La Zona
Cousteau
Filmada en 2007, pero todavía en cartelera, la cinta La Zona, del director uruguayo-mexicano Rodrigo Plá, narra una historia de dureza social muy actual, la cual nos muestra, en forma descarnada, el odio clasista de los sectores pudientes de México hacia los descamisados, hacia los proletarios. Odio latente, enmascarado las más de las veces, pero que aparece con virulencia rayana en las manifestaciones más crudas del fascismo y la intolerancia racial (del tipo del Ku klux klan del sur de EE.UU.).
La Zona, en el filme, es un área residencial -como las hay en el DF, en el Estado de México y también en todas las grandes urbes del país-. Una ínsula de la burguesía media y de la clase media alta que, rodeada de un mar de miseria, un mar de colonias proletarias, llenas de necesidades insatisfechas, está literalmente fortificada por una enorme barda perimetral, tiene encima un alambrado eléctrico y, por si fallara todo esto, también tiene un circuito de televisión cerrado que abarca todas las calles y un pelotón de policías privados que de día y noche monitorean escrupulosamente toda el área para evitar cualquier incursión de las “plagas de desarrapados”, o de “pedigüeños andrajosos e indeseables”.
La Zona se ve perturbada cuando, en una noche de tormenta, un gigantesco espectacular es derribado por un rayo y, al caer, destruye parte de la barda y del alambrado, lo que permite a tres jóvenes delincuentes introducirse para intentar robar en un domicilio de La Zona, pero, en ese intento, matan a una vecina que los descubre; dos de esos jóvenes son cazados como perros rabiosos por los vecinos, quienes, sin ningún miramiento, se “hacen justicia por su propia cuenta”. Daniel (interpretado por Daniel Giménez Cacho) es quien encabeza a los enfurecidos y fanatizados vecinos de la pudiente zona. Un delincuente, el más joven, sin embargo, logra refugiarse en el sótano de la mansión de Daniel. Al descubrirse en el basurero público los cuerpos de los delincuentes, la policía comienza la investigación para intentar descubrir a los asesinos; incluso, un elemento de la corporación del orden se propone indagar con la mayor enjundia y limpieza posibles, pero su intento se ve frustrado porque el jefe policial de la delegación se colude con los vecinos de La Zona para encubrir los crímenes, recibiendo una cuantiosa cantidad de dinero.
Ya “legalizada” la impunidad de los asesinos mediante el pago al jerarca de la policía, al descubrir que Jorge, el adolescente, todavía se encuentra ahí, se desata una feroz cacería. Alejandro, el hijo de Daniel, descubre a Jorge en el sótano, lo protege e intenta ayudarle a escapar. Finalmente, Jorge, en su intento, es descubierto y asesinado tumultuariamente. Alejandro, siendo adolescente e hijo de familia pudiente, es el único que muestra rasgos de humanidad y de solidaridad con los que no son de su clase social.
Rodrigo Plá ganó un León de Oro por su ópera prima en el prestigiado Festival Internacional de Cine de Venecia. Creo yo, muy merecidamente, pues, el filme tiene una excelente estructura narrativa; y porque, además, tiene un contenido social muy actual, muy vivo y crudo que refleja la profunda polarización de la sociedad mexicana. Refleja cómo el fascismo, el racismo y la intolerancia brutal subyacen en sectores pudientes; empero, la visión social del cineasta, es limitada, pues no hay una perspectiva de verdadero aliento para eliminar esa polarización social tan dura e injusta de México.
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