Las maquiladoras, centros de abuso tolerado
Minerva Flores Torres
Como en los comienzos de la gran industria en Gran Bretaña, en el siglo XIX, cuando los trabajadores soportaban jornadas hasta de 18 horas, hoy, a casi dos siglos de distancia, los obreros de las empresas maquiladoras, ubicadas en su mayoría en la franja fronteriza de México, sobreviven con apenas dos salarios mínimos y, gran parte de ellos, laboran hasta 12 horas diarias. Tijuana, ciudad fronteriza de Baja California, es un ejemplo de este fenómeno.
La sobreexplotación de la que son objeto los obreros, por parte de los dueños extranjeros de casi un millar de estas maquiladoras, no es todo. Desconcierta, aun más, constatar que estas empresas, a ocho años de haber alcanzado su máximo crecimiento, han disminuido 22 por ciento, pues los países asiáticos las han desplazado de la preponderancia que ocupaban sobre Centroamérica y El Caribe.
Los especialistas en la materia, que hablaron para buzos, son poco optimistas y revelan que no hay perspectivas, en el mediano plazo, de que esta tendencia se revierta y sí de que se expanda.
Las golondrinas, como son denominadas estas factorías por su alta capacidad de migración, se han propagado en más de 15 estados en nuestro país, dejando, a su paso, una estela de abusos tolerados por los gobiernos. Con esta serie, iniciada en Tijuana, el municipio que más concentra maquiladoras, buzos pretende reflejar la realidad de un sector de la población víctima de viejos métodos de explotación.
Su cómodo arribo al país
En el siglo pasado, a mediados de los años 60, los vientos del Norte trajeron consigo a las golondrinas para instalarse, aunque de manera temporal, en forma indefinida. El “objetivo”: fomentar el empleo mediante la extracción intensiva de la fuerza de trabajo, en los estados de Baja California, Chihuahua, Coahuila de Zaragoza, Sonora y Tamaulipas (franja fronteriza) para los trabajadores mexicanos que regresaban de Estados Unidos (EE. UU.), luego de laborar, principalmente, en los sectores agrícola y ferroviario.
Esta apertura fue posible porque la legislación mexicana lo permitió a través de la política de fomento a la industria maquiladora de exportación en 1965, mediante la instrumentación del Programa de Industrialización de la Frontera Norte, el cual consentiría, en adelante, la libre importación de partes y componentes al país y la libre exportación de los nuevos productos manufacturados, con bajos costos de transporte y salida rápida a cambio de fuerza de trabajo barata del país. Actualmente, EE.UU. acapara 98 por ciento de las exportaciones.
Los privilegios e incentivos que el gobierno ofrece a estas empresas son: “no pagar aranceles, porque justamente se integran temporalmente; no pagar Impuesto al Valor Agregado (IVA); no pagar, en términos reales, un Impuesto Sobre la Renta (ISR), y la exigencia única es su importación rápida y temporalmente definida para volver a ser exportada. Ésos son los beneficios, no pagar ningún impuesto”, aclaró para buzos el Doctor Enrique Dussel Peters de la Facultad de Economía de la UNAM. Y aseguró que “cumplen plenamente con la legislación laboral”. Una ley que, como queda dicho, pone pocas restricciones, otorga varios beneficios y omite otros, como lo relativo al salario de miles de trabajadores.
El pulpo abre sus tentáculos
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), el primer parque industrial autorizado por el gobierno federal se construyó en Ciudad Juárez, Chihuahua, dedicado a la manufactura de televisores, en 1966; dos años después, la maquila de plásticos abría sus brazos a miles de desempleados en Nogales, Sonora. A estos dos estados pioneros les siguieron Baja California (en los municipios de Ensenada, Mexicali, Tecate y Tijuana) y Tamaulipas (municipios de Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros).
Actualmente, los establecimientos en activo, que no sólo tienen permitido establecerse en las zonas fronterizas, sino en cualquier parte del país que satisfaga la demanda de mano de obra, se encuentran, principalmente, en Aguascalientes, Durango, Guanajuato, Jalisco, Distrito Federal, Nuevo león, Puebla, Sinaloa, San Luis Potosí, Yucatán, Quintana Roo, Zacatecas, entre otras entidades, con un número poco significativo.
Del apogeo a la crisis
El 75 por ciento de la actividad se concentra en los estados fronterizos, pero en la mayoría de éstos ha disminuido con respecto al año 2000. Baja California pasó de 1,218 a 906 establecimientos; Chihuahua, de 446 bajó a 402; Tamaulipas, de 375 a 339; Coahuila, de 280 a 224; Sonora, de 284 a 210 y Nuevo León, de 156 pasó a 208.
