Soteapan, en el hoyo y sin cambios
Nora Suárez

“¿Y de qué otra manera vamos a buscar opciones de trabajo si no tenemos los medios para intentarlo..? Uno quisiera hacerlo, pero ¿cómo?”, pregunta Pedro García, mientras su familia camina con los pies descalzos y él se mece en una hamaca colgada frente a su casa de madera y piso de tierra.

Pedro se cuestiona cómo “salir del hoyo” en el que él está junto con 7 mil productores soteapenses de maíz. Sin duda, el hoyo de la pobreza.

Soteapan es un municipio ubicado al sur de Veracruz, asentado en las faldas de la Sierra de Santa Martha y olvidado por las autoridades, pues prácticamente no hay caminos por los que se pueda pasar para sacar y comercializar el maíz que se produce en esta tierra rojiza.

“No hay de otra”

Pedro García siempre ha trabajado en el campo, de 5 a 11 de la mañana, “aunque orita todo está difícil y el fertilizante caro, a 600. Nosotros hacíamos tres hectáreas, que ora no vamos a poder” porque, además, el maíz se les paga muy barato, a 2.30 pesos el kilo.

Por eso, en los últimos seis meses, él apenas obtuvo 6 mil pesos: “no hay ganancia, a veces salimos perdiendo, nomás invertimos; además, sembramos, limpiamos, fumigamos, fertilizamos y pagamos una renta de 600 pesos por hectárea en cada temporal”.

Sin embargo, se sigue sembrando porque la gente no tiene más empleo. Asegura levantando la voz: “está uno obligado a trabajar nomás para sobrevivir”.

El trabajo es duro y más cuando el sol quema la piel: “hay que resistirlo, tenemos que irnos amaneciendo”, aunque en ocasiones no ven la luz de la esperanza: “no comemos, por decir, carne todos los días, porque no tenemos; a veces comemos pollo”.

Pero aun así “tenemos que intentar sembrar maíz, es la única opción que tenemos; si no sembramos no podemos vivir, no podemos mantener a nuestras familias; nosotros de eso vivimos, desde niños empezamos a trabajar en el campo”.

Santos Arias también es campesino, también siembra maíz desde los siete u ocho años de edad cuando su papá empezó a llevarlo a trabajar al campo. Entonces salían temprano, desde las 5 de la mañana y regresaban a las 12 del día porque no se podía seguir.

La primera vez que fue al campo “yo pensaba que íbamos a jugar”, dice riendo; “uno no sabe nada a esa edad; para nosotros era un juego, pero con el tiempo uno se cansa... y ya nos cansamos”. Aunque ahora le gusta trabajar en el campo, sembrar y vivir de la tierra, después de trabajar 40 años en lo mismo, ya no aguanta..

Lo que sucede, dice Santos, es que “no hay de otra”, hay que vivir de algo y aprovechar las 35 hectáreas de terreno que tiene, a pesar de que ahora ya no recibe las ganancias de antes, pues ha aumentado el precio de los fertilizantes y agroquímicos: “ahora se debe invertir más para sacar menos”.

Desde hace cinco años obtiene menos por los costos de los insumos: “esto ya no es ganancia”. Incluso, ha pensado que pronto sólo se sembrará nada más para consumo familiar, porque el maíz en la zona ya no se vende y no hay caminos para sacar el producto: “ya no se puede sembrar... y el camino está horrible”.

Incluso, dice, sus hijos ya no se dedican al campo, ahora son albañiles, porque aunque tengan ganas de trabajar la tierra ya no alcanza el dinero. Santos siente que es una tristeza que sus hijos ya no siembren cuando él tiene tierra, “pero no se puede hacer nada”.

