Las desbandadas que vienen

Con una tangente que atraviesa favorablemente los intereses del lopezobradorismo, los grupos parlamentarios de oposición en el Congreso de la Unión

Álvaro Ramírez

2019-02-11
Ciudad de México

Con una tangente que atraviesa favorablemente los intereses del lopezobradorismo, los grupos parlamentarios de oposición en el Congreso de la Unión comienzan a sufrir deserciones que están terminando por beneficiar al Presidente de la República a sus bancadas mayoritarias.

Apenas comenzó el segundo periodo ordinario de sesiones del primer año de ejercicio de la LXIV Legislatura, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que de por sí tenía la bancada más pequeña de su historia en el Senado de la República, perdió un escaño y se quedó con apenas 14 representantes.

El tricolor, que ha sido en los últimos meses un aliado parlamentario en otros temas de Andrés Manuel López Obrador y de Movimiento Regeneración Nacional (Morena), vio disminuido de inmediato –aunque todavía no anulado– el apoyo que puede ofrecer al tabasqueño.

El senador chiapaneco Noé Fernando Castañón Ramírez renunció formalmente al priismo y se incorporó al grupo parlamentario de Movimiento Ciudadano (MC), con lo que debilitó a su expartido pero no necesariamente fortaleció al otro, que ahora tiene ocho escaños. Eso sí, dispersó la fuerza opositora, la atomizó, como dirían algunos analistas.

Castañón, electo por la vía de primera minoría, tuvo problemas para rendir su protesta en el arranque de la legislatura y solo pudo hacerlo a finales de octubre –la legislatura comenzó el 1º de septiembre– cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ordenó a la mesa directiva del Senado que se la tomara después de que solventó una acusación de violencia familiar que interpuso su esposa.

La versión oficial de la salida de este senador de las filas del tricolor es pueril: aparentemente desertó por la amistad fuerte que tiene con Dante Delgado Rannauro, coordinador de MC en el Senado.

Sin embargo, detrás de su actitud está el repudio que recibió de sus excompañeras priistas a causa de las acusaciones de violencia familiar en su contra, aunque éstas se repitieron a su llegada al MC, donde finalmente se ha quedado. De cualquier modo, por ahora, su salida desajusta al PRI.

Una situación similar se había visto antes en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuando en fecha temprana de la legislatura perdió al senador Rogelio Israel Zamora Guzmán, quien se afilió a la bancada del Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

De ese modo, la fracción perredista quedó apenas con cinco integrantes, el mínimo requerido para, en apego a la Ley Orgánica del Congreso de la Unión, constituirse como tal, recibir recursos y participar en las decisiones del Senado a través de la Junta de Coordinación Política.

Si un perredista más se va, adiós bancada, adiós dinero y adiós participación en las definiciones colegiadas.

En la Cámara de Diputados se vive una situación igual. Ahí, cinco legisladores del PVEM dejaron casi al principio del ejercicio legislativo su bancada original para fortalecer al grupo parlamentario de Morena.

Luego de la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación, en cuya votación la bancada del PRD se sumó a las lopezobradoristas, se prevé que durante el periodo ordinario, en estos días, varios de sus 20 integrantes terminen por irse formalmente a Morena.

En los seis estados donde habrá elecciones este año –con definición de gubernatura en dos de ellos (Puebla y Baja California)– poco a poco se han presentado deserciones de lo que queda del priismo y el perredismo que terminan en las filas morenistas.

La Cuarta Transformación se llena, se sigue llenando de tránsfugas, cuya única meta es no quedar fuera del cobijo del poder, pues para éstos es más importante buscar acomodo en el régimen que preservar sus principios políticos e ideológicos.

En Puebla, donde el dos de junio habrá cita en las urnas, el PRI apenas cuenta con el seis por ciento de las preferencias electorales, cifra que de mantenerse hasta entonces lo dejaría al borde de la desaparición. Sus bases y sus operadores están cada vez más cerca de emigrar o en vías de hacerlo.

Equivocadísimos estaban quienes supusieron que las desbandadas se habían acabado con el proceso electoral del año pasado.