Cubanos dan el “sí” a nueva Carta Magna ante amagos de EE. UU.

Cuba no regresará al capitalismo desigual y genocida, eso expresó el voto de más de ocho millones de electores que, en un referéndum inédito y ejemplar, han ratificado la nueva Constitución de La Isla.

Nydia Egremy

2019-03-04
Ciudad de México

Cuba no regresará al capitalismo desigual y genocida, eso expresó el voto de más de ocho millones de electores que, en un referéndum inédito y ejemplar, han ratificado la nueva Constitución de La Isla. Ese resultado apuesta por el socialismo como garantía de bienestar del pueblo más educado, politizado y con mayor cobertura social de América Latina; el mismo que el imperialismo priva de alimentos, medicinas y acceso al desarrollo desde hace 60 años. Con su flamante Carta Magna, Cuba enfrentará los múltiples desafíos del siglo XXI; uno de ellos, mantener el rumbo revolucionario en un convulso clima sociopolítico global y de esta región que hoy vive las horas más críticas de las últimas dos décadas.

Cuba ha optado por refrendar su propia vía socialista, bajo la dirigencia del Partido Comunista, para abordar los desafíos políticos y teóricos de la modernidad. Ese aval, sustentado en el ejercicio del voto universal de la nueva Constitución, envía un mensaje directo a las hegemonías globales y regionales de que el gobierno revolucionario no permitirá su intrusión en la vida y destino de 11.2 millones de cubanos.

El triunfo del “sí” por esta Carta Magna se daba en medio de la más grave escalada política, articulada desde Washington, contra el gobierno bolivariano de Venezuela. Una semana antes del referéndum, el presidente estadounidense Donald John Trump afirmó desde el Centro de Convenciones de la Universidad Internacional de Florida: “El socialismo no respeta a los pobres, por eso trabajamos juntos para controlar el desastre que ese sistema causa”.

Rodeado de la élite más conservadora de la superpotencia y con su usual estridencia, el magnate neoyorquino acusó: “Cuba es quien controla a Venezuela, no Maduro –y amagó–; esto tiene que cambiar rápido. Deben aceptar al presidente Guaidó”.

Tras el agresivo discurso de Trump, La Habana conminaba a EE. UU. a presentar evidencias y llamó a la comunidad internacional a unirse para impedir la intervención militar en el país sudamericano, en voz del canciller de Cuba, Bruno Rodríguez.

Al rechazar los intentos de intimidación contra quienes “hemos decidido construir y defender el socialismo”, Rodríguez llamó “amoral” al gobierno de Trump, por polarizar a la sociedad con el odio y la división, y enfatizó: “¿Cuántas veces personajes de EE. UU. han anunciado el fin del socialismo?”

Es paradójico que la bravata del estadounidense ocurriera a días de la Cumbre del 23 de febrero que sostendría con el líder de Norcorea, Kim Jong-un, en Hanoi, capital de Vietnam. Así, mientras el huésped de la Casa Blanca enfilaba sus ataques verbales contra el socialismo en Cuba, su miopía política le impedía ver que hace décadas Norcorea y Vietnam se rigen precisamente bajo esa doctrina político-económica.

MARCO DE CAMBIO

El 24 de febrero se votó un borrador de Carta Magna, que sustituirá la vigente de 1976, previamente sometido a debate popular y aprobado por el Parlamento.

El nuevo texto tiene 229 artículos y entre sus novedades figuran:

•Mantiene el sistema socialista y la conducción política del Partido Comunista.

•Reconoce la necesidad de promover la inversión extranjera y de proteger la propiedad privada.

•Instituye las figuras de Presidente y Primer Ministro.

En el debate del borrador, un artículo generaría polémica hasta ser eliminado. Su contenido abría la puerta al matrimonio entre personas del mismo sexo.

Otro artículo que suscitó el debate fue el relativo a los medios de comunicación. La propuesta establece que en ningún caso serán objeto de propiedad privada los medios “fundamentales”. Se incluyó en el texto final.

Previsible endurecimiento del bloqueo

La Habana ha adelantado escenarios hostiles de EE. UU. tras la aprobación de su nuevo marco político y jurídico que reitera su independencia de la superpotencia. El primero, es el posible endurecimiento del bloqueo estadounidense, a partir de la eventual reactivación del título III de la Ley Helms-Burton.

Ello permitiría que los cubano-estadounidenses reclamaran ante cortes de EE. UU. propiedades que les expropió la Revolución. Desde 1996, gobiernos estadounidenses han suspendido ese título en varias ocasiones, precisamente por el rechazo de los aliados de Washington ante la amenaza a sus intereses en Cuba.

