La UVI nació moribunda
Nora Suárez
A casi tres años de que la Universidad Veracruzana Intercultural (UVI) inició operaciones en las cuatro regiones del estado con mayor presencia indígena con el objetivo de brindar educación superior a la población autóctona, formar profesionales que incidieran en el desarrollo social de las zonas indígenas e impulsar el reconocimiento de este sector, el proyecto, que comenzó con un presupuesto de 12 millones de pesos, parece no haber pasado de las buenas intenciones y el romanticismo.
UVI, larga lista de pendientes
Este proyecto ha sido catalogado como uno de los planes más ambiciosos de la Universidad Veracruzana (UV) pero los resultados todavía son intangibles. Mientras el Comité para la Planeación y el Desarrollo de Veracruz establece que en la entidad hay 75 mil indígenas que potencialmente pudieran llegar a la educación superior, la UVI, apenas ha cooptado una matrícula de 562 estudiantes.
Una cuestión más es que aún no egresa la primera generación de esta universidad, independientemente de que de todos los alumnos que estudian en la UVI , 224 no tendrían origen indígena y 24 más no sean veracruzanos, sino gente que proviene de estados como Puebla, Oaxaca e Hidalgo.
A esto se le agrega que la UVI no tiene instalaciones propias y ni siquiera se ha iniciado la construcción de sus edificios que estaban programados para realizarse este año.
Todo lo anterior, sin contar que bajo el argumento de una reingeniería curricular, de dos licenciaturas que iniciaron en septiembre 2005, en la UVI, actualmente, sólo existe la licenciatura de Gestión intercultural para el desarrollo.
Y se sigue defendiendo
No obstante, David Islas Bravo, responsable del Programa de Promoción y Divulgación de la UVI, defiende este proyecto que conceptualmente comenzó en 1996 con algunas líneas de investigación inter y multicultural realizada por el Instituto de Educación de la UV.
A decir de Islas Bravo, si bien es cierto que todavía ni siquiera egresa la primera generación de estudiantes de la UVI, el primer resultado que ya tiene la universidad es que los alumnos indígenas cursan estudios superiores a través de las cuatro sedes que tiene en los municipios de Ixhuatlán de Madero, Espinal, Tequila y Huazuntlán, Mecayapan.
Esto, dice, no lo habría podido hacer la mayoría de los alumnos indígenas por factores que van desde la distancia que tendrían que haber recorrido para asistir a una universidad, a los costos que les habría generado hacerlo, pues en las zonas indígenas de Veracruz, fuera de algunos planteles privados, hasta 2005, no había universidad pública.
En este sentido, agrega Islas Bravo, el segundo resultado es que ya hay educación superior en regiones indígenas, y el tercero es que la UVI tiene un enfoque intercultural, por lo cual los estudios que se cursan en la UVI responden a las necesidades sociales, culturales y de desarrollo de las comunidades autóctonas.
Sin embargo, esta virtud puede ser una falla, pues al plantear esta visión intercultural, la UVI no ofrece carreras tradicionales ni campo de trabajo tradicional para sus egresados, fuera de la burocracia gubernamental, insertarse a la nómina de los municipios o casas de cultura.
Lo que se les ofrece son “campos laborales emergentes”, ahí, se les forma como gestores interculturales para que generen sus propios espacios laborales y desarrollen proyectos comunitarios mediante los cuales impulsen la activación económica de sus comunidades, lo que implica que para ello regresen a sus localidades y después de cursar durante cuatro años la licenciatura en Gestión intercultural para el desarrollo, mantengan el compromiso personal por sacar de la marginación a sus pueblos, regresando a trabajar en ellos con algún proyecto productivo o de investigación intercultural.
A los verdaderos indígenas no les sirve
El universitario popoluca y habitante del municipio de Soteapan -que tiene un 66.27 por ciento de población indígena-, Ramiro Hernández, sentencia: “esta universidad no cumple con el fin que se necesita para que los jóvenes de la sierra tengan un crecimiento intelectual y una amplia posibilidad de que el pueblo se desarrolle, tenga mejores condiciones… (la UVI ) sólo tiene un carrera y si se toman en cuenta las necesidades que pide la comunidad de la sierra; la verdad, no es suficiente”.
A pesar de que la universidad tiene sus antecedentes académicos en 1996, para Ramiro Hernández el proyecto no está bien enfocado, al menos, en el caso de su municipio: “Soteapan necesita informáticos, agrónomos, ingenieros, arquitectos, como toda población necesita de profesionistas diversos, no de una sola línea” como lo plantea la UVI, más allá de que David Islas argumente que la licenciatura en Gestión intercultural para el desarrollo tiene cinco campos de formación profesional, como es salud, sustentabilidad, comunicación, lengua y derecho.
Soteapan, reitera Ramiro Hernández, debe urbanizarse, debe crecer en cuanto a producción, pues actualmente el máximo sueño que tiene un joven indígena que egresa de la secundaria o preparatoria es irse a Estados Unidos. “Es el único camino que encuentran porque no existen oportunidades, no puedes estudiar, no puedes desarrollarte, tener una perspectiva distinta de la vida en la zona más que o te casas o emigras”.
Ramiro, quien también se reconoce como un miembro de la etnia popoluca, admite que un punto en favor de la UVI es que está llevando educación pública a zonas indígenas a partir de la creación de una carrera de gestión intercultural, “pero en realidad lo que los jóvenes necesitamos son oportunidades diversas, creo que los jóvenes indígenas tienen toda la capacidad para estudiar una carrera como administración de empresas, negocios internacionales, agronomía, arquitectura, informática”.
Todas esas carreras, dice, las requieren los jóvenes de la zona de Soteapan e, incluso, tienen derecho a ellas, pero en la UVI, reitera, hay un enfoque erróneo, dado que la licenciatura en Gestión intercultural para el desarrollo limita a los jóvenes de la sierra de Soteapan, pues para los 50 o 60 mil habitantes que se tienen en esta zona que, integrada además de Soteapan, por los municipios indígenas de Mecayapan, Pajapan y Tatahuicapan, únicamente, se ofrece una licenciatura.
La UVI también es limitativa. Mientras en la región de Soteapan hay al menos 10 bachilleratos y sólo de ahí egresan cada año de 250 a 260 alumnos de preparatoria, desde septiembre de 2005 no ha pasado de una matrícula de 562 estudiantes, lo cual, de alguna manera, explica que según la última estadística conocida para la zona de Soteapan se reportara que de cada 100 egresados de bachillerato sólo dos o tres cursaban estudios superiores.
“Los demás jóvenes a dónde se fueron, dónde están… simplemente la gran mayoría ha emigrado a Estados Unidos porque el campo no da para hacer una vida en familia”.
Para Ramiro Hernández, los beneficios de la UVI son mínimos, pues aun concediendo que de esta universidad salieran 100 o 200 licenciados en Gestión intercultural, la pregunta es para quién van a gestionar, qué gestionarán, de dónde se les pagará, quién los contratará.
Y es que una cuestión más es que la citada licenciatura es una carrera nueva, desconocida, que tendrá una consolidación difícil, por lo que los primeros egresados de la UVI tendrán el gran reto de darle una dirección a sus estudios, aunque para David Islas esto ya se tiene solventado, dado que si bien hay objetivos de la UVI en proceso de cumplirse, aún sin egresar, sus estudiantes ya están trabajando en proyectos artesanales, ecológicos, de rescate de la lengua y hasta realizando cortometrajes y documentales.
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