Duelo, pero no de ideas
Álvaro Ramírez Velasco

Aunque es reprobable, yo disfruto mucho cuando literal o metafóricamente se mientan la madre en pleno debate parlamentario.

Ha ocurrido, para mi beneplácito, en múltiples ocasiones, pero nunca me había tocado ver el reto a un duelo entre senadores de la República.

Regresando al romanticismo de los tiempos de la Colonia, el panista Rubén Camarillo Ortega se puso “a disposición” del convergente Dante Delgado Ranauro, para dirimir las diferencias en cualquier terreno.

Sólo le faltó decir: “escoja armas y nos vemos al amanecer”.

En medio de las recriminaciones por la toma de la tribuna, que se dio recientemente en las dos Cámaras del Congreso en el marco de la reforma energética, en la primera sesión de reinicio de actividades en el Senado, el 28 de abril, Dante reprochó desde tribuna a los legisladores panistas, que no fueran ellos quienes hayan subido a dar la cara y emitir las descalificaciones por el asalto a la tribuna y en cambio enviaran a una senadora, a la chihuahuense Teresa Ortuño Gurza, a ese cometido.

En la primera oportunidad, Camarillo, desde su escaño, le dijo al ex gobernador de Veracruz: “Por el respeto que le tengo, me pongo a su disposición, si es caballero, para que nos encontremos y veremos cómo dirimimos esta diferencia que usted hace de los senadores varones del Partido Acción Nacional, me pongo a sus órdenes, si usted es un caballero”.

Dante sonrió nervioso y respondió: “esto no tiene posibilidad de respuesta, porque frente a dislates no puede uno actuar. Lamentablemente, no es del código, lamentablemente, el código civil proscribió esas figuras. En razón de ello, no tengo respuesta que darle al señor”.

Dependiendo de quién lo vio y desde dónde, las interpretaciones son variadas. Para los panistas, Dante es un misógino; para los misóginos, Dante es divertidísimo; para los parroquianos de cualquier cantina, Dante es un sacatón; para los recatados, Dante fue el agredido y el panista Camarillo el agresor. En fin.

En el Senado de la República es la primera vez que se retan a duelo -al menos en tiempos modernos-, pero no la primera que se retan a golpes.

Ya en la LVII Legislatura, el entonces senador perredista Félix Salgado Macedonio retó a golpes, casi con todo y escupitajo, al priísta Dionisio Pérez-Jácome, por haberle negado el uso de la tribuna durante una sesión que presidía el segundo.

Aquel episodio no terminó más que en la advertencia del ahora alcalde de Acapulco, Guerrero, conocido desde ese tiempo también como el Toro loco. “Ya te dije, yo sí te trueno pinche Nicho”, le dijo al priísta.

También en esa Legislatura, por allá de 1998, pero en la Cámara de Diputados, se dio un breve encuentro a golpes entre el priísta Rafael Oceguera y el entonces perredista Maximiano Barbosa, quien después se hizo diputado independiente. Ninguno de los dos salió muy mallugado, pues fueron detenidos a tiempo por el resto de los legisladores. De ese episodio, se le quedó al sinaloense Oceguera el mote de El Kid.

“Para qué debatir lo que se puede arreglar a chingadazos”, fue la broma que desde entonces ronda los pasillos de las sedes del Congreso.

 

 

 

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