de la Oficina Federal de Investigación (FBI) y actual fiscal especial, Robert Mueller.

Otra, del Ministerio de Justicia, por financiar desde su campaña sobornos para silenciar a supuestas amantes. La tercera fue revelada por The Wall Street Journal por presunto financiamiento extranjero en su ceremonia de juramentación.

En la contienda político-judicial demócrata contra el presidente, el Comité de la Cámara de Representantes, que indaga la existencia de la también llamada trama rusa, ha logrado que el excolaborador y exabogado personal de Trump, Michael Cohen, optara por hundir a su excliente a cambio de mejorar su mala situación judicial.

De “racista, estafador y tramposo” calificó Cohen a su antiguo representado en la comparecencia a puertas cerradas ante el Comité, en una sesión que duró más de siete horas. Con la cobertura judicial de “total cooperación” el exabogado del magnate constató acusaciones y reveló nuevos hechos. Por ejemplo, que en plena campaña por la presidencia, Trump ordenó mentir a su abogado sobre la eventual construcción de la Torre Trump en Moscú.

Cohen aseguró que su antiguo empleador mintió sobre sus negociaciones con Rusia para construir esa obra. Por ello, el Comité interrogará el 14 de marzo al inmobiliario y exsocio del ahora mandatario, el ruso Felix Sater. Además, informó que en 2016 su jefe se enteró de que WikiLeaks filtró los correos del Partido Democrata que le costaron la elección a Hillary Clinton.

Y, por último, Cohen acusó a su excliente de incurrir en “conducta criminal” por ocultar su presunta relación con la actriz porno Stormy Daniels. El exabogado no tiene qué perder: ha sido condenado a tres años de prisión por delitos fiscales, violaciones a las leyes electorales y fraude bancario. El seis de marzo tendrá “otra oportunidad para defenderse”, concedida por el jefe del Comité del Congreso. 

Netanyahu investigado por cohecho y fraude

Tocado pero no hundido, es el diagnóstico de los analistas mundiales sobre el proceso del Tribunal israelí contra el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, por cohecho, fraude y ruptura de confianza. El fiscal general, Avijai Mandelblit, acusó al político tras dos años de investigación. Sin embargo, Bibi, como lo llaman sus adeptos, podrá postularse a la elección del nueve de abril y reelegirse en el cargo, en el que lleva ya 10 años.

Esta aparente contradicción radica en la naturaleza de los delitos. El primero, llamado Caso 1000, estudia si Netanyahu y su familia recibieron regalos de algunos empresarios a cambio de favores políticos. Entre éstos figura el productor de cine Arnon Milchan –de la película Pretty Woman– y el australiano James Parker.

Para la Fiscalía israelí, los obsequios recibidos por Netanyahu son ilícitos y están valorados en al menos 300 mil dólares. Entre los regalos hay botellas de champaña francesa de edición exclusiva, cajas de puros, alhajas para su esposa Sara, accesos VIP a conciertos, boletos de avión a distintos destinos y hospedajes en hoteles de gran turismo.

A cambio de esto, el mayor colonizador hebreo de tierra palestina aprobó una ley que limita impuestos a israelíes que retornan del extranjero. Con ello ayudó a Milchan a conseguir una visa estadounidense y apoyar sus negocios en el mercado de la televisión israelí. La defensa de Bibi sostiene que “solo hubo intercambio de regalos” entre amigos y que nunca existió un pacto de favores.

El segundo cargo, sostenido en el Caso 2000, investiga si Netanyahu pactó con el propietario del diario Yediot Aharonot, Noni Mozes, una cobertura positiva a cambio de acotar la circulación del diario rival, el gratuito Israel Hayom (aunque de línea pro-Netanyahu).

Este posible acuerdo pudo perjudicar al magnate de los casinos Sheldon Adelson, dueño de este medio. Para probar su caso, la Fiscalía posee grabaciones de un exempleado de Netanyahu, Avi Harrow. Pero la defensa alega que la conversación con Mozes fue en broma y que nunca hubo tal pacto.

El tercer cargo, fincado en el Caso 4000-Bezeq-Walla, investiga si Netanyahu, como Jefe de Gobierno y Ministro de Comunicaciones, acordó favores y beneficios con el gigante telefónico Bezeq –que controla el millonario Shaul Elovitch– a cambio de cobertura favorable sobre él y su mujer, Sara, en el noticiero digital Walla. A cambio, Bezeq adquirió el canal satélite Yes.

La Fiscalía tiene el testimonio y las pruebas incriminatorias aportadas por el exdirector del Ministerio de Comunicaciones, Shlomo Filber, y del exasesor de relaciones públicas de Netanyahu, Nir Hefetz. La defensa niega todo delito y afirma que se trata de una persecución política.

