Las huelgas de Matamaros

Los temas se acumulan y hago referencia, antes del que tengo pensado para el día de hoy, a las declaraciones de Antonio Soto Sánchez

Ing. Omar Carreón Abud

2019-02-11
Ciudad de México

Los temas se acumulan y hago referencia, antes del que tengo pensado para hoy, a las declaraciones de Antonio Soto Sánchez, dirigente estatal del PRD en Michoacán, quien en su afán por tratar de atacar a Morena y a la CNTE por sus bloqueos, afirmó que el Movimiento Antorchista es grupo de choque del PRI. Estamos ante un tipo más que se añade a la lista de los que creen que tienen palabra de rey y que solo porque ellos lo dicen, todo el mundo tiene que caer de rodillas ante la verdad revelada que se sirven pronunciar ¿Y las pruebas, señor Soto? ¿No se necesitan? ¡Quién se ha creído el señor! La verdad no sé, pero sí sé que me recordó a Sancho Panza en el pasaje ante aquellos del pueblo que se ofendían porque los relacionaban con rebuznos y, delante de ellos, Sancho Panza se puso lindamente a rebuznar provocándolos con su gracejada. Señor Soto: ahora, a consecuencia de su ingenio, ya tiene adversarios que ayer no tenía, vamos a dar a conocer a cientos de miles de antorchistas que no le han hecho a usted nada, muchachos y muchachas como los que compitieron en la XX Espartaqueada Cultural, madres de familia, campesinos, colonos, obreros y tutti quanti, que usted se quiere montar contra ellos en la campaña de los más poderosos de este país y que se suma a los insultos de los que ya son víctimas.

Ahora, al tema de hoy: las huelgas de Matamoros, Tamaulipas. Hacía ya 30 años –más o menos la edad del neoliberalismo– que no había una rebelión obrera de la magnitud de la que estamos atestiguando en la ciudad fronteriza de Matamoros. La imponente ola de paros laborales empezó en la industria maquiladora, ya se ha extendido a empresas refresqueras, embotelladoras de agua y hasta a supermercados. Al momento de escribir estas líneas ya son por lo menos 70 empresas las que han estado y están en huelga, más lo que se acumule esta semana, por un aumento salarial de 20 por ciento y un bono anual de 32 mil pesos.

Una buena parte de los paristas han tenido éxito en sus peticiones y han regresado a trabajar a pesar de que sus paros fueron catalogados por las autoridades como paros ilegales o huelgas inexistentes. Esto se deriva del hecho de que los sindicatos “de protección” que tienen firmados los contratos colectivos de trabajo, es decir, que legalmente representan a los trabajadores, aunque realmente no los representen en los más mínimo, no fueron los que plantearon los emplazamientos a huelga ni cumplieron las formalidades requeridas. La lucha de los trabajadores de Matamoros ha hecho entrar en crisis al sistema de representación sindical.

Para que un sindicato represente a los obreros de una fábrica cualquiera necesita tener un registro sindical, registro que está en manos de la autoridad otorgar; y debe saberse bien que los registros sindicales son una especie de concesión que la autoridad otorga, supuestamente con base en consideraciones legales pero, en los hechos, con base en consideraciones políticas que colocan en el centro del análisis el control de los obreros. Son, pues, estos sindicatos con registro en todo el país los únicos autorizados para representar a los obreros y emprender “luchas” o “reclamos” en su nombre. En Matamoros, la inmensa mayoría de los obreros en lucha se salieron a la calle sin mayor trámite, y sin tomar en cuenta a sus “líderes” sindicales, a dar la lucha contra sus patrones.

Como era de esperarse, los representantes de los sindicatos se hicieron presentes y sometieron a los obreros a presiones de todo tipo para que regresaran a sus trabajos. Sin éxito. Una buena parte de los obreros en lucha ha logrado pactar con sus empleadores el 20 por ciento de aumento salarial reclamado así como el bono anual por 32 mil pesos; incluso, la señora María Estela Chavira Martínez, secretaria del Trabajo en el estado de Tamaulipas, ha advertido que esta situación podría replicarse en otras entidades de no conseguirse acuerdos entre sindicatos y empresarios. En México existen siete mil 698 empresas maquiladoras instaladas en varias entidades federativas.

Esta lucha obrera es algo nuevo en el país, desde hace décadas no se habían presentado 70 huelgas de un solo golpe, en los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto se declararon tan solo 49, 40 y 23 huelgas respectivamente. Parecía que el movimiento obrero estaba muerto. Todo parece indicar que el detonante del conflicto fue el decreto de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos en el sentido de aumentar el salario mínimo en la zona de la frontera en un 16 por ciento, aunque se suponía que había un acuerdo para que el decreto no impactara a los salarios contractuales; ello no obstante, hay que decir que existe una cláusula en algunos contratos colectivos de maquiladoras que especifica que cualquier incremento que se otorgue en los salarios mínimos impactará en los salarios contractuales de dichas empresas, o sea, los obreros tienen argumentos legales.

Y tienen razón. El 19 de enero pasado, una nueva nota sobre el tema, informaba que 26 megamillonarios poseen más dinero que los tres mil 800 seres humanos en mayor pobreza en el mundo entero y que la riqueza de éstos ricachos crece a un espeluznante ritmo de dos mil 500 millones de dólares por día. Los megamillonarios se benefician de la riqueza que producen los obreros de las fábricas del mundo que, como lo demuestran las maquiladoras de Matamoros y de todo el país, han llegado a fraccionar los procesos de producción a tal grado que son los países pobres, los de más bajos salarios, los encargados de ejecutar los procesos manuales a un costo bajísimo. Además, estamos en un mundo en el que los impuestos a los más ricos y poderosos se ha convertido en un tabú, dejando a los países con muy pocos recursos para combatir la desigualdad y hacer obras importantes de infraestructura, la riqueza inmensa está subgravada.

No hay una moral universal, la moral es principalmente de clase. Por tanto, las huelgas de Matamoros seguramente serán consideradas negativas, incorrectas, despreciables y peligrosas por los empresarios afectados, los charros y no pocos gobernantes, mientras que para los obreros y sus familias, que son los que producen la inmensa riqueza que inunda al planeta, ese 20 por ciento y esos 32 mil pesos cada 12 meses, serán apenas una bocanada de aire fresco a su durísima vida cotidiana; y su demostración de fuerza en la lucha será una prueba más de todo lo que pueden llegar a lograr si vencen su aislamiento y se organizan. Esperamos que así sea muy pronto. La justicia social tiene que asentarse en el mundo entero.