Lo real

El objeto del arte siempre será la realidad, es decir, las creaciones artísticas tienen como referente al mundo objetivo, por más que dichas obras sean, a primera vista, demasiado ajenas a lo real.

Claudio Augusto Castañon Suárez

2022-01-21
Ciudad de México

El objeto del arte siempre será la realidad, es decir, las creaciones artísticas tienen como referente al mundo objetivo, por más que dichas obras sean, a primera vista, demasiado ajenas a lo real. El ropaje, por así decirlo, puede ser muy abstracto o muy etéreo pero, paradójicamente, en el arte ése es el “mecanismo” que se usa para expresar algo que emana del mundo de lo concreto.  

Por ejemplo, varios historiadores del arte caracterizan al surrealismo –importante movimiento artístico y literario surgido en Francia después de la Primera Guerra Mundial– como un movimiento fundamentalmente inspirado en las teorías psicoanalíticas, es decir, en creaciones que intentaron reflejar el funcionamiento del subconsciente (recinto de la mente donde se guardan, por cierto, algunos deseos reprimidos), dejando de lado cualquier tipo de control racional. En pocas palabras: en el surrealismo nos enfrentamos a formas muy similares a los sueños, a las ideas o pensamientos absurdos, a los contrasentidos, etcétera.

El surrealismo es un alejamiento evidente de lo real. Algunos especialistas lo explican con la situación histórica compleja y traumática que vivió Europa a causa de la guerra. El derramamiento de sangre y  el odio manifiesto rompieron violentamente con la fe en el progreso, que dos décadas antes era una visión recurrente en intelectuales y artistas. La realidad no era amable, pero seguía estando presente. Por ejemplo, en su portentísimo cuadro Guernica, Pablo Picasso habla de lo cruel que es la guerra sin necesidad de reflejar fielmente los destrozos de la misma. Mediante figuras y símbolos transmite la desolación y el pavor suscitados por la masacre. Los sueños sirven para expresar de otro modo la realidad.

De este modo, el mundo de lo fantástico y la ficción pueden ser vehículos de expresión de lo que vemos en lo más profundo de la realidad. Los artistas, si tienen honda preocupación por los problemas de su tiempo, buscan el modo de afrontar la realidad de su tiempo, no evadirla. He formulado esto para afirmar que la dosis de realidad que tiene una obra de arte no es criterio para graduarlo como tal; es inexacto afirmar que una obra de arte es mejor que otra solo por su carga de realismo. Sin embargo, en algunas etapas de la historia de la humanidad la reproducción exacta de la realidad se convirtió en un mérito.

En nuestros días el uso de lo irreal o lo irracional es común, no solo en lo tocante a la labor artística sino en el entretenimiento en general. Al grado de que cuando se presenta un filme como Roma, de Alfonso Cuarón, en el que se proyecta la realidad lo más desnuda posible, produce efectos soporíferos impensables a más de uno; o bien se piensa que tiene interpretaciones torcidas o rebuscadas. En pocas palabras: Roma es exitosa para los críticos porque es realista. Y los recursos bien empleados lo confirman: la fotografía de la cinta ocupa un lugar prominente y su eficacia es permanente.

La música está ausente porque el audio es la vida cotidiana. El guion narra la vida desde la óptica del marginado: el indígena pobre. De tal manera que la obra nos recuerda una sociedad profundamente dividida en clases sociales; nos dice que el soporte del progreso está en esos sectores humildes de la sociedad y que, además, pocas veces son los protagonistas en el cine, pues cuando lo hacen son personajes de segundo plano o ridículos en comedias baratas.

El filme de Cuarón hace fluir dos mundos de forma paralela: la vida de los señores y la de las sirvientas o de los trabajadores. Mundos que aparentemente no se tocan pero que fluyen a la par. La visión de las clases sociales en el cine. En la forma parecen no excluirse, al contrario, se completan. El pobre es el silencio, el anonimato; la fiesta la gozan los acomodados; los pobres viven al margen, no se pueden integrar, pero están presentes siempre. Hoy que triunfa la cinta en varias partes del mundo se plantea si la obra no está sobrevalorada. Con toda seguridad podemos decir que la propuesta es, por lo menos, necesaria en tiempos en que la realidad quiere ser escondida o adornada para no hacerla subversiva.