El deterioro ecológico del lago de Pátzcuaro: futuro incierto para 200 mil habitantes

La ciudad de Pátzcuaro, su lago de 126.4 kilómetros cuadrados, su temperatura media entre los 16 y 24º C y los bosques de cedro, pino, oyamel y junípero que rodean la cuenca lacustre integran una de las regiones de mayor afluencia turística nacional e int

-Por Julían Mendoza

2019-01-07
Ciudad de México

La ciudad de Pátzcuaro, su lago de 126.4 kilómetros cuadrados, su temperatura media entre los 16 y 24º C y los bosques de cedro, pino, oyamel y junípero que rodean la cuenca lacustre integran una de las regiones de mayor afluencia turística nacional e internacional, en la que sus visitantes disfrutan de diversas expresiones culturales como la gastronomía, la artesanía y la arquitectura. Se trata de un espacio vital en extremo rico que además de turístico ha funcionado como un motor del desarrollo económico, social y político regional, gracias a la explotación ponderada de sus recursos hídricos, pesqueros, ganaderos, agrícolas y silvícolas.

Esta joya nacional, que la cultura purépecha había conservado más o menos sana ecológicamente desde el año 1300, hoy enfrenta un grave problema de salud: el agua cristalina de la cuenca del lago de Pátzcuaro se ha tornado de color verde oscuro; su profundidad ha disminuido cinco metros y el lirio acuático y los residuos industriales –platos y vasos de plástico, latas, popotes y envolturas de botanas o comida chatarra, etc.– avasallan cada vez más su superficie, amenazando con destruir definitivamente el antiguo emporio michoacano.

Su misma gente ha dejado de sentirse en el paraíso, pues sus indicadores sociales ya la ubican en el subdesarrollo social: de las 65 localidades patzcuarenses cinco poseen un índice muy alto de marginación; 52 reportan alto; cinco se hallan en medio; dos en bajo y solo una en muy bajo, de acuerdo con información del Plan de Desarrollo Municipal de Pátzcuaro 2012-2015. 

Agoniza la “entrada al paraíso” 

Rogelio vive en La Pacanda, una de las siete islas de la cuenca, ubicada a 11 kilómetros de Pátzcuaro. Los fines de semana, cuando no va a la escuela, Rogelio aprovecha su tiempo para buscar moneditas a los pies del Monumento a José María Morelos y Pavón, uno de los puntos más turísticos de Pátzcuaro.  “Es para comprar mis Sabritas”, dice sonriendo. Solo tiene 12 años y durante el día se las arregla para no aburrirse, porque sus padres se dedican al comercio ambulante, trabajan de Sol a Sol en Quiroga y Pátzcuaro. 

“Eran pescadores, pero ya ni hay tanto pez como para que dé comida. Por eso se van pa’ allá”, explica mientras mueve la hojarasca del pavimento en busca de otra monedita. La realidad de Rogelio y su familia es la misma que enfrentan los cerca de 200 mil habitantes de la zona lacustre del lago de Pátzcuaro: la pesca ya no es una actividad productiva que permita a los habitantes cubrir sus necesidades básicas, entre ellas la alimentación. Por ello deben recurrir a otro tipo de labores, como el comercio informal, que ahora ha pasado a ser la principal fuente de empleo entre los patzcuarenses.

Pátzcuaro solía ser la “entrada al paraíso”, el centro del antiguo reino tarasco, en donde floreció por siglos la cultura purépecha. El centro histórico todavía guarda vestigios de su riqueza cultural: los portales en colores blanco y rojo, los mercados llenos de comida y todo tipo de mercancías, donde el trueque aún es una práctica comercial; la vestimenta, la artesanía típica de la región, las nieves de pasta, limón, fresa y chongos; jóvenes bailando y cantando la pirekua La flor de canela en la plaza Don Vasco; pescadores y artesanos ofreciendo sus productos, y la Danza de los viejitos en pleno Muelle General.

Ésta es la cotidianidad de una ciudad que por años ha luchado por mantenerse en pie ante la adversidad que impone la globalización. Sin embargo, en las últimas cuatro décadas, los habitantes de la región lacustre de Michoacán han sido afectados por el deterioro ambiental que sufre la cuenca del lago y su calidad de vida ha disminuido aceleradamente. La pesca, que fue su principal actividad productiva durante mucho tiempo, dejó de serlo y desde hace 30 o 40 años se dedican a otras labores a fin de lograr su sustento familiar.

 

Investigadores del Laboratorio de Biología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), Juan Ramírez y Omar Domínguez, aseguran que las alteraciones en el hábitat se vinculan estrechamente con la base productiva regional, distribuida entre la agricultura (40 por ciento), la ganadería (30 por ciento) y el desarrollo urbano (el 30 por ciento). Estas prácticas laborales han generado la disminución del nivel del agua, la deforestación y el cambio del uso del suelo en el territorio de la cuenca del lago patzcuarense.

