PRI-Morena, el tropezado y frágil maridaje

Con tropiezos y sin garantía de solidez, el PRI selló, con su apoyo para aprobar las 13 reformas constitucionales, cuyo precio pronto se dejará ver en la actividad pública del país

Álvaro Ramírez

2019-01-24
Ciudad de México

Con tropiezos y sin garantía de solidez, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) selló, con su apoyo para aprobar las 13 reformas constitucionales que crearon la Guardia Nacional, una alianza con el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), cuyo precio pronto se dejará ver en la actividad pública del país, especialmente en los acuerdos soterrados que actualmente rondan en torno a la designación del gobernador interino de Puebla.

Sin embargo, este maridaje, que fue indispensable para que las bancadas lopezobradoristas en la Cámara de Diputados y el Senado de la República avalaran las modificaciones a la Carta Magna, que requerían votaciones calificadas -dos terceras partes- podría durar poco.

El apoyo de los priistas tuvo, no se puede explicar de otro modo, un alto costo para Andrés Manuel López Obrador y de entrada se dio casi en sincronía con la designación del priista Guillermo Pacheco Pulido, la semana pasada, como gobernador interino de Puebla.

Con éste el tricolor regresará a Casa Puebla -sede y residencia gubernamental- por al menos unos 150 días, luego de que hace más de ocho años fue expulsado con una alianza multipartidista que en 2010 encabezó Acción Nacional (PAN) y que luego dio origen a la oligarquía morenovallista, llamada así por su líder y exgobernador, Rafael Moreno Valle Rosas.

Ahora bien, esta concordancia priista con el lopezobradorismo debe leerse, en principio, como solamente coyuntural, aunque existe la posibilidad de que se reedite en el Congreso de la Unión. Sin que esto implique que se tratará de una conducta permanente en uno y otro bando.

Así le conviene al PRI y a sus cabezas, de quienes en una entrega anterior dijimos que se veían desarticuladas porque el escenario político cambió y aún no se ubican en el nuevo contexto.

Si bien el otrora partido de Estado enfrenta fracturas internas y sobre él se aproximan nubarrones derivados de la disputa en marzo por la dirección formal, sus líderes parlamentarios pueden ir tejiendo ahora acuerdos con la Presidencia de la República.

Llegado el momento, que no nos sorprenda, la mano de López Obrador puede  dejarse ver también en la disputa por el control del PRI.

Es inevitable y así ha sucedido antes porque es la naturaleza del poder. En alguna medida, el tabasqueño meterá o buscará meter la mano en el Revolucionario Institucional.

En el escenario de los acuerdos parlamentarios PRI-lopezobradorismo también se anuncia que los partidos del Presidente de la República (Morena, Partido del Trabajo y Partido Encuentro Social) declinarán la interlocución legislativa con el PAN, al menos en el corto plazo. Por ahora con el PRI les basta.

En tanto, los panistas aún se debaten entre mantenerse como una oposición férrea, pero ahora prácticamente en solitario y no como había planteado y logrado definir antes de su muerte el excoordinador de los senadores albiazules, Rafael Moreno Valle Rosas, en bloque con los otros grupos parlamentarios antagónicos al lopezobradorismo.

La duda entre ser un aliado colaboracionista y recibir ciertas cortesías y prebendas del nuevo régimen, o mantenerse firme y en contradicción permanente con todas las propuestas presidenciales, con la esperanza de recoger frutos a largo plazo en las urnas con el voto antiAMLO -que lo hay y mucho- es la disyuntiva actual de la derecha que representa AN.

A casi cinco meses completos del ejercicio que comenzó el 1º de septiembre con la LXIV Legislatura, las bancadas siguen en el acomodo natural y obvio, ante un nuevo régimen que además tiene mayoría.

El debate ideológico en cada partido, en esta misma ruta, que es además imprescindible, puede verse contaminado por los procesos internos de elección de las dirigencias y los comicios constitucionales que se vienen en los próximos meses.

Bajo esas previsiones, ninguna alianza legislativa puede considerarse permanente.

Las coyunturas y los intereses de las cúpulas partidistas seguirán rigiendo el vaivén de las negociaciones.