Hay que vacunarse

En el siglo X, los antiguos chinos empleaban un método primitivo para proteger a las personas de la viruela, enfermedad entonces mortal que se hallaba dispersa en todo el mundo.

Philias .

2019-03-11
Ciudad de México

En el siglo X, los antiguos chinos empleaban un método primitivo para proteger a las personas de la viruela, enfermedad entonces mortal que se hallaba dispersa en todo el mundo. El método consistía en administrar a personas sanas residuos de pústulas que provenían de enfermos sobrevivientes; algunas se enfermaban y morían, pero otras desarrollaban protección de por vida contra la viruela. 

La humanidad ha tratado incansablemente de descubrir cómo los patógenos causan enfermedades, a fin de aplicar dicho conocimiento en el desarrollo de sustancias que ayuden al cuerpo a combatirlas; entre aquéllas se hallan las vacunas.

Las vacunas enseñan a nuestro cuerpo a reconocer y defenderse de los virus y bacterias que provocan las enfermedades. Consisten en pequeñas dosis de microbios muertos o debilitados que al entrar en contacto con el organismo propician el funcionamiento del sistema inmune, que aniquila al patógeno y previene al cuerpo contra esa enfermedad.

Las campañas de vacunación son una medida de prevención muy importante para la salud de las comunidades sociales en general y, en específico para los niños, en quienes las enfermedades pueden causar mayor impacto y afectar su desarrollo futuro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que las vacunas contra sarampión, tétanos y difteria evitan tres millones de muertes al año. Sin embargo, hace algunos años se inició un movimiento que promueve la no vacunación mediante el uso de argumentos falaces, entre ellos el de que las vacunas son peligrosas o que los gobiernos y las empresas farmacéuticas hacen negocios o fraudes con ellas.

Los grupos antivacunas se apoyaron originalmente en las investigaciones de Andrew Wakefield, médico británico que decía haber encontrado una relación entre el autismo y la aplicación de la vacuna triple viral. Pero los resultados de Wakefield no han sido validados por la comunidad científica, su trabajo ha sido ya desmentido y retirado de la revista médica The Lancet, en donde se había publicado. Además, el Consejo Médico General del Reino Unido retiró a Wakefield su licencia para ejercer como médico.

Pese a la falta de sustento del trabajo de este señor, muchos padres británicos mantienen su miedo hacia la vacuna triple viral y la campaña de vacunación cayó el 90 por ciento en el pasado reciente. Este hecho, propiciado además por el lamentable apoyo que el movimiento antivacunas recibió de algunas celebridades de la medicina y la política, provocó la reaparición del sarampión y las paperas.

La información errónea y carente de rigor científico circuló principalmente en las redes sociales provocando que muchas personas confiaran en opiniones tendenciosas e ignoraran el punto de vista de los expertos. Hoy las consecuencias son muy lamentables, porque el rebrote de algunas enfermedades que son prevenibles mediante vacunación ocurre en todo el mundo, como fue el caso del sarampión en Europa.

Hoy en día las vacunas son elaboradas con estrictas reglas de seguridad y efectividad. Su estudio y desarrollo, en los que están involucrados los sectores público y privado, son muy rigurosos y suelen durar entre 10 y 15 años.

El desarrollo de una vacuna implica varias etapas. En la investigación básica, la primera, los científicos someten a estudios de laboratorio a los microbios que causan las enfermedades; en la siguiente etapa, la preclínica, realizan estudios en cultivos celulares y modelos animales para evaluar la efectividad y seguridad del compuesto; en este paso se determina la dosis y la vía de administración adecuada (oral, cutánea, intradérmica, intranasal, etc.).

Si la vacuna candidata cubre estas etapas, pasa a un periodo de prueba en tres fases: en la uno se aplica a un grupo pequeño de voluntarios para comprobar su efectividad y seguridad; en la dos se aplica a una población mayor (varios cientos) y se definen los esquemas de vacunación. En la tres, los ensayos se realizan en miles de personas y se establecen sus posibles efectos secundarios. Al finalizar esta fase, los organismos gubernamentales especializados llevan a cabo las certificaciones necesarias para aprobar el uso de la vacuna.

Las molestias momentáneas que algunas vacunas generan no se comparan con sus beneficios. La protección contra enfermedades mortales y la prevención de secuelas de algunas infecciones son la principal razón para vacunarnos.