En los demás estados donde existen maquiladoras sucede lo mismo: Jalisco pasó de 106 a 95; Yucatán, de 126 a 76; Puebla, de 114 a 65; Durango, de 99 a 42; San Luis Potosí de 19 pasó a 30; Aguascalientes, de 89 a 37; Guanajuato, de 78 a 37; Estado de México, de 58 a 24; Distrito Federal, de 29 a 18; Zacatecas, de 19 a ocho y la suma del resto de las otras entidades, de 83 bajó a 82. Datos todos, del informe más reciente Industria Maquiladora de Exportación de febrero de 2007, emitido por el INEGI.
La maquiladoras, encargadas de una parte del proceso de producción final del artículo, principalmente ensamblado, tienen su matriz principalmente en el extranjero, y “transforman, elaboran y reparan mercancías de procedencia extranjera” en territorio mexicano. Dentro de las principales ramas que destacan en estos establecimientos están: la alimentaria (selección, preparación, empaque y enlatado); del vestido (ensamble de prendas y otros productos confeccionados con textiles y otros materiales); fabricación de calzado e industria del cuero; ensamble de muebles, sus accesorios y otros productos de madera y metal; productos químicos; transporte (construcción, reconstrucción y ensamble de equipo y sus accesorios); ensamble y reparación de herramienta, equipo y sus partes excepto eléctrico; ensamble de maquinaria, equipo, aparatos y artículos eléctricos y electrónicos; ensambles de juguetes y artículos deportivos; otras industrias manufactureras y servicios.
En lo referente a ramas que al principio tuvieron un crecimiento y participación histórica como la textil, el Doctor Dussel Peters dice: “la participación de esta cadena ha ido cayendo y han participado, en mayor medida, otros sectores como autopartes, automotriz y la electrónica”, y las cifras oficiales lo respaldan.
En el ensamble de prendas de vestir, el número de establecimientos pasó de 1,088 en el año 2000 a 484 en diciembre de 2006; por tanto, el personal ocupado también disminuyó: de 282 mil 755 personas, bajó a 169 mil 490. En cambio, el ensamble de maquinaria, equipo, aparatos y artículos eléctricos y electrónicos creció en 11 establecimientos y ofreció empleo a 27 mil 614 personas más, de cien mil que empleaba antes.
Injerencia gubernamental
El gobierno mexicano se ha encargado de promoverlas y permitirlas desde el inicio de su creación, pues, a juicio del investigador, “sin el Programa de Industrialización no habría maquilas en el país. Regionalmente, la participación del empleo maquilador ha jugado un papel muy importante. Y el gobierno no percibe qué otro pueda reemplazarlo; entonces, en este sentido, la maquila presiona; por eso, es de interés para el sector público mantener y expandir las actividades de aquélla”.
Mas, aunque el gobierno las promueve, la tendencia a la baja, en el plano nacional, de las maquilas, también se refleja en el número de trabajadores en el nivel fronterizo, pues de 998 mil 841 obreros, el número se ha reducido a 929 mil 682. Esto debido a que países asiáticos, principalmente “China, ofrecen mayores beneficios a este segmento de actividades, y esto es tanto porque los incentivos son superiores en esos países, pero también por las enormes dimensiones de sus respectivos mercados internos; como resultado, la maquila, del año 2000 hasta la fecha, ha disminuido, caído el número de empresas y no hay perspectivas, en el mediano plazo, de que esta tendencia se revierta.
La industria maquiladora se encuentra en una profunda crisis en México y en Centroamérica”, recalcó Enrique Dussel, investigador de la relación China-México.
Sindicatos
Ante la ausencia de leyes que impidan este abuso hacia los obreros maquiladores, existe la alternativa constitucional que significan los sindicatos, pues los trabajadores tienen la “posibilidad legal” de formar uno que defienda sus derechos elementales; a pesar de ello, la tradición sindical en las empresas maquiladoras es ínfima. En las estadísticas oficiales de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, figura un número muy escaso de sindicatos en Chihuahua, Nuevo León, Puebla, Tamaulipas y Tijuana.
Los especialistas entrevistados por este medio coinciden en que formalmente sí tienen la posibilidad de organizarse sindicalmente; pero, en realidad, se han institucionalizado los sindicatos blancos, una representación formal que, en términos reales, no defiende los intereses de los trabajadores.
“La maquila era el modelo de la nueva ley laboral propuesta por Carlos Abascal. Trabaja, hace un contrato de 30 días o 60 renovados y puede correr a los trabajadores en cualquier momento; la empresa les dice: -ahí nos vemos- y nunca los liquida. No hay derecho de estabilidad en el trabajo maquilador.
“Hay sindicatos priístas o croquistas, muy pocos de izquierda, que son el prototipo de la nueva ley laboral, donde las relaciones laborales casi son individuales, te quieren flexibilizar al máximo, que no haya sindicato. La industria maquiladora tiene muy pocas huelgas registradas, hay lucha de los trabajadores, resistencia, huelgas, pero hay uno o dos sindicatos independientes con trabajo real, no hay más. Además, las políticas locales, aquí, se prestan para que no haya sindicatos”, afirmó la investigadora titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, María Josefina Morales.
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