El presidente incomunicado
Mario A. Campos
Algo anda mal en la comunicación presidencial. En las últimas semanas, meses incluso, los mensajes de la Presidencia no terminan por encontrar su destino final. Los problemas empezaron desde el relanzamiento de su gabinete con la llegada de dos de sus hombres de confianza a la Secretaría de Gobernación y a la Secretaría de Desarrollo Social.
En el primer caso, la expectativa no pudo ser mayor. Se trataba del lanzamiento público de Juan Camilo Mouriño, el hombre del poder tras el poder, quien según los columnistas políticos operaba para el presidente Calderón desde la sombra que le daba la titularidad de la Oficina de la Presidencia. Ahora, se decía, sí habría secretario de Gobernación, pues su antecesor, Francisco Ramírez Acuña, padecía una debilidad que de poco servía a la administración federal. Con el nombramiento, incluso, algunos afirmaban que regresarían los tiempos de oro de esa dependencia. Nuevamente, la política sería la invitada permanente a sus oficinas.
Y todo indicaba que así sería. El nuevo secretario debutó con una inusual rueda de prensa y en su presentación en sociedad se estrenó con una serie de entrevistas en radio y televisión. Proyección que confirmó las especulaciones de algunos: se trataba del delfín, el precandidato más claro para competir bajo las siglas de Acción Nacional en la siguiente elección presidencial.
Pero algo salió mal. El nuevo secretario fue puesto a prueba quizá demasiado pronto. Misiles, lanzados desde el cuartel del ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, fueron el origen de todos sus males. Acusado de haber realizado negocios al amparo del poder, el secretario reaccionó mal. Primero, ignorando el tema. Actitud que evidenció un mal cálculo político. Para él y sus consejeros, la fórmula era resistir. Sin embargo, la presión siguió y se vio obligado a salir a los medios. El problema es que no convenció.
Vino la derrota de la eliminatoria de la Selección Nacional de futbol, la caída de Hugo Sánchez, la creación de una comisión en el Congreso que encapsuló el tema por dos meses, y la crisis, entendida en su parte más visible, dejó de ocupar las primeras planas. Acción que parecería una buena noticia para el afectado, de no ser porque el daño ya estaba hecho.
Al paso de las semanas fue evidente el impacto. Durante la presentación y el cabildeo de la reforma energética, el secretario estuvo, está y estará ausente. La causa, su presencia resulta más costosa que su ausencia. De ahí que haya sido destinado a cabildear con los gobernadores, lejos de los reflectores.
A estas alturas, la legalidad de su actuación como empresario y funcionario ya es lo de menos. Este analista considera que la firma de unos contratos como apoderado, muy probablemente haya sido legal. El problema es que en términos de imagen las cosas se ven muy mal. Y eso, a veces, en política es suficiente.
Alejado de los medios, el secretario debió ceder su lugar a otros miembros del gabinete, y sólo ha reaparecido en primer plano para confirmar el posible diálogo entre el gobierno federal e integrantes del Ejército Popular Revolucionario. Respuesta que, en opinión de algunos expertos, como el periodista Jorge Fernández, se mira como un gesto más impulsivo que estratégico, sin una perspectiva clara de que algo bueno pueda salir de ahí. Sin una agenda establecida, sin dirigentes visibles, con un movimiento dividido, y con otros temas en la agenda susceptibles de ser contaminados, no parece que este nuevo escenario sea el ideal.
Pero si esto ocurre con el secretario de Gobernación, en otro despacho, el de Ernesto Cordero, secretario de Desarrollo Social, la situación no es mucho mejor. Hace poco más de un mes, el Presidente y su equipo hicieron el anuncio de la nueva política social, iniciativa bautizada como “Vivir mejor”. Interrogado por este columnista luego del anuncio presidencial realizado en Chiapas, el secretario respondió que de nuevo, nada. Que en todo caso se trataba únicamente del nombre de la gira.
Dos semanas después, la historia se repitió. El nuevo escenario, el Museo de Antropología y ahora sí, el anuncio incluyó un nuevo paquete de medidas. La propuesta parece positiva. Ya tocará a los expertos la evaluación. Lo notable, sin embargo, es que el nuevo plan no ha sido acompañado en su cobertura periodística por secretario o subsecretario alguno. La propuesta va sola y así es difícil que logre destacar.
El presidente Calderón ha apostado por estos dos colaboradores, por algo será. Hasta ahora le han quedado a deber. Veremos si en el corto plazo, el mandatario realiza los ajustes correspondientes para cambiar la situación y así deja de ser un Presidente incomunicado.
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