Pedro García, por su parte, también ha pensado en dejar de sembrar: “pero ¿de qué otra manera vamos a buscar opciones de trabajo si no tenemos los medios para intentarlo?; uno quisiera hacerlo, ¿pero en qué?”.
Su familia ha puesto una tiendita afuera de su casa, pero la verdad es que esto “es nomás para pasar el tiempo, para entretenerse, pues no tenemos clientes”. Ante la falta de caminos en Soteapan, los únicos que ganan son los coyotes: “ellos son los que vienen a acaparar el maíz y son los que ganan, los campesinos no; como entran varios, entre ellos se comunican para pagarnos poco”, dice Pedro y se mece en la hamaca.

Deuda con Soteapan

Sólo existe un acceso pavimentado a la cabecera municipal, pero en las comunidades -que es donde se concentra la mayor parte de población del municipio- los caminos son de tierra, de baches; de hoyos por doquier, polvaredas y una piedra rojiza con la que se intenta mejorar el paso; pero sólo eso porque, la verdad, es que no cambia mucho.

De acuerdo con el presidente municipal, Elías Ramírez, tanto el gobierno federal como el estatal tienen una deuda pendiente en el área de construcción de caminos, “una deuda atrasada, porque el año pasado se nos informó que se invertirían 10 millones de pesos y la verdad es que sólo se invirtieron dos”.

Dice que este año se les prometió que se invertirían 27 millones, pero de acuerdo con su cálculo, debe incrementarse esta cantidad. Y es que al no haber caminos, los 7 mil productores de maíz -principal actividad agrícola del municipio- no pueden salir a comercializar el grano que cada año se produce aquí, por lo que aunque pudiera haber progreso, lo único que se queda es la pobreza.

Por eso, dice el alcalde, se empezó a gestionar la construcción de una carretera denominada la “Brecha del maíz”, que va del entronque Ocozontepec, pasa por las comunidades de Benito Juárez, Buena Vista, El Tulín, La Magdalena hasta llegar a Catemaco, con el fin de que se prestara un poco más de atención a Soteapan por parte del gobierno.

El presidente municipal tiene confianza en que con esta carretera haya avances reales y que, por fin, haya algo en los bolsillos de los campesinos. Hemos notado que el gobierno no le da importancia a la comunidad de Morelos”, que también forma parte de la “Brecha del maíz”.

De hecho, por las condiciones de terreno que tiene, Morelos ocupa el primer lugar regional en producción de maíz, cosecha de 28 a 30 mil toneladas anuales, mientras que en otras localidades una hectárea da tres toneladas de maíz. En Morelos, una hectárea, da entre seis y ocho toneladas.

Por eso, “hemos estado insistiendo en que la Secretaría de Comunicaciones del estado le invierta,  ya sólo falta un tramo de unos ocho kilómetros, aproximadamente, y esa carretera nos va a unir a la carretera Costera del Golfo, la principal, la cual nos comunicaría a la parte del centro de nuestro estado; es la salida de lo que nuestros campesinos de Buena Vista, Tulín y Morelos producen”.
 
Gobierno fomenta la migración

 “Si esto no se hace -afirma Elías Ramírez- el fenómeno de la migración puede aumentar” y con ello, las consecuencias que este problema atrae; “de por sí en las comunidades todos los días hay familias que deciden mejor emigrar a sembrar sus cultivos. Ya hay un problema fuerte de desintegración familiar, madres solteras y mujeres abandonadas”.

Por eso, insiste, hay migración, porque la gente ve que sembrar maíz no es redituable, que no se tienen las ganancias que en un momento dado pudieran darse: “los insumos cada vez están más caros, entonces, qué es lo que esperan ellos, ¿trabajar por trabajar? Sus hijos requieren alimentación, educación, salud y ellos no cuentan con esa posibilidad. Estamos en una situación crítica, pero también estamos a tiempo de tomar una definición seria”.

Lo que se requiere, asegura, son caminos para ponerle un valor agregado al maíz y darle un mayor beneficio a los campesinos que lo trabajan en 15 mil hectáreas de Soteapan desde finales de junio a diciembre.