Las nueve Cantigas de Amigo de Pero Meogo

Gran parte de las composiciones poéticas de los siglos XIII y XIV se perdieron o, simplemente, destinadas a ser cantadas y bailadas, no las iluminó la magia de la escritura.

Tania Zapata Ortega

2019-02-11
Ciudad de México

Gran parte de las composiciones poéticas de los siglos XIII y XIV se perdieron o, simplemente, destinadas a ser cantadas y bailadas, no las iluminó la magia de la escritura. Las Cantigas de amigo gallegoportuguesas que han llegado a nuestros días son un ejemplo extraordinario de la lírica tradicional, autóctona; esta poesía popular recoge temas de la vida cotidiana de los estratos bajos de la sociedad feudal, retoma parte de la esencia de una lírica primitiva peninsular, de influencia árabe, y pueden considerarse como una reacción a la ampulosa lírica cortesana, con sus damas almidonadas y los artificiosos motivos del amor cortés.

Las Cantigas de amigo, fueron generalmente escritas por hombres, pretenden recrear el alma femenina por medio de una ficción literaria. Son mujeres las que se quejan de la ausencia del amado, denuncian los convencionalismos sociales y familiares que les impiden consumar su amor y se rebelan contra ellos, creando una poesía en la que el tema erótico ocupa un sitio privilegiado. En este género destaca el poeta galaicoportugués Pero Meogo, probablemente un clérigo, a quien se atribuye un hermoso poema dividido en nueve Cantigas, cada una de las cuales representa el episodio de una historia amorosa. En la primera Cantiga se plantea la prohibición materna para que la doncella acuda a la fuente donde van a beber los ciervos a encontrarse con su amante, que la ha citado allí. El ciervo se convierte en este relato en un símbolo de la sexualidad masculina y la fuente representa la femineidad.

A mi amigo, al que estoy obligada,

por miedo a vos, madre, tendré que mentirle:

y si no voy, se enfadará conmigo.

 

Le prometí que lo iba a ver

a la fuente, donde los ciervos van a beber:

y si no voy, se enfadará conmigo.

 

Y no encuentro yo en mentirle placer,

pero he de mentirle por miedo a vos:

y si no voy, se enfadará conmigo.

 

En mentirle ningún placer encuentro,

por miedo a vos tendré que mentirle:

y si no voy, se enfadará conmigo.

Al despecho por una cita fallida, suceden el resentimiento, los deseos de venganza, una segunda cita a la que la doncella no acude, celos, recomendaciones maternales que no se atienden y el dolor por el distanciamiento, que la doncella expresa imprecando a la naturaleza, en la Cantiga IV:

Ay, ciervas del monte, vine a decíroslo,

se fue mi amigo y quería saber

¿qué haré, hermosas?

El clímax del poema se ubica en la Cantiga V, en la que el erotismo argumental se expresa tan delicadamente, que eleva la composición a las cumbres de la lírica de todos los tiempos: el ciervo del monte, es decir el “amigo” de la doncella, “que bien la quería”, agita nervioso el fondo del agua donde ésta se baña.

Se levantó la hermosa, se levantó bellida,

se va a lavar el pelo en la fontana fría,

alegre de amores, de amores alegre.

 

Se levantó la hermosa, se levantó lozana,

se va a lavar el pelo en la fría fontana,

alegre de amores, de amores alegre.

 

Se va a lavar el pelo en la fontana fría,

pasa su amigo, que bien la quería,

alegre de amores, de amores alegre.

 

Se va a lavar el pelo en la fría fontana,

pasa su amigo que mucho la amaba,

alegre de amores, de amores alegre.

 

Pasa su amigo, que bien la quería,

el ciervo del monte el agua movía,

alegre de amores, de amores alegre.

 

Pasa su amigo, que mucho la amaba,

el ciervo del monte movía el agua,

alegre de amores, de amores alegre

 

El desenlace ocurre en las Cantigas VIII y IX, con los intentos de justificación de la doncella ante los reproches maternales y el reconocimiento de su falta, que no aparece aquí rodeada de moralinas; por el contrario, el poeta parece hablar por boca de la madre cuando ésta invita a la hija a asumir las consecuencias de sus actos y le dice: esta fuente seguidla bien / ya que el enamorado de allí viene y permite asomarnos a las relaciones familiares de aquella remota época.

Fuiste, hija, y con el bailar

rompiste el brial:

ya que el ciervo de allí viene,

esta fuente seguidla bien,

ya que el enamorado de allí viene.

 

Fuiste, hija, y con el roce

rompiste el vestido:

ya que el ciervo de allí viene,

esta fuente seguidla bien,

ya que el enamorado de allí viene.

 

Y rompiste allí el brial,

lo hiciste a mi pesar!:

ya que el ciervo de allí viene,

esta fuente seguidla bien,

ya que el enamorado de allí viene.

 

Y rompiste allí el vestido,

lo hiciste a pesar de mí

ya que el ciervo de allí viene,

esta fuente seguidla bien,

ya que el enamorado de allí viene.