El PRI desarticulado

A pesar de contar con hombres y mujeres con muchos años de experiencia en la arena política, principalmente en la legislativa, los grupos parlamentarios del Partido Revolucionario Institucional

Álvaro Ramírez

2019-01-21
Ciudad de México

A pesar de contar con hombres y mujeres con muchos años de experiencia en la arena política, principalmente en la legislativa, los grupos parlamentarios del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el Congreso de la Unión se ven desarticulados y sin la fuerza que debieran mostrar debido a su disminuido número de integrantes.

La situación podría atribuirse a la ausencia de un Presidente de la República que les marque y justifique líneas de acción, pero esa orfandad ya la habían padecido antes sin que su falta de rumbo se reflejara de manera tan contundente como se ve ahora. 

Ante la imposibilidad de ser determinantes, debido a las razones aritméticas, en lo que va de la LXIV los priistas no intentan actuar como oposición, salvo en casos excepcionales, siquiera lo suficientemente críticos, severos, racionales o al menos estridentes.

El temible, experimentado y hasta terrible Miguel Ángel Osorio Chong, coordinador de los senadores del PRI, no ha aparecido todavía como pieza fundamental en la Cámara Alta, en donde la bancada tricolor tiene 15 escaños y es la tercera minoría. Es la representación más baja en la historia del otrora partido hegemónico.

En esa bancada, además, se halla la misma presidenta del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), Claudia Ruiz Massieu Salinas, sin que esto se traduzca en mayor contundencia opositora. 

En la Cámara de Diputados tampoco se ha visto el tono supuestamente firme, audaz y hasta simpático que en otros encargos públicos, incluido el de gobernador de Guerrero, mostró René Juárez Cisneros, el hoy coordinador de los 47 priistas en San Lázaro.

Si bien su posición como tercero en número de legisladores en los dos órganos legislativos no le da para definir votaciones o inclinar balanzas, el PRI bien podría tener un papel más protagónico para por lo menos –como ocurría antes con las minorías estridentes y eficientes que “perdían la votación pero ganaban el debate”– buscar réditos en la opinión pública que con el paso del tiempo pudieran darles consistencia política y votos en las urnas.

En el pasado periodo ordinario de sesiones, que fue del 1º de septiembre a poco más de mediados de diciembre de 2018, el PRI quedó desdibujado en los debates y en las acciones contra el régimen lopezobradorista.

En la Cámara Alta su intervención fue prácticamente irrelevante en los 36 asuntos que se abordaron: tres reformas constitucionales, tres leyes de nueva creación, 25 modificaciones a diversos ordenamientos vigentes y cinco decretos.

Es en el Senado donde la bancada priista tiene más posibilidades de cobrar relevancia política, pero ha sido ahí donde por ahora se ha visto más opacada.

Hasta su fallecimiento, el coordinador de los panistas, Rafael Moreno Valle Rosas, se había convertido en la verdadera cabeza del bloque opositor, mediante la presentación de dos controversias constitucionales a reformas lopezobradoristas: la Ley de Remuneraciones y la que dio pie a la creación de los superdelegados.

Fue el fallecido exgobernador poblano quien comandó ese bloque en el que, además del Partido Acción Nacional (PAN), estuvieron el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el PRI y Movimiento Ciudadano (MC).

Con él se reportaron y acordaron los otros coordinadores parlamentarios, incluido el priista hidalguense Miguel Ángel Osorio Chong.

La ausencia de Moreno Valle Rosas dejó sin cabeza ese bloque antilopezobradorista, que comenzaba a ejercer contrapeso eficiente a sus grupos parlamentarios: el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y los partidos del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES).

En la Cámara de Diputados las cosas no son tan distintas, al grado que el guerrerense Juárez Cisneros, desde las primeras semanas, enfrentó un intento de motín entre sus propios compañeros, lo que demuestra de sobra su debilidad como jefe de bancada.

Aunque no es la primera vez que se ve en desventaja numérica en el Congreso de la Unión –situación que vivió ya en dos ocasiones anteriores, cuando estuvo fuera del Gobierno Federal– es evidente que el PRI vive hoy en un escenario más grave y dramático que los anteriores.

En el año 2000, cuando el priato cayó por primera vez a manos del panista Vicente Fox Quesada, el tricolor tuvo en San Lázaro 209 curules y 59 escaños en Xicoténcatl, la vieja sede senatorial.

En 2006, cuando llegó al poder Felipe Calderón, solamente comandó a 33 senadores y 106 diputados.

Actualmente tiene menos de la mitad de esos escaños y su reto es mayor. Al PRI le urgen talento y liderazgo si no quiere pasar de noche los siguientes años en el trabajo legislativo.