POBREZA Y ASISTENCIALISMO

El desarrollo capitalista en México en el periodo neoliberal (1982 – 2019) tiene como característica principal la penetración del capital extranjero, la entrega de la economía nacional a los corporativos estadounidenses

Redacción

2019-02-11
Ciudad de México

El desarrollo capitalista en México en el periodo neoliberal (1982 – 2019) tiene como característica principal la penetración del capital extranjero, la entrega de la economía nacional a los corporativos estadounidenses, a empresas monopólicas que han recuperado gradualmente todos los recursos naturales que les fueron expropiados en la última fase de la Revolución Mexicana.

En el periodo neoliberal, la concentración de la riqueza tiene como elemento indisoluble el incremento de la pobreza, es decir la reducción de los ingresos de la mayoría de la población y el aumento del número de ciudadanos pobres y extremadamente pobres. Las mayorías solo cuentan con lo mínimo para subsistir y un buen porcentaje de ellas ni siquiera esto.

Nuestro reporte especial se refiere esta semana a una característica común a todos los gobiernos que se han sucedido desde el último cuarto del siglo XX hasta la fecha; todos han manifestado su decisión de combatir la creciente pobreza, es decir, la disminución del ingreso de las mayorías; pero su combate a la pobreza siempre consistió en una política asistencialista, cuyos programas solo han cambiado de nombre pero en esencia han tenido el mismo objetivo: paliar el fenómeno sin atacar sus causas.

Todos los programas sociales asistencialistas, con diferentes matices, han tenido como eje la entrega de dinero en efectivo (o en tarjetas) a sus beneficiarios a cambio de cumplir con requisitos elementales y el destino de esos recursos ha sido, a fin de cuentas, el consumo. Estudios serios de especialistas y organismos internacionales han demostrado que todos estos créditos a fondo perdido, becas, pensiones a madres solteras y adultos mayores, apoyo a campesinos etc., han favorecido principalmente a los poseedores de bienes de primera necesidad, que dan salida así a sus productos almacenados; pero ninguno de estos subsidios ha resuelto nunca los grandes problemas del desempleo masivo, la precariedad laboral, el bajo ingreso y poder adquisitivo de la población y la profunda desigualdad que lo anterior provoca.

Todos los gobiernos han atacado el efecto: para resolver el problema de que el sector mayoritario carece de recursos para adquirir los bienes de consumo necesarios, hace 36 años que los gobiernos se pusieron a repartir dinero en efectivo (en cantidades insuficientes, pero dinero al fin), mediatizando así el descontento de la mayoría de la población; pero el problema ha persistido porque en él se expresa una ley del desarrollo capitalista: el aumento de la riqueza concentrada en unas cuantas manos trae como consecuencia el inevitable empobrecimiento de las mayorías. La causa es estructural, es decir, tiene que ver con la propiedad de los medios de producción y la distribución de la riqueza producida.

Atender el efecto es moverse en el terreno superestructural, en la política, la legalidad y las convicciones morales. Un gobierno al servicio del capital no puede atacar las causas de la pobreza porque esto significaría atentar contra sus propios intereses; por eso recurre a una política asistencialista, que no implica repartir la riqueza social y solamente representa paliativos, no una solución de fondo; por eso todos los gobiernos neoliberales han fracasado en México en su combate a la pobreza, que no solo ha persistido, sino se ha profundizado. Si en el sexenio actual se mantienen los mismos nexos de dependencia con el gran capital, el fenómeno se repetirá.