Morena: problemas en el paraíso

La dificultad para esa negociación la representa principalmente el apoyo del Gobierno Federal lopezobradorista que, aparentemente, ha dejado solos a los senadores de su partido.

Álvaro Ramírez

2019-02-25
Ciudad de México

Muy lejos del acompañamiento en armonía que como partido hegemónico debería brindar a los poderes Ejecutivo y Legislativo (las dos Cámaras del Congreso de la Unión), el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) vive ahora en el extravío y el divisionismo interno a causa de los intereses antagónicos de sus grupos y líderes políticos y parlamentarios.

El más grave síntoma de conflicto está en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), donde la mayoría de los secretarios ha desautorizado de facto a la presidenta Yeidckol Polevnsky Gurwitz para tomar algunas decisiones; controversia de tal nivel que incluso el fin de semana anterior se preveía su pronta destitución.

La forma muy particular de comportarse de la exsenadora ha terminado por resquebrajar su débil liderazgo y, aunque estatutariamente el relevo en la dirigencia está previsto hasta noviembre, su defenestración formal estaba por definirse.

A mediados de febrero se cumplió más de un mes que el CEN de Morena sesionaba sin su presidenta.

Encima, su disputa con tintes personales con el coordinador de los senadores, Ricardo Monreal Ávila, derivada de sus diferencias en la definición de la candidatura morenista al gobierno de Puebla –éste apoya al senador Alejandro Armenta Mier y ella, con rotunda imprudencia, a Luis Miguel Barbosa Huerta– configuró su rompimiento con la bancada en el Senado.

Ya sin grupo de respaldo pleno, Polevnsky reúne cada vez más puntos de desautorización a su cargo, que incluso dentro de Morena se dice que el presidente Andrés Manuel López Obrador ya la ha dejado de su mano.

En el pleito con Monreal, quien tampoco goza de todas las simpatías entre los integrantes del CEN morenista, Yeidckol ha quemado sus últimas naves.

El zacatecano, en declaraciones públicas, de plano la encomendó a Dios, para que la “ayude” en sus empecinamientos, mientras ella califica de “necedad” la actitud de Monreal.

En tanto, el coordinador de los diputados, Mario Delgado Carrillo, se ha mantenido lejos de ese pleito, pero más por falta de posición que por prudencia. El colimense aún no alcanza a ver cuál es el camino que le conviene en el tema de Puebla.

En paralelo, tanto Monreal en el Senado, como Delgado en la Cámara de Diputados, enfrentan problemas de comunicación –por decir lo menos– entre los integrantes de sus respectivas bancadas y altos funcionarios del gobierno lopezobradorista.

Desde el gabinete de López Obrador los senadores y los diputados del partido hegemónico son olímpicamente ignorados.

No se contestan los teléfonos y no se coordinan en las acciones y decisiones de gobierno que requieren aval o acompañamiento del Congreso. Unos acusan de soberbios a los otros, y los temas de gestión y apoyos parlamentarios se atoran.

En ese escenario, los grupos legislativos de Morena parecen actuar por la libre en sus decisiones; y a Monreal, en el Senado, se le había atorado –al cierre de esta entrega– el apoyo que requiere del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para conseguir la mayoría calificada y aprobar el paquete de 13 reformas constitucionales para crear la Guardia Nacional.

La dificultad para esa negociación la representa principalmente el apoyo del Gobierno Federal lopezobradorista que, aparentemente, ha dejado solos a los senadores de su partido. En todo este laberinto, el Presidente de la República se ha resistido a ejercer, como en el viejo régimen, como jefe del Poder Ejecutivo y también jefe máximo de su partido.

Si bien el viejo esquema omnímodo del presidencialismo mexicano tiene aristas indeseables y repudiables –las mismas que llevaron al PRI a convertirse en partido de Estado por casi siete décadas–  en Morena hace falta en cambio un manotazo de autoridad que ponga orden.

En junio próximo, el nuevo partido en el poder participará por primera vez en elecciones locales en seis estados y sus disputas internas, si bien no lo debilitarán por la solidez de su marca política, están mandando muy malas señales a los electores.

En el mejor de los casos, la situación siembra dudas. ¿Sabrá comportarse Morena como partido en el poder, acompañando y fortaleciendo a sus legisladores, gobernantes y Presidente; o también ahí habrá resbalones? La hegemonía no sirve si no se ejerce.