Y el segundo, es que el gobierno de Donald John Trump imponga nuevas restricciones al comercio. La Habana confía que esa medida no prosperará por la “fuerte resistencia de sus socios comerciales”, contrapartes económicas, de inversión, financieras y operadores turísticos.

El tercer escenario hostil ya está en marcha y es la campaña diplomática que desacredite el ejercicio democrático del voto constitucional. Esa acometida injerencista proviene del Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro.

Como si fungiera como procónsul del Imperio, que aprueba o desautoriza formas de gobierno en territorios bajo su jurisdicción, Almagro ha manifestado que “no reconoce” los actos e instituciones que crea la nueva Constitución de Cuba.

Así, la sumisión a la política injerencista de EE. UU. del responsable de una organización regional que día con día pierde legitimidad y representatividad, afirmó que el referéndum y la Constitución “están viciados de origen y son contrarios a principios de la Carta Democrática Interamericana”.

En su intento por descalificar la consulta, Almagro subía a Twitter un video apócrifo que mostraba a un individuo que, supuestamente, deposita en una urna gran cantidad de papeles, previamente marcados con el “sí”. Ese material le fue entregado por Rosa María Payá, cuya única credencial es ser hija del extinto opositor cubano, Oswaldo Payá, y recibir subsidios de Washington y Madrid, entre otros favores.

Reacio a admitir que la consulta sobre la Constitución cubana es un ejercicio pleno de democracia representativa, desde el 12 de febrero, Almagro la calificó de ilegítima y aseguró que “enmascara la dictadura” ante la comunidad internacional.

Hoy, como en 1962, la OEA vuelve a jugar un rol ominoso. Entonces, suspendía a Cuba pese a ser fundador del organismo desde 1948. Y aunque en 2009 la OEA levantaba esa suspensión, La Habana se ha negado a volver a lo que nombra: la Oficina de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado de EE. UU.

Retos internos

Además del hostigamiento desde el extranjero, aplicar el nuevo texto constitucional implica serios y apremiantes retos para el gobierno de la Revolución. Hoy se da un amplio debate entre los cubanos de cómo emprender, de forma efectiva, la construcción económica y productiva del país. A la vez, se plantean cómo aportar soluciones tangibles a los problemas cotidianos de las mayorías lejos de dogmas.

DEMOCRACIA REPRESENTATIVA EN CIFRAS

Seis millones 816 mil 169 personas votaron por la opción del “sí” a la pregunta “¿Ratifica usted la nueva Constitución de la República?” (86.85 por ciento de siete millones 848 mil 343 de electores).

706 mil 400        Votos por el “no” (nueve por ciento).

Ocho millones   Convocados a votar en

25 mil 348           Colegios electorales (7.6 por ciento situados en casas).

Cuatro mil 207  En La Habana. Ahí se instalaron 47 colegios especiales en centros de alta concentración de personas (aeropuertos, autobuses y hospitales).

Dos mil 614        En Santiago de Cuba.

                27           Colegios Electorales resultaron afectados por el tornado que azotó municipios de La Habana el 27 de enero.

                               Casi de inmediato, se crearon las condiciones para habilitarlos.

                10.II.2019            Prueba en colegios situados en 130 países para voto de diplomáticos y profesionales en misión internacional.

                16.II.2019            Voto anticipado del personal diplomático.

Esa batalla de ideas pasa por “resignificar el sentido anticapitalista, antipatriarcal en relaciones de producción y reproducción de la vida no depredadoras, para que, desde la cotidianidad de las luchas, Cuba siga siendo un referente de solidaridad y combate por otra civilización que deje atrás la barbarie excluyente, patriarcal, discriminatoria y depredadora del capital”, advirtió el investigador del Instituto de Filosofía de Cuba, Gilberto Valdés.

PODER SUAVE Y VISITA REAL

Mientras escalaba la agresión de Donald John Trump contra Cuba, la vocería del Reino Unido anunciaba la visita a La Isla del heredero a la corona británica, Carlos, y su esposa Camilla, para reunirse con el presidente Miguel Díaz-Canel y cumplir una colmada agenda del 24 al 27 de marzo.

Desde una ofrenda floral al prócer José Martí, intercambios con emprendedores cubanos, visitas a centros comunitarios, instituciones culturales y al Club de Autos clásicos británicos, hasta el recorrido de Carlos para conocer la experiencia cubana en energía renovable y agricultura orgánica.

