El medio natural y el medio artificial, según Paul Lafargue

En el ensayo El método histórico de Carlos Marx hay un capítulo dedicado a explicar las influencias de los medios natural y social sobre el hombre.

-Por Ángel Trejo

2019-01-07
Ciudad de México

En el ensayo El método histórico de Carlos Marx hay un capítulo dedicado a explicar las influencias de los medios natural y social sobre el hombre. Apoyado en los naturalistas Georges Cuvier, Geoffroy Saint-Hilaire y Charles Darwin, Paul Lafargue (1842-1911) dice que la acción física del medio ambiente no solo modifica al órgano directamente involucrado –mano, pie, cerebro, etc.– sino también al resto del cuerpo humano, debido a que el cambio replica en cada una de las partes de éste. Cuvier llamó Ley de Correlación a este efecto. Fue así como la posición vertical de un mono antropoide operó como el “punto de partida” de la serie de cambios que lo convirtieron en el homo sapiens, ya que cuando el cuello dejó de soportar a la cabeza y ésta quedó sobre la columna vertebral se modificaron la forma y el funcionamiento del cráneo, el cerebro, el encéfalo, etc. Un proceso de adaptación similar hizo de antiguos mamíferos terrestres las actuales ballenas y delfines, y de exuberantes florestas tropicales las diminutas plantas que hoy apenas superviven en el desierto del Sahara.

Pero a diferencia de los cambios que propicia el medio físico, dice Lafargue, los que genera el medio social son mucho más rápidos debido a la presencia de un agente de cambio creado por el hombre: el trabajo. Por vía de este medio “artificial” fue como éste se alejó muy pronto de sus ancestros simios, creó instrumentos, artes, ciencias, modos de producción, creencias, hábitos, costumbres, tradiciones e instituciones –económicas, sociales, jurídicas, etc.– y reconfiguró el mundo natural a grado tan distinto que la evolución de otras entidades es tan extremadamente lenta que hoy “vegetales y animales parecen inmutables”. Lafrague cita como ejemplo de cambio “artificial” drástico el detonado por el uso del vapor de agua como fuerza motriz, que en pocos años produjo el uso de la hulla, la locomoción, la tracción sobre vías férreas y el invento del ferrocarril por cuenta de George Stephenson en 1829.

Lafargue culmina su ensayo comparando diversas posiciones históricas y filosóficas a fin de definir si todos los cambios “artificiales” son inconscientes o están determinados por objetivos conscientes como los que Giambattista Vico (1668-1744) llamó “tres fuerzas motrices de la historia” o “tres vicios o furias del interés privado: la dureza de corazón, la avaricia y la ambición”. Un siglo después, Marx habría de formular el determinismo económico y explicar que tanto la explotación laboral como los modos de producción inherentes a aquélla son plenamente conscientes y devastadores. Por ello, dice Lafrague, “los medios artificiales no se transforman sino a costa de luchas nacionales e internacionales” intensas ya que, a diferencia de la evolución embrionaria de los seres naturales, aquéllos “pasan por instituciones familiares, de propiedad, jurídicas, políticas; y por formas de pensamiento filosófico, religioso, artístico y literario análogas” que complican su temperancia y exigen a las comunidades el uso consciente de los mismos procedimientos de producción para poder transformarlos.