JAIME GIL DE BIEDMA

Barcelona, España, 13 de noviembre de 1929 – ocho de enero de 1990.

-Por Redacción

2019-01-07
Ciudad de México

JAIME GIL DE BIEDMA. Barcelona, España, 13 de noviembre de 1929 – ocho de enero de 1990. Poeta español nacido en el seno de una familia de la alta burguesía. Inició sus estudios de Derecho en Barcelona y los continuó en Salamanca, por cuya universidad se licenció. Su poesía, de tono elegiaco, enlaza con la de Vallejo, Antonio Machado y con el delicado erotismo de Cernuda. Aunque su obra no es muy extensa, es una de las que más influencia ha ejercido en las generaciones recientes. Su primer libro, Según sentencia del tiempo, se publicó en 1953, seguido de Compañeros de viaje (1959), En favor de Venus (1965), Moralidades (1966), Poemas póstumos (1968), Las personas del verbo (1975 y 1982), donde se recoge su poesía hasta esas fechas. Escribió agudos ensayos literarios y después de su muerte se editó un diario suyo, Retrato del artista. Fue uno de los poetas españoles más significativos de la denominada Generación del 50; su camino de creación comenzó en la poesía intimista y alcanzó su madurez con temáticas de tipo social. A los 24 años se mudó a Inglaterra, donde amplió su biblioteca personal, principalmente constituida por joyas de la lírica francesa. Luego de una corta etapa de producción literaria se alejó de las letras para recluirse en una espiral de depresión; durante sus últimas décadas dio a conocer algunas poesías a través de revistas.

ELEGÍA Y RECUERDO DE LA CANCIÓN FRANCESA

  C’ est une chanson

qui nous ressemble.

Kosma y Prévert: Les feuilles mortes

 

Os acordáis: Europa estaba en ruinas.

Todo un mundo de imágenes me queda de aquel tiempo

descoloridas, hiriéndome los ojos

con los escombros de los bombardeos.

En España la gente se apretaba en los cines

y no existía la calefacción.

 

Era la paz –después de tanta sangre–

que llegaba harapienta, como la conocimos

durante cinco años.

Y todo un continente empobrecido,

carcomido de historia y de mercado negro,

de repente nos fue más familiar.

 

¡Estampas de la Europa de post-guerra

que parecen mojadas en lluvia silenciosa,

ciudades grises adonde llega un tren

sucio de refugiados: cuántas cosas

de nuestra historia próxima trajisteis, despertando

la esperanza en España, y el temor!

 

Hasta el aire de entonces parecía

que estuviera suspenso, como si preguntara,

y en las viejas tabernas de barrio

los vencidos hablaban en voz baja...

Nosotros, los más jóvenes, como siempre esperábamos

algo definitivo y general.

 

¡Y fue en aquel momento, justamente

en aquellos momentos de miedo y esperanzas

–tan irreales, ay– que apareciste,

oh rosa de lo sórdido, manchada

creación de los hombres, arisca, vil y bella

canción francesa de mi juventud!

 

Eras lo no esperado que se impone

a la imaginación, porque es así la vida,

tú que cantabas la heroicidad canalla,

el estallido de las rebeldías

igual que llamaradas, y el miedo a dormir solo,

la intensidad que aflige al corazón.

 

¡Cuánto enseguida te quisimos todos!

En tu mundo de noches, con el chico y la chica

entrelazados, de pie en un quicio oscuro,

en la sordina de tus melodías,

un eco de nosotros resonaba exaltándonos

con la nostalgia de la rebelión.

 

Y todavía, en la alta noche, solo,

con el vaso en la mano, cuando pienso en mi vida,

otra vez más sans faire du bruit tus músicas

suenan en la memoria, como una despedida:

parece que fue ayer y algo ha cambiado.

Hoy no esperamos la revolución.

 

Desvencijada Europa de post-guerra

con la luna asomando tras las ventanas rotas,

¡Europa anterior al milagro alemán,

imagen de mi vida, melancólica!

Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos,

aunque a veces nos guste una canción.

PÍOS DESEOS PARA EMPEZAR EL AÑO

Pasada ya la cumbre de la vida,

justo del otro lado, yo contemplo

un paisaje no exento de belleza

en los días de sol, pero en el invierno inhóspito.

Aquí sería dulce levantar la casa

que en otros climas no necesité,

aprendiendo a ser casto y a estar solo.

Un orden de vivir, es la sabiduría.

Y qué estremecimiento,

purificado, me recorrería

mientras que atiendo al mundo

de otro modo mejor, menos intenso,

y medito a las horas tranquilas de la noche,

cuando el tiempo convida a los estudios nobles,

el severo discurso de las ideologías

–o la advertencia de las constelaciones

en la bóveda azul–.

Aunque el placer del pensamiento abstracto

es lo mismo que todos los placeres:

reino de juventud.

 

De Poemas póstumos (1968)

NOS RECIBEN LAS CALLES CONOCIDAS...

Nos reciben las calles conocidas

y la tarde empezada, los cansados

castaños cuyas hojas, obedientes,

ruedan bajo los pies del que regresa,

preceden, acompañan nuestros pasos.

Interrumpiendo entre la muchedumbre

de los que a cada instante se suceden,

bajo la prematura opacidad

del cielo, que converge hacia su término,

cada uno se interna olvidadizo,

perdido en sus cuarteles solitarios

del invierno que viene. ¿Recordáis

la destreza del vuelo de las aves,

el júbilo y los juegos peligrosos,

la intensidad de cierto instante, quietos

bajo el cielo más alto que el follaje?

Si por lo menos alguien se acordase,

si alguien súbitamente acometido

se acordase... La luz usada deja

polvo de mariposa entre los dedos.

CONVERSACIÓN

Los muertos pocas veces libertad

alcanzáis a tener, pero la noche

que regresáis es vuestra,

vuestra completamente.

 

Amada mía, remordimiento mío,

la nuit c’est toi cuando estoy solo

y vuelves tú, comienzas

en tus retratos a reconocerme.

 

¿Qué daño me recuerda tu sonrisa?

¿Y cuál dureza mía está en tus ojos?

¿Me tranquilizas porque estuve cerca

de ti en algún momento?

 

La parte de tu muerte que me doy,

la parte de tu muerte que yo puse

de mi cosecha, cómo poder pagártela...

Ni la parte de vida que tuvimos juntos.

 

¿Cómo poder saber que has perdonado,

conmigo sola en el lugar del crimen?

¿Cómo poder dormir, mientras que tú tiritas

en el rincón más triste de mi cuarto?

AMOR MÁS PODEROSO QUE LA VIDA

La misma calidad que el sol de tu país,

saliendo entre las nubes:

alegre y delicado matiz en unas hojas,

fulgor de un cristal, modulación

del apagado brillo de la lluvia.

 

La misma calidad que tu ciudad,

tu ciudad de cristal innumerable

idéntica y distinta, cambiada por el tiempo:

calles que desconozco y plaza antigua

de pájaros poblada,

la plaza en que una noche nos besamos.

 

La misma calidad que tu expresión,

al cabo de los años,

esta noche al mirarme:

la misma calidad que tu expresión

y la expresión herida de tus labios.

 

Amor que tiene calidad de vida,

amor sin exigencias de futuro,

presente del pasado,

amor más poderoso que la vida:

perdido y encontrado.

Encontrado, perdido...