190 años de Marx
Edgardo Lara
El 5 de mayo de 1818 nació uno de los hombres más grandes que ha dado la humanidad, Carlos Marx; el hombre que dotó al proletariado de una teoría propia que conduce indefectiblemente a una práctica revolucionaria. Marx es el padre, en lo amplio de la palabra, de los desprotegidos del mundo; él no únicamente elaboró una teoría para comprender la realidad, sino, sobre todo, creó una herramienta para transformarla, mejorándola, y la puso en manos de quien más la necesita, la clase obrera mundial.
A 190 años del nacimiento de este Prometeo de los pobres, sería pertinente recordar que la teoría de Marx, y su obra cumbre El Capital, es fuente inigualable de conocimiento sobre las leyes más generales que gobiernan el movimiento de las sociedades y del capitalismo en particular; el marxismo nos proporciona, a través del estudio de estas leyes, una explicación, la más adecuada, de la realidad que vivimos actualmente; muy a pesar de aquéllos que declaran esta teoría como muerta y enterrada.
En efecto, el capitalismo que se describe en El Capital es en esencia el mismo que el actual y trae consigo los mismos lastres: miseria y sufrimiento para los asalariados; y no requerimos, para demostrar esta afirmación, ir muy lejos en nuestra búsqueda de ejemplos; aconsejo a mis lectores revisar el número 288 de buzos, en que se describe la situación de la maquiladora coreana Mex-Mode: un dato escalofriante que es que en esta maquila ubicada en Atlixco, Puebla, se pagan, según datos del diario El Universal, salarios de entre 60 y 130 pesos por jornadas de 12 horas, situación no muy diferente a la descrita por Marx al referirse a la situación de la clase obrera inglesa del siglo antepasado, y este caso no se trata de una “anomalía” sino de una regularidad en el capitalismo moderno. Además, las tendencias en la economía global no son muy prometedoras, pues 500 empresas globales dominan hoy el 80 por ciento de la economía mundial, lo que significa una concentración inmensa de la riqueza por un lado, y una expansión de la pobreza por el otro.
Pero hay más, la crisis económica actual parece aproximar cada vez más el momento crítico, pues ya no se trata de una crisis en una región específica como la de 1997 en el sudeste asiático o la de Argentina, sino de una crisis a nivel internacional; que aunada a la campaña bélica estadounidense contra el “eje del mal”, la enorme deuda de ese mismo país y, en general, las cada vez más numerosas “armas financieras de destrucción masiva”, está cavando, como dijo Marx, la propia tumba del capitalismo. Vivimos, pues, un orden mundial que no se puede sostener ni se puede soportar por mucho más tiempo. El mundo se dirige vertiginosamente a un callejón sin salida.
Puestas así las cosas, queda claro que la mejor forma de recordar a tan grande hombre es estudiando su obra, comprendiendo su ideal, pero, sobre todo, actuando en consecuencia, pues Marx constituye también fuente de inspiración y guía para aquellos que queremos no sólo interpretar acertadamente el mundo, sino transformarlo para construir una sociedad más solidaria. Los problemas de desigualdad y pobreza extrema son cada vez más agudos y generalizados, y por eso mundialmente también se deben atacar. Será un día de gloria aquel en que otro mundo por fin sea posible. Pero cuando se haya alcanzado un mundo mejor, que es posible, tenemos que seguir repitiendo: “un mundo mejor es posible” y después volver a repetir “un mundo mejor es posible”, y aún después, porque siempre habrá que mejorarlo.
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