Resuelve la Unison huelga laboral
Samuel Salazar
El 3 de abril de 2008, la Universidad de Sonora (Unison) amaneció en huelga. Alrededor de mil 600 empleados amenazaron con permanecer en huelga si no les resolvían sus demandas. Entre éstas destacaba el aumento salarial de 35 por ciento, aumento a despensa alimentaria de 330 pesos a 1,040 pesos, regularización de 100 plazas para trabajadores eventuales, inscripción al Infonavit con menos intereses, la reparación de violaciones al clausulado del Contrato Colectivo de Trabajo y la jubilación integral para los trabajadores, que al momento de jubilarse pierden alrededor del 45 por ciento de su salario.
Así, desde ese día, los empleados pertenecientes al Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad de Sonora (Steus) permanecieron sin laborar.
Luego de poco más de tres semanas de huelga, la máxima casa de estudios de Sonora volció a la normalidad, pues el Steus aceptó el ofrecimiento de la autoridad educativa y, por lo tanto, entregó las instalaciones que tenía tomadas en cada campus universitario, ubicados en Puerto Peñasco, Caborca, Santa Ana, Nogales, Hermosillo y Navojoa.
Las banderas rojinegras fueron retiradas el viernes 25 de abril. Pedro Ortega Romero, rector de la Unison, y Dorotea Rascón Gámez, secretaria general del Steus, anunciaron el cese del paro en una conferencia de prensa.
Ortega Romero señaló que todo había sido una tormenta que ya pasó. “La universidad, en sus 66 años, ha transitado por épocas de calma y tormenta; ésta ya pasó, estamos en mar en calma”. Sin embargo, cabe resaltar que en los dos periodos que lleva al frente de la rectoría, son cuatro huelgas las que le han estallado.
Los logros del Steus
Luego de 22 días de huelga, los trabajadores de la Unison agremiados en el Steus han vuelto a sus labores cotidianas, unos satisfechos, otros inconformes, pero, al final, todos regresan a su trabajo, pues sin éste, dejarían a su familia sin el sustento diario.
“Ganaron”, pues, el 4.25 por ciento de incremento salarial, la despensa quedó en 516 pesos, lograron la basificación de 70 plazas, el 1.2 por ciento de alza en prestaciones, pago de estímulo por antigüedad, la reestructuración del tabulador y la implementación de un Reglamento Interior de Trabajo para ordenamiento y eficiencia del recurso; además de que se les pagará el total de sueldo caído (se les cubrirán los 22 días de huelga), y se les suspendió el procedimiento de sanciones en su contra.
Al respecto, Dorotea Rascón Gámez comentó que no han terminado las negociaciones con rectoría, “seguiremos negociando hasta que salgan nuestras peticiones. El acuerdo fue seguir con las negociaciones hasta que sean satisfechas nuestras demandas que consideramos justas. Estamos contentos con la respuesta del rector, con el apoyo de todos los compañeros y los estudiantes…”.
Por su parte, el rector dijo que el 3.2 por ciento en recursos extraordinarios para despensa, que equivale a 3 millones de pesos, serán aportados por el estado, pero es recurso que apenas va a gestionar. Ante esto, explica que es “un dinero que va tener la universidad, es una solicitud de ampliación presupuestal que se hace a los gobiernos estatal y federal, lo voy a gestionar, es responsabilidad del rector”.
Luego de elogiar las acciones del rector, Dorotea Rascón Gámez mencionó que la institución ha buscado la forma de aplicarle recursos a cláusulas que habían sido muy rebasadas; “vamos a buscar que estas cláusulas vayan haciendo un acercamiento al salario de los trabajadores; en ese sentido, agradezco al maestro Ortega, creo que hubo diferencias en la forma de actuar, pero siempre buscando el diálogo”.
La comunidad estudiantil
El mismo día que fueron entregadas las instalaciones de la universidad, un grupo de 35 estudiantes bloqueó durante 15 minutos un carril del bulevar Rosales para exigir que se resolviera el conflicto universitario.
La actitud de la mayoría de los estudiantes reveló algo: su educación y que su futuro académico es lo más importante para ellos. La situación de los trabajadores les tiene sin cuidado. El común de los jóvenes estudiantes del país se limita a sus necesidades.
Pablo Daniel Tadeo, alumno de la Unison, explicó que su preocupación es que se está perdiendo mucho tiempo de clases y eso afectará en las vacaciones, “el miedo que tienen otros alumnos es que ha salido en los medios que tendríamos que venir sábados y domingos”.
“Qué alivio que al fin haya clases -comentó Claudia Armenta, alumna del octavo semestre de Psicología- no sé para ellos (los trabajadores) qué tan bien o qué tan mal les haya ido, pero para mí, qué bien que ya vayamos a ir a la escuela”.
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