La visita de Carlos y Camilla será la primera de miembros de la familia real británica en más de 70 años, cuando Eduardo VIII –convertido en duque de Windsor y tío abuelo del actual heredero– permaneció en Cuba en varias ocasiones tras abdicar al trono en favor de su hermano Jorge VI.

Para la embajada británica, este suceso “resaltará las crecientes relaciones bilaterales y mostrará los vínculos culturales entre el Reino Unido y Cuba”. Ésta es una escala de la pareja en su gira caribeña que incluye Santa Lucía, Barbados, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves, Granada e Islas Caimán.

Es obvio que el capital corporativo no descarta el escenario del cambio de régimen en Cuba. Para ello, cuenta con estrategias como la subversión interna, siempre alentada desde el exterior, como oxigenar el psicoterror.

Las reformas económicas, emprendidas desde la presidencia de Raúl Castro, han abierto el apetito a especuladores, acaparadores, inversionistas, librecambistas y otros. Esa apertura es un riesgo latente ante la tentación imperial por reorientar a los cubanos hacia el capitalismo a través del consumismo desmesurado.

En el debate público previo de la Constitución estuvo presente el temor de que, a futuro, avancen ideas de fuerzas que pretenden situar al mercado como principio de organización social, con el argumento de supuestas bondades frente a la “estatización dogmática”.

De ahí que la insistencia general se centrara en exigir garantías para preservar las conquistas alcanzadas por el pueblo cubano a lo largo de seis décadas. “No retroceder en calidad de vida ni soberanía”, apuntó Valdés, también miembro del Grupo de Investigación América Latina: Filosofía Social y Axiología.

Una vez aprobado el nuevo marco, superar las inercias son el otro gran desafío. De ahí que el presidente Miguel Díaz-Canel llamara a “superar la mentalidad obsoleta que afianzó el burocratismo, el paternalismo estatal y un falso igualitarismo que fomentó la improductividad”.

En la presentación del Balance 2018 y Proyecciones del 2019 del Ministerio de Comercio Interior (Mincin), el mandatario exhortó a comercios, restaurantes y servicios estatales a “usar las nuevas tecnologías y tener inquietud revolucionaria”. El Mincin enfrenta múltiples dificultades en las 25 actividades que gestiona y sus 158 mil empleados.

De ahí el llamado del presidente cubano, a los reunidos en esa ocasión, para imitar fórmulas del sector privado para resolver problemas como la ineficiencia, mala atención al público o robo de recursos. Al condenar prácticas corruptas (hurto de materiales y productos) que impactan la productividad, Díaz Canel advirtió que “el presupuesto del Estado no se usará para pagar robos”.

Zozobra el “no”

La campaña por el “no” a la nueva Constitución incluyó a un amplio espectro de personas y asociaciones. Financiada por agencias, organizaciones, fundaciones y ONG’s estadounidenses, españolas, alemanas y hasta nórdicas, esa posición se centra en la veterana, pero débil, derecha opositora, las iglesias y algunos miembros de la emergente clase media.

En una deliberada provocación desde Washington, esa comunidad anunció, desde el 10 de enero, una “movilización mundial” contra la nueva Carta Magna para los próximos días.  Los voceros explicaban que ese acto se realizaría en EE. UU., Suiza, Inglaterra, Canadá, República Dominicana, Ecuador, Uruguay y Chile.

Para cumplir con ese cometido, a las 10 de la mañana del 26 de enero, unas 15 personas se presentaban ante la embajada de Cuba en la Ciudad de México. Provistos de pancartas a favor del voto por el “no” a la Constitución, miembros del grupúsculo pretendían mostrar que eran una multitud y se fotografiaban unos a los otros. Minutos después, el desangelado acto concluía con el retorno a sus lugares de origen de los escasos protagonistas.

Otro recurso al que apelarían los opositores es llamarse “impedidos” de votar desde el exterior. Se trata de cubanos que han decidido emigrar y residir en el extranjero (la mayoría en EE. UU. y España) que, casualmente, se manifestaban muy interesados y deseosos en opinar sobre el referendo.

Ese sector, que el sitio web del Ministerio del Exterior cifra en 1.4 millones de cubanos, alegaba que no se le permitía votar, hecho que violaría la Ley Electoral vigente. Sin embargo, esas personas no reconocen al Estado revolucionario y además rechazan el referéndum; de ahí que se identificaran con la consigna #YoVotoNo.