 

Andrés Arellano Torres, jefe del Centro Regional de Investigación Acuícola y Pesquera en Pátzcuaro (CRIAP), afirma que los escasos resultados que tiene el programa de rescate del lago se deben a que su presupuesto “no alcanza para resolver toda la problemática; pero, hemos tenido logros importantes para la recuperación de estas especies nativas del lago”.

“Algunas especies tienen importancia ecológica, económica, social y cultural, como el pescado blanco, que todavía se puede encontrar, aunque sus poblaciones son muy escasas. También hay otra especie, la Carpa Acúmara, nativa y endémica del lago de Pátzcuaro, cuya reproducción se dejó de reportar desde el año 2000; pero aún se pueden encontrar algunos ejemplares en la cuenca”, dijo. El Achoque es otra especie que actualmente ha adquirido gran importancia, debido a su difusión en trabajos de investigación ecológica. Esta especie está considerada endémica por la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010.

Los biólogos Juan Ramírez y Omar Domínguez afirman que de lograr la producción y conservación de las especies nativas se contribuiría al mantenimiento y desarrollo ambiental del lago de Pátzcuaro. Sin embargo, advierten que, aun comenzando ahora el rescate, los resultados solo podrán observarse dentro de tres o cuatro décadas, lo que provoca incertidumbre social, ecológica, cultural y económica en la población, porque el riesgo de desecación y constante deterioro ambiental de la cuenca es latente y se evidencia en muchas ocasiones.

Décadas de negligencia del estado

A finales de la década de los años 70 del siglo pasado comenzaron a realizarse estudios multidisciplinarios, vinculados con las acciones de control y recuperación de las condiciones ecológicas de la cuenca. Víctor Manuel Toledo, ecólogo mexicano, destacó en ese periodo por su actividad académica enfocada a explorar y denunciar la relación que siempre ha existido entre el deterioro ambiental del lago y las prácticas cotidianas de sus habitantes.

 Aída Castilleja, otra antropóloga mexicana, publicó en 2003 el artículo La cuenca del lago de Pátzcuaro como escenario y objeto de políticas públicas, donde se enumeran las acciones gubernamentales –municipales, estatales y federales– orientadas a la atención de los cambios ecológicos que la cuenca del lago de Pátzcuaro había venido sufriendo desde 1930.

En este documento, que forma parte de los archivos electrónicos de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (PDI), Castilleja expone que por más de 60 años se implementaron programas de acción para coadyuvar y preservar la calidad del agua de la cuenca, y potenciar los recursos naturales de esta región michoacana. No obstante, en seis décadas solo se realizaron tres acciones: el fortalecimiento de las actividades productivas, el control de las condiciones ecológicas y la atención a las demandas sociales.

Para los doctores Juan Ramírez y Omar Domínguez, los continuos dragados y el inadecuado manejo de malezas que crecen en el lago han provocado un cambio en el hábitat y sus interacciones, siendo la materia orgánica uno de los principales factores que han afectado la calidad el agua.

En su estudio El lago de Pátzcuaro, un lago en decadencia (2012), ambos especialistas demuestran con datos el deterioro ambiental de la zona lacustre, entre los que destacan la disminución de más de cinco metros de la profundidad máxima del agua y la pérdida de su transparencia, la cual pasó de tres o cuatro metros a menos de 30 centímetro entre 1930 y 2010.

 

Ineficientes proyectos de rescate

 

El estudio realizado por el investigador del Centro de Investigaciones de Geografía Ambiental (CIGA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en Morelia, David Garrido Rojas, evidencia el vínculo cultural que tienen los habitantes de La Pacanda, una de los sietes islas situadas en la cuenca, con la biodiversidad, la contaminación y la desecación del lago de Pátzcuaro. Desde 2015, Garrido Rojas trabaja en un proyecto que consiste en capturar, analizar y reproducir el paisaje de la isla La Pacanda por medio de los sonidos para mostrar con éstos su estado ecológico actual.

El investigador de la UNAM asegura que el deterioro ambiental del lago de Pátzcuaro puede advertirse en las pirekuas, en decir, en cantos típicos de las comunidades purépechas; en las del lago y en el comportamiento de las aves que habitan en la cuenca. 

Felimón González, técnico en productividad industrial de Pátzcuaro y habitante del lugar, coincide con esta postura. Durante 53 años, Filomeno ha observado un incremento de la contaminación y lo atribuye a la intervención técnica de algunos planeadores, quienes alteraron una alimentación de recambio de agua proveniente del lago de Zirahuén que atravesaba el lago de Pátzcuaro. Como consecuencia de esta acción –asegura Felimón– las actividades de saneamiento de la cuenca fueron insuficientes, ya que la materia orgánica y demás desechos contaminantes permanecieron bajo el agua.