Hace días se difundieron las 57 páginas en las que el Fiscal Mandelblit sostiene su acusación. Sin embargo, faltan por conocerse más de cinco mil 700 páginas de testimonios, cientos de horas en audio que presumiblemente se darán a conocer y que dañarían la credibilidad de Netanyahu.

El periodista Ben Caspit, del diario Maariv, sostiene que el fiscal retrata a Netanyahu como un primer ministro “víctima de su cochino hedonismo, su patológico puño apretado y su inagotable aspiración de más poder”.

No menos duro es el analista Aluf Ben, quien asegura en el diario Haaretz que el fiscal presenta al político como realmente se comporta a puertas cerradas en su oficina y residencia oficial un “avaro codicioso movido por una irrefrenable lujuria por el poder”.

El Mandelvlit explica que en el Caso 1000 hay suficientes pruebas de que los regalos “entregados a gran escala y forma inusual” le fueron dados a Netanyahu a cambio de favores. En cuanto al Caso 2000, el político violó la confianza que debe a la gente y dañó gravemente la imagen del servicio público y la fe pública depositada en él. Además, lo acusa de “corromper a funcionarios públicos” que trabajaban con él.

Tres años le han llevado al Fiscal armar esta pesquisa. Ha interrogado por horas a Benjamín Netanyahu en más de una docena de ocasiones; ha tomado testimonio a 140 testigos y consultado más de una veintena de fiscales y expertos legales.

Pese a todo, el golpe a Bibi no es mortal. La acusación solo procederá luego de una vista que tardará entre dos y cuatro meses, tiempo en que la Fiscalía podría llegar a un acuerdo con el sospechoso; por ejemplo, abandonar la jefatura de Gobierno a cambio de una condena sin pena.

En este punto de los litigios solo se prevén tres circunstancias en que la Fiscalía no imputaría a Netanyahu: por falta de pruebas, falta de culpabilidad y falta de interés público en perseguir los hechos. Por ahora seguirá siendo candidato e incluso podría ganar las elecciones. Pero es posible que el Parlamento o el Tribunal le exijan dimitir para que no ejerza poder sobre el Ministerio de Justicia.

Se complica reelección para el Primer Ministro

El sistema político israelí se caracteriza por los acuerdos entre partidos para gobernar en coalición. Y aunque los expertos estiman que las acusaciones a Netanyahu no afectarán mucho la intención de voto a su favor, sí lo hará a su capacidad para concretar pactos con otros partidos o realizar maniobras políticas de gran alcance.

El diario digital Mako sugiere que Bibi solicitará a sus socios de coalición que apoyen una ley contra la investigación de un primer ministro en activo o una norma que impida quitar la inmunidad hasta que concluya su mandato. De no lograrlo, Netanyahu podría abandonar temporalmente su cargo y delegar en un copartidario. Para evitar una guerra de sucesión ya se barajan los nombres de Israel Katz y Gideon Saar como sucesores.

A solo 40 días de los comicios, las encuestas revelan la caída en la intención de voto al Likud, el partido de Bibi, aunque los partidos socios de esta coalición de gobierno defienden la presunción de inocencia del jefe de Gobierno.

En contraste, formaciones como Azul y Blanco, de centroizquierda, que integran el partido Resiliencia Israelí, del exjefe del Estado Mayor, Beni Gantz, y el partido Hay Futuro, piden la dimisión del Primer Ministro. En esa lógica están partidos como el pacifista Meretz y el Laborista.

Ante la posibilidad de que se desplome la popularidad de Bibi, los votos del Likud, el partido mayoritario en la Kneseet (Parlamento), irían al ultraortodoxo Shas, el derechista Israel Nuestro Hogar y la Coalición Árabe Raam-Balad.

El Likud detenta entre 30 y 35 escaños de 120 y pidió al Tribunal postergar el anuncio de la imputación para no “afectar de forma injusta” la posible reelección de quien ha sido el jefe de gobierno en Israel por más de una década.

El adversario más cercano a Netanyahu es la coalición de Beni Gantz, aunque todo está por definir. Ante la incertidumbre, los expertos recuerdan que es prerrogativa del presidente del Estado, Reuvén Rivlin, ordenar la formación de un gobierno al diputado con más posibilidades de éxito para conseguir una coalición.

Para complicar la tormenta judicial que Benjamín Netanyahu enfrentará el 24 de febrero, el Comité de Permisos de Israel rechazó su solicitud para recibir donaciones por dos millones de dólares que dos millonarios –Spencer Partrich y Nathan Milikowky, su primo– le ofrecieron  para costear su defensa legal. Además le ordenó devolver los 300 mil dólares y la ropa que había recibido para tal fin.

Netanyahu sucedió en marzo de 2009 a Ehud Olbert, quien meses antes fue acosado judicialmente con cargos por corrupción y que lo obligaron a pasar 16 meses en prisión.