Felimón González trabajó durante cuatro años en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y en este lapso participó en programas orientados a brindar mantenimiento al lago y constatar que la ineficiencia técnica del personal de estas tareas, que actuó sin que las autoridades estatales revisaran lo que hacía la dependencia federal. Por eso no se ha podido frenar el deterioro ambiental de la zona lacustre de Michoacán:

“No existe un personal capacitado. Las acciones del gobierno ante estos fenómenos son meramente de tipo político, para seguir jalando a la gente, para que lo apoye mediante votos, pero no con la intención de mejorar cada lugar. A mí me cambiaron a otro departamento para que no siguiera con el proyecto que estructuré”.

Actualmente, Felimón González ejerce como técnico en productividad, pero también como guardia de seguridad en el Centro Regional de Investigación Acuícola y Pesquera de Pátzcuaro (CRIAP). En sus mejores años se dedicó a la pesca, con la que mantuvo a su familia durante 20 años. Pero con la mortandad de peces, al igual que sus vecinos de La Pacanda, debió renunciar a esa actividad.

Todo esto representa una gran pérdida económica, social y cultural para Michoacán, porque Pátzcuaro es la segunda zona con mayor la afluencia de turistas de la entidad, solo después de la capital, según el Programa Sectorial de Turismo 2015, de la Secretaría de Turismo. Tan solo en la pasada celebración del Día de Muertos, las islas de la cuenca registraron una asistencia de 65 mil personas, una ocupación hotelera del 100 por ciento y generaron una derrama económica de 55 millones de pesos.

El secretario de Turismo, Cultura y Artesanías de Pátzcuaro, Enrique Rivera Ruíz, asegura que el mantenimiento del lago es primordial para los habitantes de la zona, pues es el principal atractivo turístico del lugar. “Cualquier acción que se haga por el rescate del lago, traerá un beneficio importante para el turismo”, dijo.

Informó que diversas dependencias gubernamentales han trabajado en el rescate ecológico de la cuenca, entre las que destacó la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Semarnat y la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (Sedue). Sin embargo, los indicadores del deterioro ambiental persisten en la cuenca del lago de Pátzcuaro como si nada se hubiera hecho para combatirlos.

 

Enrique Rivera recuerda que cuando Víctor Báez fue diputado federal durante la anterior legislatura, logró recursos económicos importantes para atender el problema ecológico de la zona lacustre michoacana. En junio de 2018, cuando Báez era candidato a la alcaldía de Pátzcuaro, entregó al actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), un diagnóstico sobre las condiciones ecológicas de la cuenca. Cuatro meses después, AMLO volvió a Pátzcuaro, pero no hizo ninguna mención al problema ecológico del municipio purépecha.

 

Un proyecto integral de rescate

El 14 de noviembre de 2018, ante el agravamiento del problema, el diputado al Congreso de Michoacán, Omar Carreón Abud, presentó una propuesta cuyo objetivo es crear un fideicomiso público que permita fondear un programa para contrarrestar y subsanar el deterioro ambiental que actualmente padece la cuenca del lago de Pátzcuaro.

 “Su extinción sería una catástrofe social y ecológica [...]. El modelo económico de moda en el mundo está destrozando al ser humano, sumiéndolo en el hambre; las enfermedades, la drogadicción, la ignorancia. También está aniquilando al planeta en el que vive, el único hogar que tiene [...]”, así argumentó su propuesta Carreón Abud en el Congreso de Michoacán, quien encabeza el grupo “Rescate por el lago de Pátzcuaro”.

Esta organización civil, conformada por habitantes de las diferentes comunidades ribereñas de la cuenca del lago, tiene el objetivo de mejorar las condiciones ecológicas de la región lacustre, no únicamente de la cuenca hidrográfica, sino también de las actividades productivas relacionadas con su desarrollo y mantenimiento, tales como la agricultura, ganadería y, principalmente, la pesca.

En su propuesta, Carreón Abud explica que el fideicomiso público estaría enfocado a fondear un plan integral que abarque estudios técnicos, administración de los recursos económicos y obras de saneamiento que permitan la preservación del lago; estas acciones se coordinarían institucionalmente con las que ya realizan la Conagua, la Comisión Estatal de Agua y Gestión de Cuencas (CEAC) y las autoridades municipales de las poblaciones de la cuenca.  La ejecución de dicho plan está estimada en 20 millones de pesos.

El rescate del Lago de Pátzcuaro va más allá de un indicador ambiental. La cuenca permitirá a sus habitantes y a los turistas seguir disfrutando de un gran recorrido por la historia y tradición de los pueblos purépechas. Su mantenimiento hará posible observar, por muchos años más, la riqueza de la región michoacana, aquella que diariamente trabaja para exponer al mundo su cultura.